jueves, 5 de abril de 2018



La ciudad

Mario Valero Martínez

Es inocultable la decadencia, pero no en sólo esta ciudad, es como una superposición de manchas que se han extendido por toda la geografía urbana venezolana, apesadumbrando la cotidianidad. El espacio construido se decolora y hasta el escaso patrimonio, esa leve huella del pasado, esa memoria que conecta con nuestras identificaciones simbólicas, se esfuma ante la indiferencia de todos; pero atención, no es actitud novedosa. En ese ambiente, el urbanita apura su paso en el desesperado hábitat de la supervivencia para ocupar un puesto en una de las largas filas de turno, donde consumirá parte de su tiempo diario, con la incerteza de saber si logrará su objetivo. Seguramente, el siguiente día será igual. Simultáneamente los espacios culturales se han reducido a su mínima expresión y la vida urbana se lentifica.

Cruzar las calles tiene otros ritmos, señalizados por esas cartografías personales que se trazan para evitar la inseguridad y evadir la violencia en todas sus modalidades. El funcionario público agrede; el inescrupuloso con arrogante tono voz sentencia, lo compras a ese precio, lo pagas en efectivo, o no te lo vendo; los motorizados vestidos de verde oliva, casco de guerra y armas largas que escoltan, probablemente a un enchufado, amedrentan y violan todas las normas de tránsito; este es nuestro espacio público asaltado y desdibujado de su naturaleza y funcionalidad. Y así van transcurriendo los días, ya literalmente en la oscurana, reforzada por esas largas interrupciones de electricidad.

La indignación brota en todos los rincones urbanos y alcanza alto grado de efervescencia cuando se despliegan la prepotencia, la opulencia de unos pocos individuos y las burlas del gobierno nacional frente a las emergencias y urgencias de la mayoría de ciudadanos. ¡Quién lo diría! Tanta vocinglería revolucionaria contra el capitalismo salvaje, para terminar imponiendo esta salvajada bolivariana.

Tal vez no todo podría estar perdido en este degradado paisaje urbano. Imaginemos por un momento que las autoridades locales, esencialmente el Alcalde y sus funcionarios debaten en medio de las profundas dificultades venezolanas, el presente y el futuro del municipio y el rescate de la ciudad más allá de la rutinaria administración de los recursos. Pensemos por unos instantes en la posibilidad de que pudieran estar analizando las estrategias culturales como centro fundamental de la gestión y la gobernanza que no se limita a la provinciana diatriba de los puntuales eventos feriales. Supongamos que están deliberando sobre el despliegue de un plan educativo fuera de los ámbitos escolares, para reconquistar la ciudadanía y la convivencia. Imaginemos que están buscando los mecanismos eficientes para combatir la corrupción y prestar la adecuada atención a los usuarios del municipio. Pensemos que buscan las estrategias eficaces para la prestación de servicios, así como un conjunto de políticas solidarias para los sectores sociales más vulnerables. Conjeturemos que están priorizando a los ciudadanos y relegando los intereses partidistas.

Entonces podríamos afirmar que esos ciudadanos que cruzan las calles en medio de aquella humillante realidad, tendrían en su municipio un espacio de sosiego y algunos destellos locales de la Venezuela posible. Sabemos que no es una fácil labor, pero, por los ciudadanos de San Cristóbal que no se han doblegado ante el chantaje y la represión del nefasto gobierno nacional, al menos merecen que lo intenten. @mariovalerom


Aquí estamos
Mario Valero Martínez /@mariovalerom

            Bastante se escribe en estos días sobre los que se van y sobran las argumentaciones para lamentar la emigración venezolana de estos años, ahora visible a través de las vecinas fronteras terrestres. Nada que objetar a quienes han decidido escapar de la demoledora crisis social y económica en que está sumergida Venezuela. También se alerta sobre el daño que causará la marcha de talentosos profesionales en todas las áreas del conocimiento y de igual manera la determinación asumida por los estudiantes de abandonar las aulas para emprender otros derroteros en busca de oportunidades que no visualizan en el país y alejados de sus ámbitos universitarios. Temas complejos y de incansable conversación cotidiana extendidos a todos los sectores sociales que conforman la diáspora venezolana. Insisto, nada que objetar a quienes deciden marcharse y tan solo desearles que logren los propósitos proyectados en sus lugares de destino.
            Pero asimismo, hay que hacer referencia a otros venezolanos, aquellos que por múltiples razones han decidido quedarse. Sí, a los que piensan (pensamos) que otra Venezuela es posible a pesar de la ruina en que se encuentra y aun cuando esté sometida y atrapada en las garras de una camarilla de corruptos y desalmados que, con sus truculencias, sus violencias y sus fraudes electorales, pretenden extender su poder dictatorial.
            Entonces se hace imprescindible volver la mirada a esos ciudadanos talentosos y laboriosos que no han abandonado el optimismo en esta precariedad, a los profesores que, recibiendo salarios de miseria, atraviesan los desolados pasillos para reencontrarse en las aulas con los alumnos que aún no se rinden, a los médicos que siguen atendiendo con mística a los pacientes en los centros asistenciales del derruido sistema de salud pública, a los trabajadores que perciben bajos salarios y no se doblegan. Hay que volver la mirada territorio adentro y reafirmarse en esa Venezuela profunda y mayoritaria que cohabita en la solidaridad cotidiana, a esos espacios de los ciudadanos honestos que se aferran a sus paisajes pese a las nefastas circunstancias.
            Y aunque es muy duro sobrevivir en este país de grandes contrates sociales, donde unos cínicos gobernantes y sus adláteres que viven en la opulencia de oscuro origen, niegan la crisis humanitaria extendida en toda la geografía nacional y pretenden distorsionar esta cruda realidad con rocambolescos ejercicios militares y ficticias guerras, amedrentando con sus grupos paramilitares de uniformados camisas negras, emulando a perversos episodios históricos de los camisas pardas del nacionalsocialismo; con todo este espantoso panorama, aquí estamos aún, con la convicción de que otra Venezuela es posible.


Cruzando la frontera
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Es una travesía dramática que va mostrando un doloroso paisaje nunca imaginado para quienes hemos cruzado, por múltiples razones, esos espacios transfronterizos de Venezuela y Colombia.
En un extremo la masiva migración proveniente de impensables lugares de la geografía venezolana y con ella los relatos asombrosos en ese emprendido viaje de huida de las crecientes, insoportables e insostenibles precarias condiciones de vida. No hay rostros alegres en esas largas filas de emigrantes y el cansancio predomina en el ambiente, muchos se han movilizado a través de las redes que en dolarizadas tarifas operan desde diversos puntos del país, especialmente del eje Caracas-Valencia, tal como lo describen los informantes. Y no son pocas las denuncias sobre el incumplimiento de las promesas en los viajes ofertados, verdaderas estafas. Después tienen que soportar la altanería y la humillación del funcionario público trajeado con su pulcra camisa roja y su estandarte de hombre nuevo, revolucionario y bolivariano, que sin pudor y en improvisada oficina en la población de Ureña, cobra ilegalmente por estampar el sello en el pasaporte; este es uno de los escenarios del chantaje en el desespero. Es toda una odisea ese viaje de incertidumbre que para muchos no tiene proyecto definido ni hoja de ruta, aspirando llegar hasta donde alcanzan los dólares reunidos para costear el pasaje. Un detalle significativo en lo observado, casi todos llevan algún objeto visible que los identifica con su condición de venezolanos.
En el otro extremo la ruindad total. Las ciudades fronterizas de Venezuela como San Antonio y Ureña, otrora comerciales, sede de prometedoras redes de pequeñas y medianas industrias del textil y calzado, se han convertido, como ya lo hemos reseñado en esta página, en estacionamientos público-privatizados y controlados en muchos sectores por las mafias locales. Pero el otro drama inconcebible se encuentra al atravesar el puente, cruzar la frontera y entrar al territorio inmediato de la vecina Colombia, al observar la mendicidad venezolana deambulando por las calles, durmiendo en los espacios públicos, realizando trabajos precarios o compitiendo con los carretilleros para obtener unos pesos que les representan una fortuna al cambio en bolívares; un poco más al fondo, aparecen los oscuros relatos de la prostitución de todas las edades y sexos. Una ruda realidad que genera una profunda pesadumbre. Situaciones similares se relatan en todos los espacios de fronteras con Colombia y en los lindes con Brasil.
No faltan en estos escenarios las actitudes xenófobas y el desprecio al otro. Tampoco los que no quieren ver este drama humano por razones de afinidades político-ideológicas con ese esperpento denominado revolución bolivariana; y por supuesto no se espera otra postura de las autoridades gubernamentales venezolanas al tratar de minimizar e incluso mentir sobre esta compleja coyuntura fronteriza, tal como lo hizo recientemente el canciller de Venezuela que, utilizando datos falseados de otros momentos, ha pretendido demostrar que ocurre todo lo contrario, sin importarle lo grotesco que resulta ante una realidad tan evidente. No se puede esperar otra posición de quienes cerraron y prometieron la nueva frontera, ahí están sus resultados.
Pero hay otros espacios en los lindes con Colombia y Brasil donde se extiende la solidaridad, la comprensión, la ayuda humanitaria y no se desdibuja esa olvidada palabra integración; seguramente esos espacios serán el sustento para recomponer las relaciones transfronterizas y su potencial aprovechamiento productivo, en el contexto de ese indispensable cambio que se requiere para reconstruir esta derruida Venezuela.


miércoles, 14 de febrero de 2018


Seminario Fronteras Latinoamericanas
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

           
El primer contacto con la ciudad de Iquique, capital de la región de Tarapacá (Chile), nos enfrentó a un inesperado contraste entre el azul profundo del Océano Pacífico y el color ocre en esta parte de la Cordillera de Los Andes, un extraordinario paisaje que fue el escenario del Seminario Internacional “Hacia una construcción de una teoría de las fronteras latinoamericanas” organizado y coordinado por Haroldo Dilla Alfonso Investigador del Instituto de Estudios Internacionales (INTE) de la Universidad Arturo Prat (UNAP).
            En varios paneles se programó el contenido temático del seminario para intercambiar enfoques y experiencias con el propósito de lograr el objetivo central del evento. En el panel “Territorios, movilidad humana y desarrollo”, compartimos nuestra perspectiva sobre “El desarrollo en territorios de fronteras” con la mirada de Alejandro Benedetti, investigador del CONICET y la Universidad de Buenos Aires, propuesta en las “Claves para pensar las fronteras desde una perspectiva geográfica” y la visión de Marcela Tapia del INTE-UNAP (Chile) relacionada con “la frontera y la movilidad fronteriza”.
            En otro panel, “Fronteras y subjetividades”, tuvimos la grata satisfacción de escuchar las exposiciones de Miguel Ángel Mansilla con “La frontera como símbolo sagrado” y los aportes de Carlos Piñones en “Subjetividad y fronteras. Aproximaciones teóricas contemporáneas”; el debate fue moderado por Nanette Liberona; todos ellos adscritos al INTE-UNAP- Chile.
            Posteriormente, en un panel público y bajo la presentación de Sandra Leiva, las investigadoras, Marcela Tapia, Camila Álvarez y Loreto González expusieron tres perspectivas sobre “la región de Tarapacá y sus fronteras”, abarcando en detalle aspectos significativos de este paisaje fronterizo, incluyendo un enfoque desde el arte.
            En “La política y las fronteras”, panel  moderado por Gonzalo Álvarez (INTE-UNAP), le correspondió a Haroldo Dilla disertar sobre el importante tema “Gobernando la incertidumbre: los regímenes políticos fronterizos”; por su parte Cristian Ovando (INTE-UNAP) abordó “La frontera como recurso para repensar la paradiplomacia”; Adriana Dorfman de la Universidad Federal Río Grande del Sur, Brasil, trató la cuestión relacionada con “las investigaciones académicas sobre el contrabando” y Raúl Bernal (INTE-UNAP) se refirió a la Globalización y regionalización en la economía política internacional contemporánea”. El cierre del evento se dedicó a valorar “Las redes en la investigación de fronteras en América Latina” a cargo de Fernando Neira (CIACL-Universidad Nacional Autónoma de México).
            Este fue un fructífero evento marcado por la rigurosidad y la densidad en su contenido que nos dejó significativos aprendizajes, pero también muchas incógnitas a despejar y, en el horizonte, los caminos abiertos para explorar en la insistente idea de Haroldo Dilla de construir una teoría latinoamericana sobre las fronteras. Hay dos aspectos a subrayar en este encuentro. En primer lugar, la incorporación de talentosos jóvenes investigadores a la apasionante temática de las fronteras y en segundo lugar, la fraternidad desplegada en una actividad despojada de las imposturas “académicas”. Certificamos así que el debate teórico sobre los espacios de fronteras explora otras miradas y el Seminario realizado en la agradable ciudad de Iquique fue un buen comienzo. Habrá que escribir como colofón, agradecido.

Este artículo de opinión fue publicado el 01/02/2018 en Diario La Nación- Táchira Venezuela
Foto: archivo fotográfico MVM

lunes, 18 de diciembre de 2017

El fanatismo militante
Mario Valero Martínez @mariovalerom

Una señora mayor, traje humilde y cédula en mano espera el turno para votar en la elección del Alcalde de la Ciudad, alguien le preguntó por quién votaría y ella en baja voz respondió que no quería perder la pensión; en las inmediatas reacciones de otros votantes no faltaron las recriminaciones y las acusaciones de inconciencia.  Al pasar la señora a ejercer su derecho a elegir la esperaba el infame funcionario asignado para asistir y controlar su voto. Quienes juzgaron a la señora seguramente les cuesta entender algo tan simple como es su miedo a perder lo que probablemente es su único sustento y más aún, cuando no le han presentado una propuesta alterna que le de confianza para arriesgarse y ejercer libremente su derecho. Pero sobre todo los inquisidores olvidan que ella no es la culpable, sino la victima del inescrupuloso gobierno. En esta ruda realidad venezolana abunda el simplismo descriptivo, a veces ex profeso, casi siempre inducido por el fanatismo militante, aunque no son menos las ingenuas opiniones acusadoras.
Cerca del centro de votación se observaba la otra humillante escena. Allí estaban instalados los llamados puntos rojos del partido de gobierno controlando el voto con el ultrajante carnet de la patria. No había disimulo, era la descarada humillación convertida en práctica electorera, como tampoco lo hubo en el presidente, los ministros, los jefes militares, los funcionarios de todo tipo, chantajeando con las necesidades de la gente. Así transcurrió todo el día de las elecciones municipales. Esa fue en esencia la oferta electoral del oficialismo y las líneas programáticas de lo que serían sus gobiernos locales.
            Al final de la jornada electoral en las redes sociales se especulaba sobre ganadores y perdedores. El fanatismo militante intensificó su actividad regodeándose en sus triunfos fraudulentos y por supuesto no faltaron los insultos dirigidos a los derrotados. En la otra orilla los fanáticos del abstencionismo militante entraron en la competencia tuitera y regocijándose en la escasa participación electoral, se declaraban triunfadores; tampoco perdieron la oportunidad para burlarse de quienes fuimos a votar y arreciaron en sus acusaciones de colaboracionistas con el régimen, una vez más anunciaron que ya derrocarían al gobierno.
            Otros dejaron de lado la tan mentada “objetividad” para entrar en el maniqueo juego de los números, adobados del sarcasmo para referirse a los derrotados; estos también obviaron el contexto vivido con el chantaje electoral. Ni una sola mención a las terribles travesías a que han sido sometidos los ganadores que no son afectos al régimen; ni una referencia al arrebato de competencias, al desmantelamiento de las instituciones estadales y municipales, al sometimiento a inconstitucionales actos, a los recortes de presupuesto, en fin larga es la lista que incluye destitución y cárcel.  
            A pesar de toda esa situación, de la desconfianza en el Consejo Nacional Electoral apéndice del gobierno y de la incomprensible e irresponsable decisión de los principales partidos de la oposición agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática de unirse al coro abstencionista, sigo pensando que votar en cualquier circunstancia, incluso las más adversas y aberrantes, es parte importante de la solución y volveré a votar contra este régimen cada vez que hayan elecciones.  

Este artículo de opinión fue publicado en Diario La Nación. Táchira- Venezuela 14/12/2017



sábado, 9 de diciembre de 2017

Los que se van
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            No hay lugar en esta desestructurada cotidianidad venezolana donde no surja como tema de conversación recurrente, el relato del familiar o del amigo que se fue, las noticias de los que se van y la información de los que tienen planes de desmontar la casa para buscar otros derroteros. En algunos ambientes se insiste en preguntar ¿Por qué no te vas? Y casi siempre se escuchan las repuestas dudosas. No es para menos, las razones sobran en esta dinámica hiperinflacionaria de Venezuela, certificada por los economistas y corroborada en la diaria supervivencia.
            Emigrar, como hemos insistido en esta página de opinión, es una difícil decisión que tiene múltiples aristas y variadas implicaciones geo-culturales, en todo caso es una determinación personal o familiar respetable, sobre todo si creemos en la libertad de elegir nuestros destinos.  Pero observado desde otra perspectiva, el proceso migratorio es un tema complejo que trasciende la anécdota e incluso la barrera del dato demográfico y cuando se trata de casos como el de Venezuela donde es evidente el acelerado incremento migratorio, entonces se deben revisar los marcados impactos tanto en el territorio que se deja atrás, como en los destinos finales que siempre serán geográficamente diferenciados.
Esta precisión tiene pertinencia porque hasta en los ámbitos académicos son frecuentes las simplistas interpretaciones de estos desplazamientos de la gente, reducidos a constantes relatos de los triunfadores en tiempo record y en lejanas tierras, o por contraste, a reportajes que describen la situación de los inmigrantes durmiendo en plazas y calles o viviendo en “solidarios” refugios.  
Se especula, todo el que emigra triunfa, sin embargo casi siempre los que se van sin plan de ruta, y no son pocos, no tienen el éxito inmediato; o se juzgan, casi siempre injustamente, cuando en determinadas localidades del país elegido se advierte su inesperado crecimiento. En cualquier caso se van dejando de lado el análisis de las causas originarias del problema -y los desplazamientos masivos los son- es decir, se relega a segundos planos el gran fracaso gubernamental y sobre todo su “modelo” revolucionario que empuja a la gente de todos los sectores sociales y edades a emigrar.
Pero hay algo muy preocupante en toda esta tragedia venezolana que está vinculado directa o indirectamente a ese proceso migratorio, esto es la deserción en todos los niveles educativos, y especialmente alarmante el abandono de las aulas universitarias.  Lamentablemente esta grave situación no se discute en las instituciones universitarias, imbuidas en el inmediatismo administrativo, ni que decir en las esferas gubernamentales, cuyo interés por Venezuela se refleja en el gran anuncio de algún reciclado viceministro de economía al informar la instalación de una fábrica de fusiles kalashnikov en el año 2018 ¡Vaya futuro el que se ofrece, entre fusiles rusos y aulas abandonadas!  Dura tarea que afrontar para quienes nos quedamos y queremos contribuir con la reconstrucción de Venezuela.  


Este artículo fue publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela el 30 /11/2017
http://lanacionweb.com/opinion/los-que-se-van/


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Las escenas, las gavetas y el barrio
Mario Valero Martínez / @mariovalerom
Aún me pregunto cómo se vería la escena en la casa del barrio, los platos vacíos sobre la mesa del comedor desde hace unos cuantos días y la televisión encendida con la obligada transmisión gubernamental describiendo un país inexistente. La escenografía, el atrezo y el encuadre perfecto en la pantalla para que el personaje anuncie el contacto con otro falseado escenario; por unos instantes la cámara se queda enfocándolo, él mirada hacia los lados y en raudo movimiento abre una gaveta de su presidencial escritorio, toma una empanada y se engulle la mitad en un solo bocado; alrededor están sus imperturbables adláteres ¿Cuántas veces habrán observado esa escena? Es el festín solitario de quien días antes había declarado con sonora guasa, “Venezuela es Venezuela, jodidos, pero felices”.
Desde el barrio se podría imaginar esas gavetas repletas de carpetas con planes para el país, folios con decretos urgentes para resolver la insoportable inflación, hojas tipo carta escritas con medidas para atender la desnutrición, cuartillas con soluciones a los graves problemas médico-asistenciales, urgentes folios con alternativas para contener expansivas endemias como la difteria y la malaria,  ensayos sobre la alarmante deserción escolar, diseños para atacar la inseguridad, unas cuartillas para recuperar la productividad y tantas otras situaciones que nos hunden en la miseria cotidiana. También podría haber conjeturado que esas gavetas estaban llenas del indispensable material para la eficaz gerencia, unas resmas de papel, algunos borradores, unos cuantos clips, un par de lápices, carpetas con ganchos, unas pegatinas, una Tablet de última generación. Pero no, nada parecido, ahora sabemos con certeza lo que se guarda en los cajoncillos del impecable escritorio de madera presidencial. El reality show ha superado la imaginación
Es probable que la escena del escritorio en el barrio haya generado la humana irritación y la animadversión contra el desparecido Supremo Hacedor y sus herederos de la Revolución Bolivariana; qué otra cosa pueden esperar del desventurado ciudadano que tiene enormes dificultades para adquirir los alimentos básicos de consumo diario o de aquellos que la necesidad obliga a someterse al control del patriota carnet para el reparto de las esporádicas migajas que van quedando del derroche y la corrupción.
Pero todo converge en la inevitable visualización de la brutal distancia entre la opulencia de unos pocos y el empobrecimiento de la mayoría ciudadana que deambula entre la cruda realidad de las colas callejeras y los abarrotados pasos de fronteras. Estas no son escenografías decorativas, son los tristes paisajes que se pretenden ocultar con una cínica vicepresidencia para la felicidad y ahora con la represiva legislación disfrazada de castigo al odio e imponer el silencio. Lo que faltaba en revolución ¡el colmo!  Como dijo por ahí un especialista en la materia, hasta nuestras emociones las quieren reprimir.  ¿Fortaleza o debilidad? Amanecerá y veremos.
Cuentan en los 140 caracteres del twitter que por el desliz televisado destituyeron al Ministro de (des)información y propaganda del régimen a quien, además, dieron un ejemplar castigo nombrándolo Ministro de Cultura. Ninguna sorpresa, es parte del refrito guion revolucionario del siglo XXI con sus grasientos bordes y su rancio olor al fondo.

Publicado en Diario de La Nación Táchira-Venezuela 16 noviembre 2017
http://lanacionweb.com/opinion/las-escenas-las-gavetas-y-el-barrio/





domingo, 8 de octubre de 2017

Votar, compromiso imprescindible
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            La despectiva declaración causó desagrado, enfado. Ir a elecciones regionales, señaló una dirigente nacional, “es entregar todas las fuerzas acumuladas en estos días por unas migajas de poder efímero y ficticio”. Su propósito, deslindarse de la decisión asumida por la mayoría de los partidos opositores agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática de acudir a las elecciones de gobernadores, a pesar de los obstáculos del gobierno y de las sumisas instituciones como el Consejo Nacional Electoral. La infeliz declaración tuvo inmediata propagación en los reducidos espacios virtuales de los extremistas tuiteros y se podría comparar con ese rechinante ruido que se escucha en determinados lugares, generando molestias y negativo impacto ambiental.
La injuriosa asociación entre elecciones regionales y reparto de migajas de poder, seguramente forma parte del juego anti-político de profetas nacionalistas que llevan atado al cuello la bandera patria para exhibir en heroicas tarimas donde se proclama todo o nada. Al leer la desafortunada declaración emergió en la memoria la intervención de otro “dirigente nacional” que hace años, en cerrado escenario, comunicó a los asistentes que se enviaban los lineamientos a las provincias pues, deberían entender que en Caracas estaba el centro del debate y la producción política.
            No asombran estas posturas, tal vez irritan un poco, pues forman parte de esa comparsa que tanto daño ha causado en la geografía cultural (y política) venezolana, al relegar a planos secundarios lo regional y lo local. Algunos suelen decir con candoroso (y peyorativo) tono, allá en el interior, en la provincia, en el país profundo. Se podría pensar que tal vez no han entendido el cambiante mundo de la globalización ni se han detenido a examinar los impactos socio-espaciales y territoriales de las tecnologías de la información y la comunicación.
             Esa perspectiva se ha reforzado considerablemente desde la otra orilla, es decir, desde las altas esferas autocráticas y neo-dictatoriales que gobiernan a Venezuela al intentar imponer el centralizado control territorial, debilitando las administraciones estadales, municipales y buscando ejercer férreo y directo dominio del ciudadano a través del abominable carnet de la patria. Por eso, gobernaciones y alcaldías que no estén bajo su dominio, les estorban en sus estrategias de perpetuación en el poder. Las desprecian pero, por ahora, las necesitan porque han fracaso en los todos los ensayos controladores como el estado comunal o la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente.
Y como tienen certeza que para la próxima contienda electoral no cuentan con el apoyo mayoritario de los electores, entonces acuden a las artimañas provocadoras del desencanto generalizado, promocionado las elecciones como una dádiva, una concesión a la oposición, es decir, una migaja de poder. Buscan desesperadamente la abstención y sólo tienen eco en esa otra orilla, donde se califica de efímero y ficticio este proceso electoral. Esta es una postura destructiva y antidemocrática.
            Habrá que insistir una vez más, elegir gobernadores no es un acto menor ni las elecciones regionales un juego político provinciano. Tampoco es un regalo o una limosna del gobierno. Estas elecciones forman parte de las obligaciones constitucionales y los derechos ciudadanos, y en las actuales circunstancias podrían convertirse es un poderoso evento demostrativo de rechazo a ese espantoso desastre causado por la revolución bolivariana. En el futuro cercano, las gobernaciones serán pilares fundamentales en la reconstrucción de Venezuela. Por lo tanto, votar en las elecciones regionales es un compromiso imprescindible.

Este artículo fue publicado el viernes 06/10/2017 en Diario La Nación-Táchira. 


martes, 1 de agosto de 2017

Discurso oportuno
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Cohabitamos con ese torbellino de mensajes circulando por las redes sociales que, en ciento cuarenta caracteres y en audios de variopintas especies, invaden los espacios virtuales venezolanos. Algunos están muy bien elaborados, aunque eso no significa que siempre digan la verdad, otros son francamente patéticos, simples chapuzas. Hay quienes alterados y alertados, sin discernir ni confirmar, dan por válida y consumen toda información recibida sobre acontecimientos reales o ficticios. Total poco importa su naturaleza, se ha leído el mensaje que da regocijo momentáneo a la emocionalidad, aunque en corto tiempo o al día siguiente la realidad lo desmienta. Pero no habrá tiempo para rectificar, en lo inmediato circularán otros mensajes acordes con las deseos e ilusiones de sus receptores, compitiendo fuertemente con la información veraz de los hechos o situaciones ocurridas.
Esto no implica en modo alguno negar la importancia o despotricar sobre utilidad de las redes sociales, sin duda eso no está en discusión, pues constituyen un gran avance como medios facilitadores en las intercomunicaciones humanas. Sin embargo, ha surgido un complejo debate en la forma y el fondo de comunicar los acontecimientos y las distorsiones que en muchos casos contiene. Este especializado tema  ha sido abordado con rigurosidad por Jorge Moret, profesor e investigador de la Universidad de Los Andes, doctor en Comunicación y Sociología, en su discurso con motivo de la sesión solemne del Consejo Municipal de San Cristóbal, a propósito del día del periodista y de la entrega de los premios J.J. Mora Figueroa 2017.  Y bien vale comentar un par de ideas de ese oportuno discurso en estos tiempos de profunda crisis venezolana donde proliferan las amenazas gubernamentales de censuras y muchos ceden con la autocensura.
En un primer plano el discurso aborda el dilema entre periodismo, redes sociales y la información, para posteriormente, adentrarse en “los síntomas que están produciendo una enfermedad degenerativa en el periodismo: la posverdad”; luego de citar y analizar a varias fuentes bibliográficas, aclara que se trata entre otros aspectos de “la proliferación de noticias falsas por Internet, a comentarios insultantes que rozan la difamación volcados todos los días en las plataformas de comunicación on line, y al descredito de las instituciones a través de comentarios- muchas veces anónimos”
 Estos criterios también marcan las pautas en las redes sociales venezolanas con sus intensos laboratorios de los más variados intereses, que apelan a la acomodaticia retórica emocional para repetir lo que sus seguidores quieren escuchar, no importa cuán alejados estén de la verdad. Afortunadamente ese perverso uso de las redes se contrarresta constantemente en las crecientes plataformas de información digital que abordan con alto grado de veracidad los distintos acontecimientos nacionales. Por esta razón Moret señala que el “reto para el periodismo hoy es establecer que papel desempeñan las organizaciones periodísticas en el discurso público. Porque la verdad es una lucha. Pero la lucha vale la pena: los valores de las noticias tradicionales son importantes, porque importan y vale la pena defenderlos: la revolución digital ha significado que los periodistas,…, son más responsables ante su audiencia”. Para Finalmente llamar la atención sobre otros grandes retos, como son la formación de un público informado y activo, así como la necesidad de contribuir a la construcción de un nuevo modelo de convivencia en el país.
Aunque el discurso está dirigido especialmente al ámbito periodístico, quienes trabajamos en otros escenarios, pero que estamos habidos de la información diaria y veraz, agradecemos estas y otras precisiones, convencidos que hoy son fundamentales para la comprensión de las prácticas socioespaciales que son tan necesarias para entender la cruda realidad venezolana.

Este artículo de opinión fue publicado en Diario La Nación-Táchira, Venezuela, el 27/10/2017

sábado, 15 de julio de 2017

Armas contra votos
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            El vídeo trascendió las fronteras venezolanas con una alocución que no sólo describe al personaje, también visualiza el oscuro futuro que nos podría esperar. En primer plano, micrófono en mano, arenga sobre el combate a librar para defender la revolución, sus movimientos son paquidérmicos en un escenario rodeado de algunos rostros inexpresivos, otros con miradas duras y no desentona el complaciente semblante del incondicional que ha ocupado varios ministerios, incluyendo de educación. El personaje entra en fase de agitación al grupo que lo escucha, eleva el tono de voz y advierte también al mundo "lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas”.  La cámara enfoca en cerrado plano a quienes se levantan de sus asientos, gritan y aplauden a rabiar.
Pero en verdad en ese escenario no dijo nada diferente a las repetidas arengas en todos estos años del siglo XXI venezolano, parafraseando a un amigo, un año de discurso repetido en dieciocho años. Siempre con la misma jerga, botas sobre civiles, balas contra votos, armas de todo tipo, guerras de diversa generación, comandos superiores, estratégicos y operacionales, revolución cívico-Militar.
En la pretendida advertencia el personaje tampoco dijo nada distinto que no se corresponda con sus actuaciones en nuestra grave y agitada realidad nacional en la que solo le quedan algunas armas. Unas están en las calles reprimiendo, humillando, encarcelando, asesinando; las lamentables y dolorosas 93 muertes en 100 días de manifestaciones no requieren más comentarios, describen casi todo. Las otras armas están en los controlados poderes que convalidan todas las ilegalidades del ineficaz régimen que está bajo su mando, como el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral.
            Los irresponsables que tienen a cargo todo ese arsenal, para expresarlo en el tono bélico de los revolucionarios bolivarianos, actúan disciplinadamente para tratar imponer  la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente rechazada por una amplia mayoría de venezolanos, porque como se ha dicho hasta la saciedad, no va a resolver la grave crisis social, económica o política en que nos han sumergido. Pero no hay que ser muy perspicaz para descubrir que todo esto es un pretexto que busca desesperadamente los mecanismos de permanencia en el control del poder político.  El timo es tan enorme que ya no se trata de la violación constitucional o la transgresión las normativas electorales. También se devela en las escasas propuestas anunciadas por algunos voceros-candidatos del gobierno para solventar crisis económica, no hay novedad discursiva, son las mismas políticas con que arruinaron al país y nos empobrecieron a casi todos, estatismo, regulación, control de precios, expropiaciones, fracasadas misiones y por supuesto, militarización de la sociedad.
Ni en sus propias filas convencen, se les agotó la prédica, ya no hay votos para conquistar y solo les quedan las desprestigiadas armas institucionales y las otras que reprimen.  Por eso hay otra lectura en el amedrentador discurso del personaje citado que alguna vez, en difusas elecciones, resultó presidente de Venezuela; trasfondo la amenaza es una confesión del inocultable hundimiento del experimento revolucionario, saben que no hay vuelta atrás y el tiempo les es precario.

Este artículo fue publicado en Diario la Nación, Táchira-Venezuela el 13/07/20017   
http://lanacionweb.com/columnas/opinion/armas-contra-votos/

sábado, 1 de julio de 2017

Prepotentes y déspotas 
Mario Valero Martínez
@mariovalerom
            Prepotentes y soberbios, así se pavoneaban por América Latina, Europa y también por el continente asiático, proclamando el socialismo del siglo XXI como bálsamo para salvar el mundo. No falto el amplificado eco hasta en adversarios ideológicos, incluso mandatarios de variadas estirpes aplaudían sus gracias; tampoco sobraron los supuestos “teóricos e “intelectuales” de muy dudosa fama mundial que disertaban sobre las supuestas maravillas de la revolución bolivariana. Y que decir de la llamada academia hispanoamericana donde era casi imposible asumir una postura crítica sobre la casta gobernante venezolana, menos aún disentir de su líder cívico-militar porque de inmediato saltaban los insultos de siempre, derechista, golpista, neoliberal y hasta el escuálido lo oímos alguna vez. 
            Pero en realidad no brillaban con luz propia, era una luz artificial conectada a los derivados del pozo petrolero y una chequera que se agitaba en los más oscuros rincones de la sobornada solidaridad. Para eso funcionaron a la perfección las fachadas integracionistas como Petrocaribe y la ALBA.
            Déspotas y altaneros hoy se mueven entre los residuos y la podredumbre, cobrando alguna cuenta en el paraíso fiscal caribeño o prometiendo un chorrito de petróleo a cualquier inescrupuloso negociante centroamericano o suramericano. Se les apagó el brillo de la luz artificiosa. Sólo les queda el soporte de la marginal y atrasada izquierda en España, Francia y Suramérica, algún devaluado foco guerrillero, unos pocos panfletarios revestidos de intelectuales, un par de fracasados y desprestigiados expresidentes ¡ah! También Raúl Castro, Mugabe y Putin.
            Prepotentes y soberbios, así asumieron la conducción del país prometiendo el paraíso en este territorio. Entonces con el apoyo mayoritario cambiaron la Constitución Nacional ofertaron empoderar al pueblo y “refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica…”. Así lo plasmaron en la Constitución Nacional y con grandilocuencia lo divulgaron por el mundo. También prometieron la gótica de petróleo para cada venezolano y anunciaron en un acto de astucia un conjunto de misiones sociales para superar la pobreza. En paralelo, durante mucho tiempo, cualquier acto disidente era calificado como un intento de golpe de estado que respondían con financiadas y costosas movilizaciones; así se lo hacían saber al “solidario” escenario internacional.
            Pero en realidad, como ha quedado demostrado, todo era una farsa pura y dura que solo tenía como objetivo adueñarse y perpetuarse en el poder. Ahora la chequera no tiene fondos, el caudillo ha desapareció y hasta sus propios correligionarios los abandonaron. Arruinaron en país, las misiones sociales y otros beneficios como los CLAP, así como los inverosímiles carnets de la patria, se crearon como los mecanismos humillantes del control político de la población vulnerable, de los más pobres. La democracia una fachada.
            Déspotas y altaneros, apoyados en un cuestionado Tribunal supremo de Justica y un perverso Consejo Nacional Electoral, hoy se mueven en los escombros revolución para impulsar un fraude e imponer un artilugio camuflado en Asamblea Nacional Constituyente de oscuros propósitos. Para alcanzar ese objetivo han desatado la brutal represión militar y han dado rienda suelta a los salvajes colectivos que actúan con saña, sin tapujos ni remordimientos.  Este es el único escenario que les queda a los falsos profetas de la revolución.
Publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela29/06/2017




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