domingo, 21 de mayo de 2017

La maldición del Dabucurí
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Han usado el tema indígena como bandera en el manoseado discurso antimperialista, no han dejado de utilizarlo en la retórica anticolonialista española cada vez que necesitan inventarse un enemigo externo y hasta se han inventado el “día de la resistencia indígena, por cierto con difusas argumentaciones históricas.  Sin embargo, toda esa retórica panfletaria ha quedado develada como una impostura en su práctica gubernamental. No es secreto que el gobierno “revolucionario” de Venezuela ha sido un importante comprador de armas a los distintos gobiernos españoles; en el primer semestre del año 2012 fue uno de sus principales clientes e incluyó hasta 2014 gas lacrimógeno tanto para la fuerza armada como la policía y en el año 2015 adquirió armamento, salvo material antidisturbios, por más de 13 millones de euros. El fariseísmo no tiene fronteras anticoloniales. 

Tampoco han disimulado sus propósitos con el nefasto decreto del Arco Minero del Orinoco en esos 111.843,70 km2 que abarca al estado Bolívar, parte de Delta Amacuro y Amazonas. Aunque los ambientalistas han denunciado con sustentada argumentación los profundos y negativos impactos medioambientales y se advierten los enormes daños que causaran a las comunidades indígenas, afectadas además desde diferentes perspectivas por la explotación ilegal de oro, diamante y coltán entre otros recursos mineros, esto no hace mella en las conciencias revolucionarias.  
Menos aún parece preocupar las deterioradas condiciones de los indígenas que están emigrando de sus territorios originarios para ocupar las calles en las ciudades de Venezuela o en el fronterizo Brasil y sobrellevar lamentables modos de vida.  Tampoco la proliferación de la malaria que por ejemplo, se ha extendido en el estado Amazonas básicamente en dos parroquias del municipio Atures, decretado en el boletín epidemiológico del año 2015 en situación de alarma. Pero en la defensa de la revolución cívico-militar no hay tiempo para estas bagatelas.

Y por si fuera poco, este estado Amazonas donde el 54% de los 143.142 habitantes son indígenas, ha sido objeto de un ensañamiento político sin escrúpulos. Aquí el abuso no tiene nombre, primero fue la burda anulación de las elecciones de los diputados de la entidad emitido por el ilegal Tribunal Supremo de Justicia, maniobra solicitada los diputados afectos al gobierno. Luego la inhabilitación injustificada y tramposa de la Contraloría General de la República al gobernador indígena de la entidad por un lapso de 15 años para ejercer cargos públicos. Sin duda que esa decisión es parte de la venganza del gobierno por haber perdido hasta el apoyo de las comunidades aborígenes. 

La reacción a tanta humillación indígena tenía que brotar más allá del ejercicio electoral y afloró desde el ancestro baniva del gobernador Liborio Guarulla al desafiar con la maldición del Dabucurí toda esta vileza. Explican los expertos que la fiesta de Dabucurí es parte de una ceremonia sagrada que los indígenas ofrecen a sus ancestros a través de danzas, comidas, frutos y bebidas con el propósito de recibir abundancia y prosperidad, pero cuando se invoca como maldición, entonces los beneficiarios de la prosperidad serán despojados de sus riquezas y sus vidas se hundirán en el dolor y la penuria. El baniva amenazó en los laberintos más oscuros de la vida, esos que tanto preocupan a quienes se creen omnipotentes y en lapidarias palabras les dijo, "les aseguro que no morirán sin tormento. Les aseguro que antes de morir comenzarán a sufrir y su alma va a vagar por los sitios más oscuros y pestilentes antes de poder cerrar los ojos". Al enterarme que otro estudiante de 17 años fue vilmente asesinado en Táchira por las fuerzas represivas del gobierno, confieso que, aunque no soy creyente ni indígena, no dejo de pensar en el conjuro del Baniwa. 

Este artículo fue publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela el 18 d mayo de 2017
http://lanacionweb.com/columnas/opinion/la-maldicion-del-dabucuri/

domingo, 7 de mayo de 2017

Fraude y represión
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

Escribo estas notas cada quince días y en este lapso es difícil elegir un tema que no tenga que ver con la impredecible situación venezolana, es decir, con esa brutal realidad a la que nos enfrentamos en nuestra cotidianidad, mezcla de empobrecimiento, inseguridad y desespero; nunca imaginamos que tendríamos un país en tan precarias condiciones al que ahora se suma abiertamente, sin tapujos el fraude y se profundiza en la represión.
El fraude no es una novedad, estaba escrito entre líneas en el preámbulo y los principios de ese esperpento llamado revolución cívico-militar bolivariana, en esa chapuza conocida como socialismo del siglo XXI, en esa farsa denominada Plan de la Patria. Con todo este parapeto prometieron la suprema felicidad que duró hasta que se les acabó el derroche y el guiso del ingreso petrolero. Entretanto alardeaban con ese bodrio calificado como democracia participativa, protagónica y se jactaban del sistema electoral más perfecto del mundo, pero cuando el mayoritario electorado los abandonó castigando su ineficacia y develando su timo revolucionario, suprimieron las elecciones para tomar el atajo dictatorial. Se pavoneaban con el pulcro proceso constituyente del año 1999 y afirmaban que la República Bolivariana de Venezuela había aprobado la Constitución más perfecta de mundo obra de su Comandante Supremo, ahora se proponen echarla al basurero de la historia tratando de imponer otra estafa disfrazada de supuesta constituyente comunal y obrera, que sólo tiene la intención de eliminar la legalidad institucional y la democracia para crear los mecanismos fraudulentos que les permita aferrarse al poder e implantar sin rubor su modelo dictatorial.
 En ese farragoso camino han desatado la furia pese a que todos los días invocan la fe religiosa, su amor a Dios por sobre todas las cosas. Y se ufanan de un humanismo socialista que no más que la fachada para encubrir la despiadada represión que ha costado la vida a esos jóvenes estudiantes que soñaron con vivir en una Venezuela de oportunidades. Para eso también está a disposición el prometido hombre nuevo, ese que anda en una moto de alta cilindrada, envalentonado, agrupado en bandas parapoliciales, en brigadas de choque, mostrando las crueles destrezas de sus entrenados aprendizajes; hemos visto sus aterradoras acciones, los movimientos violentos y las particulares formas de amedrantar; hemos escuchado los relatos de familias asaltadas en sus casas cuyos miembros mantienen un temeroso silencio para que no se repita la lacerante incursión. Pero también hemos vivido la represión de cerca y ese ensañamiento militar de las bombas lacrimógenas haciendo estragos en pacíficos manifestantes de todas las edades. Esta es la verdadera unión cívico-militar bolivariana a disposición de un régimen que se quiere imponer a pesar del evidente rechazo mayoritario; esto lo único que les queda en sus prácticas revolucionarias callejeras.
A propósito de todo este paisaje gris venezolano alguien escribió que los hijos herederos de la revolución bolivariana estaban dilapidando el legado que les dejó el Comandante Eterno. No comparto tal apreciación puesto que trasfondo tiende a poner a salvo la figura del padre, por el contrario, creo en ese sabio refrán popular que dice “los hijos superan a sus padres”.

Publicado en Diario La Nación- Táchira, Venezuela el 04 / 05 / 2017

(Todas la fotografías de este blog pertnencen al archivo fotográfico de MVM)

sábado, 22 de abril de 2017

El paisaje gris y dignidad en la calle
Mario Valero Martínez @mariovalerom

Han dado rienda suelta a sus ocultos demonios para aferrarse al poder y en este propósito cuentan con la parcializada e ilegal institucionalidad que justifica sus desmanes y legaliza su violencia, de igual manera se apoyan en grupos parapoliciales dispuestos a todo y constantemente amenazan con las tropas milicianas que, por cierto, fueron rechazadas en el referéndum del año de 2007 por la mayoría de venezolanos; para complementar la intimidación, el presidente se rodea de un grupo de militares que le declaran fidelidad personal, se autoproclaman revolucionarios, socialistas y chavistas. En ese panorama no hay duda al señalar que abandonaron la Constitución para buscar otros atajos que les facilite perpetuarse y ejercer una blindada supremacía carente de apoyo popular; por eso ahora no les interesan los procesos electorales ni hacen alarde de los triunfos obtenidos en el pasado.

En ese desesperado trajín relegaron la gobernanza al sótano del olvido y se han dedicado a privilegiar el ultraje y la represión en todas sus modalidades. Son muchas y terribles las evidencias que se han visto en estos días de abril; aún retumban las imágenes del helicóptero lanzando bombas lacrimógenas en Caracas y para colmo, cerca de un centro de salud; duelen los seis asesinatos de jóvenes venezolanos en las protestas que se suman a la lista de otros que han perdido la vida por reclamar sus derechos; golpea los cientos de detenidos acusados de terroristas y las torturas aplicadas a los hermanos Sánchez Ramírez, estudiantes y dirigentes del partido Primero Justicia, para obligarlos a firmar falsas acusaciones contra algunos diputados de su partido. En todos estos pavorosos actos también se describe la esencia del modelo cívico-militar bolivariano, sintetizada en esa tenebrosa consigna vocalizada con tanta vehemencia, patria o muerte. La patria es la minoría privilegiada que pretende aferrarse a un poder que se les desmorona, la muerte todos los demás.

No es exageración, es lo que aflora en tiempos de pérdida de las mayorías electorales y hasta de las ausencias de otrora fieles en el fatídico puente Llaguno para celebrar en necrófila bailanta muertos y balaceras; es también la manera de maquillar el estallido de los huevos y tomates podridos en los rostros revolucionarios. Y por supuesto, es la forma brutal de reprimir a la mayoría de ciudadanos que en las calles reclaman el respeto a sus derechos constitucionales, una vida digna, mejor calidad de vida y un gobierno democrático, eficaz y decente.

Ante todo ese paisaje gris, se antepone la esperanza, la persistencia y la mesura; pero sobre todo la sensatez para reconquistar los procesos electorales que pondránn fin a esta salvajada revolucionaria e iniciar la difícil y dura tarea de reconstruir a Venezuela en todas sus dimensiones- En ese rehacer del venezolano, salvo las cúpulas que nos arruinaron, todos somos necesarios con nuestras diferencias, virtudes, defectos y desavenencias.

Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela el 19/03/2017

sábado, 8 de abril de 2017

El origen de estos lodos
Mario Valero Martínez @mariovalerom

                Hace tiempo abandonaron los formalismos y aun cuando enarbolaban el librito azul como la Constitución más avanzada del mundo, se enfilaron a la progresiva imposición de una autocracia cívico-militar refrendada en las urnas del ventajismo electoral. Ya en tiempos del desaparecido “Comandante Supremo” se urdieron las artimañas para concentrar todo el poder posible, controlar la institucionalidad al máximo y alcanzar el objetivo oculto, instalar un régimen autoritario; Cuba, regida por el comunismo tropical de los hermanos Castro era el ejemplo perfecto, la asesoría indispensable.  Entonces empezaron diseñar un estado paralelo que respondiera a los intereses del caudillo bolivariano.
                El rechazo mayoritario a la pavorosa reforma constitucional sometida a consulta electoral en el año 2007 solo sirvió para rabietas en el Palacio Presidencial y germen de escatológicos insultos. La “nueva cultura política” del socialismo del siglo XXI se afianzaba en la escena mediática mostrando sus garras depredadoras. Poco importó la voluntad popular en su ejercicio democrático y con la inmediatez del caso trazaron las estrategias violatorias de toda institucionalidad para alcanzar uno de los principales objetivos del “Comandante Supremo”, aferrarse al poder “hasta la victoria siempre”. La difundida democracia participativa y protagónica era sólo una coartada y el ondeado librito azul letra muerta.
                El líder militar casi elevado al altar como santo patrono no sólo por los sectores populares, también por amplios grupos de clase media e incluso con simpatías en poderosos grupos económicos, no se contuvo; el incontrolable derroche del inmenso ingreso petrolero fue el milagro casi perfecto para sus propósitos.  Con el festín petrolero en marcha, muchos miraron a los lados, aunque no faltaron los que advirtieron las incertidumbres del futuro inmediato. Además, cualquier payasada era celebrada con entusiasmo, las bravuconadas se convertían en noticias de primera plana y tendencia en las redes sociales. En los escenarios internacionales se le aplaudía; sus aliados circunstanciales cercanos o lejanos, daba igual su orientación política de izquierda o derecha, eran complacientes con sus tragicómicas ocurrencias.  El petróleo barato tenía su precio escénico.
                Distraídos en este festín y sumergidos el espejismo temporal, el país se fue arruinando al tiempo que se socavaban las bases de la institucionalidad. No fueron pocos los que prendieron las alarmas, entre ellos la acorralada oposición política incluso con sus desaciertos, errores e inconsistencias; pocos oyeron.
                Estos lodos de hoy, tienen sus orígenes allí. Los herederos cívico-militares del desaparecido “Comandante Supremo”, los que regentan el poder político venezolano son adelantados seguidores de su ideal, excelentes alumnos. Al igual que su “Padre-Supremo”, no reconocen la voluntad popular cuando les es adversa, tal como ocurre con la Asamblea Nacional electa por una contundente mayoría. De la misma manera que lo hizo su “Mentor Eterno” violan constantemente la Constitución a través del férreo control institucional, contando con el incondicional apoyo del genuflexo Tribunal Supremo de Justicia que ha dictaminado aberrantes decisiones para afianzar una estructura dictatorial en el ejercicio del poder.
                Sin los cuantiosos recursos petroleros para repartir migajas al estilo de su “Guía Eterno”, no encuentran quien les celebre las bufonadas y como son rechazados por la mayoría de los venezolanos, entonces ordenan suprimir los procesos electorales y acentúan la represión siguiendo las hazañas de su “Guía Eterno” cuando prometió gas del bueno contra la disidencia. Sustituyeron las populistas misiones con la venta de controladas y humillantes cajas de escasos alimentos (CLAP), hundieron el sistema de salud, destrozaron la educación, empobrecieron a los ciudadanos que soportan la inflación más alta del mundo, 500% dicen los especialistas, pero en su dominio mediático no se inmutan al promocionar a Venezuela como un territorio cercano al paraíso.  Pero la verdad es que hoy, también somos un país de emigrantes pobres que dejan atrás a un gobierno que se jacta de tener un Viceministerio para la Suprema Felicidad; otra burla al ciudadano.
                Salvo en los aliados de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), no consiguen eco en el escenario internacional, contrario a lo logrado por su “Padre Eterno”, entonces insisten en el comodín de la conspiración mundial que amenaza la fracasada Revolución Bolivariana; pero ya no engañan a nadie, se les acabó el juego geopolítico petrolero.
                Con todo estamos aquí, optimistas en medio de las turbias aguas venezolanas, bienvenida sean todas aquellas acciones que, independientemente de sus circunstancias, contribuyan a contener los desmanes del autoritarismo gubernamental y sus evidentes pretensiones dictatoriales. Todos merecemos una mejor calidad de vida en democracia y con libertad.  

Publicado en Diario La Nación, Táchira – Venezuela 06/04/2017
http://lanacionweb.com/columnas/opinion/el-origen-de-estos-lodos/

sábado, 25 de marzo de 2017

Brasil como destino
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

                            
Todos los días se leen frases similares en las infelices declaraciones de los dirigentes gubernamentales venezolanos. La diplomacia dejó de ser virtud y necesidad democrática; no hay límites, lo significativo es soltar algo retumbante para acaparar titulares en noticieros, demostrar radicalidad y sobre todo ocultar lo sustancial. Así son los modos y las modulaciones de la Canciller de Venezuela en sus encadenados insultos; recién ha dicho que “Brasil es una vergüenza mundial”. El desatino no deja de causar asombro puesto que, dejando de lado las agrias relaciones que ahora existen entre ambos gobiernos, la generalización es odiosa, impertinente. Ese despreciativo término no lo merece el territorio del autor de La desaparición de la Santa, Jorge Amado, o del creador del poema Muerte y vida severina, João Cabral de Melo Neto, tan sólo por citar a dos figuras literarias del vecino país. Es injusto calificativo para las gentes en las calles de Belem, Río de Janeiro, Belo Horizonte ciudad de los afectos personales, o cualquier otro rincón de su enorme y diversa geografía.
                
Sí es injusta la injuria de la Canciller al referirse a Brasil, también es inaceptable agravios semejantes para Venezuela y los venezolanos, aunque tengamos un gobierno ruin que empobreció al país a tal extremo que empujó a muchas familias al desesperado rebusque de los desperdicios de comida en la basura y en otros casos a tomar la decisión de arriesgarse a probar suerte en otros lugares explorando alguna oportunidad para un vivir un poco mejor, tal como ocurre al elegir al fronterizo Brasil  como destino. 
                
La delimitación entre ambos territorios es de 2.199 kilómetros de longitud, del lado venezolano se encuentran los estados Bolívar y Amazonas colindantes al otro lado con Roraima y Amazonas. La principal movilidad transfronteriza se establece ente los municipios Gran Sabana y Pacaraima, concretamente entre las localidades de Santa Elena de Uairen y Pacaraima, capitales municipales; es igualmente un paso fronterizo para las rutas de servicios de transporte público y privado que abarca el eje Puerto Ordaz-Ciudad Bolívar y Boa vista-Manaos, asimismo tiene destacada importancia en el intercambio del comercio binacional. Y, ahora, es ruta seleccionada por los emigrantes venezolanos que intentan adentrarse en el vecino país.

Aunque con escasa difusión en Venezuela, la creciente presencia de venezolanos fundamentalmente en los estados Roraima y Amazonas ha causado intensas polémicas entre detractores y defensores, gente solidaria. Los datos suministrados por el Comité Nacional para los Refugiados del Ministerio de Justicia de Brasil indican que para el año 2015 se registraron 341 venezolanos solicitando el estatus de refugiado, un año después la cifra se incrementó a 3.375 peticiones; se informa que para el 2016 los venezolanos ocuparon el primer lugar en demandas de refugio, seguidos por cubanos y angoleños; igualmente se señala que ese año se contabilizaron un total de 10.300 solicitudes de refugio para el vecino país, tres de cada diez peticiones las hicieron ciudadanos venezolanos. 

             
Hay aspectos singulares detectados en esta movilidad transfronteriza y es que un porcentaje significativo de los migrantes viven en improvisados refugios de los entornos urbanos y en precarias condiciones; de igual manera las informaciones recabadas señalan que de los 177 venezolanos registrados en condiciones ilegales en Manaos, 95% pertenecen al grupo indígena Waraoo, muchos deambulan por las calles de la ciudad pidiendo limosna; nada distinto a lo visto en las calles de Puerto Ordaz, San Félix, Ciudad Bolívar o cualquier ciudad cercana a los asentamientos indígenas.
                
La dura decisión de marcharse y optar por morar aunque sea en un refugio, es la demostración palmaria de profunda crisis y de las penurias padecidas en el lugar de origen. Pero la Canciller y en general el gobierno venezolano desvían la mirada del espeso drama que cruza las fronteras. Sí espeso. Como escribió João Cabral de Melo Neto en su poesía titulada Can sin plumas: Espeso / como una manzana es espesa. / Como una manzana / es mucho más espesa / si un hombre la come / que si un hombre la ve. / Como es aún mucho más espesa / si el hambre la come. / Como es aún mucho más espesa / si no la puede comer / el hambre que la ve.

Este artículo de opinión fue publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 23/03/2017
Las fotos de estas publicaciones pertenecen al archivo fotográfico MVM

           

domingo, 12 de marzo de 2017

Migraciones transfronterizas
Mario Valero Martínez @mariovalerom

                Abandonar un país, emigrar, no es una decisión fácil y salvo que se tenga garantizado alguna estabilidad laboral, familiar o relacional en el lugar de destino, pero aun así, es un viaje entre incertidumbres. Las razones para tal atrevimiento tiene diversos orígenes, las guerras, la violencia en diversas partes del mundo, el hambre y por supuesto el desempleo. También hay, y cada vez en crecimiento, los que se migran por opciones en sus especializados campos de trabajo. En cualquier caso, emigrar implica la búsqueda de otra calidad de vida o sencillamente se suma a la esperanza personal o familiar de encontrar una oportunidad para vivir en mejores condiciones.
Son movimientos muy complejos y a la vez, objeto de muchas especulaciones, usos y abusos interpretativos, unos con débiles fundamentaciones esgrimen que son producto de la globalización y hasta de la modernidad, otros los utilizan para culpabilizar a los emigrantes de sus problemas nacionales, ocurre en Estados Unidos, en Europa y también en América Latina. Y hasta el significado positivo, la potencialidad de los movimientos migratorios internacionales se opaca por el fuerte discurso de movimientos políticos nacionalistas que ven en los extranjeros peligrosos enemigos, una fórmula exitosa que alimenta la xenofobia.
                Y esto tristemente también lo estamos observando en Venezuela y Colombia, ahora que los venezolanos de todos los estratos y profesiones, forzados por las actuales precarias condiciones de vida, han emprendido la búsqueda de alternativas en otros destinos cercanos o lejanos. La utilización burda y manipulada de los datos demográficos sobre las migraciones, la exacerbación de cualquier hecho delictivo y hasta la ignorancia histórica y geográfica de las fronteras han formado parte de inverosímiles discursos gubernamentales en ambos países. Pronto se olvida lo que hemos sido, lo que somos.
                Y lo que somos, Venezuela y Colombia, países vecinos de intensas movilidades e intercambios. Y lo que hemos sido, territorios alternos de salvación en la precariedad humana vecinal. Cuando se leen las declaraciones de nacionalistas colombianos sobre Venezuela, saltan en la memoria los datos censales que registraron las crecientes corrientes migratorias entre 1950 y 1981 (55% entre 1950 y 1961, 42,6 a 1971, 64,9% a 1981) que por supuesto, no incluía una masa importantes de emigrantes colombianos no registrados.
La búsqueda de empleos mejor remunerados y la ventaja cambiara bolívar/peso, entre otros factores, se cruzaban como estímulo de los flujos migratorios provenientes del vecino país, unos en dirección a zonas rurales para emplearse en las actividades agrícolas y ganaderas, otros hacia los espacios industriales del centro-norte y por supuesto a las zonas de producción petrolera. Como ejemplo señalaremos que hacia finales de la década de los 70 el salario mínimo urbano era de 900 bolívares (209 dólares) que convertidos en pesos representaba 2.4 veces más que los 5.700 pesos del salario mínimo en el vecino país (71 dólares).  Esta importante diferencia, aun recibiendo un salario menor al decretado, era una poderosa razón para cruzar las fronteras, a lo que se agregaba la crisis económica y política colombiana reflejada en el incremento de la pobreza, el desempleo y la violencia.
                Ahora los flujos se han invertido casi con las mismas argumentaciones y cuando leemos las manipuladas declaraciones del gobierno de Venezuela sobre esta materia, entonces pensamos en ese contingente de venezolanos de todas las condiciones sociales y profesionales que han tomado como destino Colombia, impulsados por la profunda crisis social y económica en nuestro país. Los boletines de migración colombiana indican que entre 2013 y 2016 ingresaron a este país 1.260.957 venezolanos y salieron 907. 642, no retronaron 353.315; al desglosar las cifras por año, se observa que en 2013 no regresaron 31.424 personas y en 2016 no lo hicieron 160.243 ciudadanos. Aunque estos datos se han utilizado en estos días para reforzar la idea del crecimiento de flujos de venezolanos al vecino país, en algunos casos acompañados de noticias que cuestionan su presencia en el mercado laboral, aún quedan muchos cabos por atar para determinar la magnitud migratoria, tanto a este como a otros destinos internacionales; lo cierto es que una inocultable realidad venezolana.
                Lo lamentable en todo caso, es el uso y abuso que se hace de los datos sobre flujos migratorios; nótese que Venezuela sigue siendo el segundo destino preferido de los colombianos aunque en proceso de disminución (en 2012 entraron 475.007 procedentes de diferentes lugares del vecino país, cifra que disminuyó en 2015 a 371.521 y 109.864 en 2016) efecto del cierre de frontera.
                Hay quienes se empeñan en ver toda esta realidad desde sus fanatismos geopolíticos gubernamentales. Tal vez deberían apreciar estas migraciones transfronterizas como potencialidades binacionales que, además, contribuiría a borrar la horrorosa tendencia xenofóbica que irresponsablemente alientan.

Este artículo fue publicado en Diario la Nación, Táchira-Venezuela el 09/03/2017.

Las imágenes que se publican en este blog pertenecen al archivo fotográfico de MVM

martes, 28 de febrero de 2017

La sombra avanza ¿vencerá?
Mario Valero Martínez @mariovalerom

                La visual de esa ancha calle en la mañana es deplorable. Los residuos de objetos quemados, las piedras de cualquier tamaño y la basura esparcida a largo de la vía generan la sensación de estar transitando por un campo de batalla desolado, un amanecer sin rumbo; en realidad, lo sabemos, es una infructuosa guerrita que se intenta imponer en nuestras cotidianidades. El paisaje es avasallante. En la tarde esa calle es intransitable, campeadores y gendarmes retoman sus posiciones y la cruzada se vuelca sobre el asfalto. Piedras, perdigones, gasolina y bombas lacrimógenas forman parte del arsenal en la refriega. Al atardecer los combatientes dejan sus trincheras, retirada estratégica para el reposo de contendores que se enfrentarán de nuevo en la soleada tarde del siguiente día. En la noche, ya sin faena guerrera, la oscura calle se convierte en peligroso atajo vehicular; el acceso por ejemplo, a importantes centros de salud pública y privada del entorno se torna insufrible. Eso poco importa, en la infructuosa guerrita este es un detalle nimio.
                Luego, otra tarde más de encendido combate callejero. En esta ocasión nos invade la tristeza y la impotencia al ver una pequeña parte de la fachada del recinto univertitario localizado frente al epicentro de la batalla, ardiendo en llamas; las imágenes también se muestran en las redes sociales, héroes y villanos, villanos y héroes, guerreros todos, se atribuyen culpabilidades y hazañas; pero la única verdad es que la violencia ha extendido sus tentáculos. Unas horas después la gravedad del terrorífico acto ha pasado a segundo plano, pronto será olvido; entonces nos ronda el pesimismo y sospechamos que la sombra avanza ¿Vencerá en la Casa? Por ahora ha mostrado sus intencionalidades.
                Alguna certeza hay en todo este deprimente paisaje universitario, lo que sucede en esa calle es escenario predilecto de gobiernos totalitarios y neo-dictatoriales como el existente en Venezuela, el juego violento es su fortaleza. Esto les permite desviar la mirada sobre la profunda crisis que pacemos los venezolanos y dejar de lado aspectos sustanciales como la dramática situación por las que atraviesan las instituciones universitarias, especialmente las universidades autónomas. Las injustas e insuficientes asignaciones presupuestarias que afectan su funcionamiento integral. La considerable reducción de la matrícula. Los alumnos que aún quedan en los pasillos estudiando ya no sólo con el sacrificado apoyo de sus padres, sino compartiendo esta actividad con precarios empleos. Y qué se puede agregar al maltrato en el ejercicio docente, la investigación y la extensión. Así podríamos añadir una larga lista de problemas que desnudan la actual situación; unas comunidades universitarias alejadas de los avances científicos y técnicos en la sociedad del conocimiento. La involución es enorme.
Para colmo, cada vez son más escasas las discusiones y acciones sobre estos tópicos. La creatividad y la iniciativa, el estímulo por las conquistas reivindicativas, las exigencias por un mejor presupuesto, en general la defensa de la Universidad en debate a cielo abierto se desvanecen en oscuros pasillos. Para algunos lo alternativo es decir, me voy. El abandono y el desinterés provinciano han ganado considerable terreno, tal vez se piensa en colectivo que es mejor mirar a los lados, callar, dejar hacer, dejar pasar el estéril enfrentamiento violento que por cierto está a espaldas de la atropellada vida en la ciudad.
                Pero como suele ocurrir en tiempos de crisis, siempre emerge la luz esperanzadora. Los estudiantes lo han sido en todos estos años enfrentando, sin misteriosos atuendos pero con la fuerza de sus acciones y la palabra, a un régimen depredador que ve en las universidades peligrosos enemigos. El pasado viernes 18 de febrero el estudiantado de la Universidad Central de Venezuela dio otra magnifica lección de firmeza y sabiduría al elegir contra toda amenaza judicial y política a sus representantes estudiantiles; sin antifaces desafiaron el poder establecido, confrontaron a los grupos violentos e hicieron respetar la autonomía universitaria reivindicando sus derechos y el poder del vot0.   Anhelamos que este ejemplo se extienda a todas las comunidades universitarias, y deseamos que nunca tengamos frente a nuestras miradas aulas ni bibliotecas ardiendo en llamas. Estamos a tiempo. 

Este artículo fue publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 23/02/2017