domingo, 8 de octubre de 2017

Votar, compromiso imprescindible
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            La despectiva declaración causó desagrado, enfado. Ir a elecciones regionales, señaló una dirigente nacional, “es entregar todas las fuerzas acumuladas en estos días por unas migajas de poder efímero y ficticio”. Su propósito, deslindarse de la decisión asumida por la mayoría de los partidos opositores agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática de acudir a las elecciones de gobernadores, a pesar de los obstáculos del gobierno y de las sumisas instituciones como el Consejo Nacional Electoral. La infeliz declaración tuvo inmediata propagación en los reducidos espacios virtuales de los extremistas tuiteros y se podría comparar con ese rechinante ruido que se escucha en determinados lugares, generando molestias y negativo impacto ambiental.
La injuriosa asociación entre elecciones regionales y reparto de migajas de poder, seguramente forma parte del juego anti-político de profetas nacionalistas que llevan atado al cuello la bandera patria para exhibir en heroicas tarimas donde se proclama todo o nada. Al leer la desafortunada declaración emergió en la memoria la intervención de otro “dirigente nacional” que hace años, en cerrado escenario, comunicó a los asistentes que se enviaban los lineamientos a las provincias pues, deberían entender que en Caracas estaba el centro del debate y la producción política.
            No asombran estas posturas, tal vez irritan un poco, pues forman parte de esa comparsa que tanto daño ha causado en la geografía cultural (y política) venezolana, al relegar a planos secundarios lo regional y lo local. Algunos suelen decir con candoroso (y peyorativo) tono, allá en el interior, en la provincia, en el país profundo. Se podría pensar que tal vez no han entendido el cambiante mundo de la globalización ni se han detenido a examinar los impactos socio-espaciales y territoriales de las tecnologías de la información y la comunicación.
             Esa perspectiva se ha reforzado considerablemente desde la otra orilla, es decir, desde las altas esferas autocráticas y neo-dictatoriales que gobiernan a Venezuela al intentar imponer el centralizado control territorial, debilitando las administraciones estadales, municipales y buscando ejercer férreo y directo dominio del ciudadano a través del abominable carnet de la patria. Por eso, gobernaciones y alcaldías que no estén bajo su dominio, les estorban en sus estrategias de perpetuación en el poder. Las desprecian pero, por ahora, las necesitan porque han fracaso en los todos los ensayos controladores como el estado comunal o la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente.
Y como tienen certeza que para la próxima contienda electoral no cuentan con el apoyo mayoritario de los electores, entonces acuden a las artimañas provocadoras del desencanto generalizado, promocionado las elecciones como una dádiva, una concesión a la oposición, es decir, una migaja de poder. Buscan desesperadamente la abstención y sólo tienen eco en esa otra orilla, donde se califica de efímero y ficticio este proceso electoral. Esta es una postura destructiva y antidemocrática.
            Habrá que insistir una vez más, elegir gobernadores no es un acto menor ni las elecciones regionales un juego político provinciano. Tampoco es un regalo o una limosna del gobierno. Estas elecciones forman parte de las obligaciones constitucionales y los derechos ciudadanos, y en las actuales circunstancias podrían convertirse es un poderoso evento demostrativo de rechazo a ese espantoso desastre causado por la revolución bolivariana. En el futuro cercano, las gobernaciones serán pilares fundamentales en la reconstrucción de Venezuela. Por lo tanto, votar en las elecciones regionales es un compromiso imprescindible.

Este artículo fue publicado el viernes 06/10/2017 en Diario La Nación-Táchira. 


martes, 1 de agosto de 2017

Discurso oportuno
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Cohabitamos con ese torbellino de mensajes circulando por las redes sociales que, en ciento cuarenta caracteres y en audios de variopintas especies, invaden los espacios virtuales venezolanos. Algunos están muy bien elaborados, aunque eso no significa que siempre digan la verdad, otros son francamente patéticos, simples chapuzas. Hay quienes alterados y alertados, sin discernir ni confirmar, dan por válida y consumen toda información recibida sobre acontecimientos reales o ficticios. Total poco importa su naturaleza, se ha leído el mensaje que da regocijo momentáneo a la emocionalidad, aunque en corto tiempo o al día siguiente la realidad lo desmienta. Pero no habrá tiempo para rectificar, en lo inmediato circularán otros mensajes acordes con las deseos e ilusiones de sus receptores, compitiendo fuertemente con la información veraz de los hechos o situaciones ocurridas.
Esto no implica en modo alguno negar la importancia o despotricar sobre utilidad de las redes sociales, sin duda eso no está en discusión, pues constituyen un gran avance como medios facilitadores en las intercomunicaciones humanas. Sin embargo, ha surgido un complejo debate en la forma y el fondo de comunicar los acontecimientos y las distorsiones que en muchos casos contiene. Este especializado tema  ha sido abordado con rigurosidad por Jorge Moret, profesor e investigador de la Universidad de Los Andes, doctor en Comunicación y Sociología, en su discurso con motivo de la sesión solemne del Consejo Municipal de San Cristóbal, a propósito del día del periodista y de la entrega de los premios J.J. Mora Figueroa 2017.  Y bien vale comentar un par de ideas de ese oportuno discurso en estos tiempos de profunda crisis venezolana donde proliferan las amenazas gubernamentales de censuras y muchos ceden con la autocensura.
En un primer plano el discurso aborda el dilema entre periodismo, redes sociales y la información, para posteriormente, adentrarse en “los síntomas que están produciendo una enfermedad degenerativa en el periodismo: la posverdad”; luego de citar y analizar a varias fuentes bibliográficas, aclara que se trata entre otros aspectos de “la proliferación de noticias falsas por Internet, a comentarios insultantes que rozan la difamación volcados todos los días en las plataformas de comunicación on line, y al descredito de las instituciones a través de comentarios- muchas veces anónimos”
 Estos criterios también marcan las pautas en las redes sociales venezolanas con sus intensos laboratorios de los más variados intereses, que apelan a la acomodaticia retórica emocional para repetir lo que sus seguidores quieren escuchar, no importa cuán alejados estén de la verdad. Afortunadamente ese perverso uso de las redes se contrarresta constantemente en las crecientes plataformas de información digital que abordan con alto grado de veracidad los distintos acontecimientos nacionales. Por esta razón Moret señala que el “reto para el periodismo hoy es establecer que papel desempeñan las organizaciones periodísticas en el discurso público. Porque la verdad es una lucha. Pero la lucha vale la pena: los valores de las noticias tradicionales son importantes, porque importan y vale la pena defenderlos: la revolución digital ha significado que los periodistas,…, son más responsables ante su audiencia”. Para Finalmente llamar la atención sobre otros grandes retos, como son la formación de un público informado y activo, así como la necesidad de contribuir a la construcción de un nuevo modelo de convivencia en el país.
Aunque el discurso está dirigido especialmente al ámbito periodístico, quienes trabajamos en otros escenarios, pero que estamos habidos de la información diaria y veraz, agradecemos estas y otras precisiones, convencidos que hoy son fundamentales para la comprensión de las prácticas socioespaciales que son tan necesarias para entender la cruda realidad venezolana.

Este artículo de opinión fue publicado en Diario La Nación-Táchira, Venezuela, el 27/10/2017

sábado, 15 de julio de 2017

Armas contra votos
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            El vídeo trascendió las fronteras venezolanas con una alocución que no sólo describe al personaje, también visualiza el oscuro futuro que nos podría esperar. En primer plano, micrófono en mano, arenga sobre el combate a librar para defender la revolución, sus movimientos son paquidérmicos en un escenario rodeado de algunos rostros inexpresivos, otros con miradas duras y no desentona el complaciente semblante del incondicional que ha ocupado varios ministerios, incluyendo de educación. El personaje entra en fase de agitación al grupo que lo escucha, eleva el tono de voz y advierte también al mundo "lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas”.  La cámara enfoca en cerrado plano a quienes se levantan de sus asientos, gritan y aplauden a rabiar.
Pero en verdad en ese escenario no dijo nada diferente a las repetidas arengas en todos estos años del siglo XXI venezolano, parafraseando a un amigo, un año de discurso repetido en dieciocho años. Siempre con la misma jerga, botas sobre civiles, balas contra votos, armas de todo tipo, guerras de diversa generación, comandos superiores, estratégicos y operacionales, revolución cívico-Militar.
En la pretendida advertencia el personaje tampoco dijo nada distinto que no se corresponda con sus actuaciones en nuestra grave y agitada realidad nacional en la que solo le quedan algunas armas. Unas están en las calles reprimiendo, humillando, encarcelando, asesinando; las lamentables y dolorosas 93 muertes en 100 días de manifestaciones no requieren más comentarios, describen casi todo. Las otras armas están en los controlados poderes que convalidan todas las ilegalidades del ineficaz régimen que está bajo su mando, como el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral.
            Los irresponsables que tienen a cargo todo ese arsenal, para expresarlo en el tono bélico de los revolucionarios bolivarianos, actúan disciplinadamente para tratar imponer  la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente rechazada por una amplia mayoría de venezolanos, porque como se ha dicho hasta la saciedad, no va a resolver la grave crisis social, económica o política en que nos han sumergido. Pero no hay que ser muy perspicaz para descubrir que todo esto es un pretexto que busca desesperadamente los mecanismos de permanencia en el control del poder político.  El timo es tan enorme que ya no se trata de la violación constitucional o la transgresión las normativas electorales. También se devela en las escasas propuestas anunciadas por algunos voceros-candidatos del gobierno para solventar crisis económica, no hay novedad discursiva, son las mismas políticas con que arruinaron al país y nos empobrecieron a casi todos, estatismo, regulación, control de precios, expropiaciones, fracasadas misiones y por supuesto, militarización de la sociedad.
Ni en sus propias filas convencen, se les agotó la prédica, ya no hay votos para conquistar y solo les quedan las desprestigiadas armas institucionales y las otras que reprimen.  Por eso hay otra lectura en el amedrentador discurso del personaje citado que alguna vez, en difusas elecciones, resultó presidente de Venezuela; trasfondo la amenaza es una confesión del inocultable hundimiento del experimento revolucionario, saben que no hay vuelta atrás y el tiempo les es precario.

Este artículo fue publicado en Diario la Nación, Táchira-Venezuela el 13/07/20017   
http://lanacionweb.com/columnas/opinion/armas-contra-votos/

sábado, 1 de julio de 2017

Prepotentes y déspotas 
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            Prepotentes y soberbios, así se pavoneaban por América Latina, Europa y también por el continente asiático, proclamando el socialismo del siglo XXI como bálsamo para salvar el mundo. No falto el amplificado eco hasta en adversarios ideológicos, incluso mandatarios de variadas estirpes aplaudían sus gracias; tampoco sobraron los supuestos “teóricos e “intelectuales” de muy dudosa fama mundial que disertaban sobre las supuestas maravillas de la revolución bolivariana. Y que decir de la llamada academia hispanoamericana donde era casi imposible asumir una postura crítica sobre la casta gobernante venezolana, menos aún disentir de su líder cívico-militar porque de inmediato saltaban los insultos de siempre, derechista, golpista, neoliberal y hasta el escuálido lo oímos alguna vez. 
            Pero en realidad no brillaban con luz propia, era una luz artificial conectada a los derivados del pozo petrolero y una chequera que se agitaba en los más oscuros rincones de la sobornada solidaridad. Para eso funcionaron a la perfección las fachadas integracionistas como Petrocaribe y la ALBA.
            Déspotas y altaneros hoy se mueven entre los residuos y la podredumbre, cobrando alguna cuenta en el paraíso fiscal caribeño o prometiendo un chorrito de petróleo a cualquier inescrupuloso negociante centroamericano o suramericano. Se les apagó el brillo de la luz artificiosa. Sólo les queda el soporte de la marginal y atrasada izquierda en España, Francia y Suramérica, algún devaluado foco guerrillero, unos pocos panfletarios revestidos de intelectuales, un par de fracasados y desprestigiados expresidentes ¡ah! También Raúl Castro, Mugabe y Putin.
            Prepotentes y soberbios, así asumieron la conducción del país prometiendo el paraíso en este territorio. Entonces con el apoyo mayoritario cambiaron la Constitución Nacional ofertaron empoderar al pueblo y “refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica…”. Así lo plasmaron en la Constitución Nacional y con grandilocuencia lo divulgaron por el mundo. También prometieron la gótica de petróleo para cada venezolano y anunciaron en un acto de astucia un conjunto de misiones sociales para superar la pobreza. En paralelo, durante mucho tiempo, cualquier acto disidente era calificado como un intento de golpe de estado que respondían con financiadas y costosas movilizaciones; así se lo hacían saber al “solidario” escenario internacional.
            Pero en realidad, como ha quedado demostrado, todo era una farsa pura y dura que solo tenía como objetivo adueñarse y perpetuarse en el poder. Ahora la chequera no tiene fondos, el caudillo ha desapareció y hasta sus propios correligionarios los abandonaron. Arruinaron en país, las misiones sociales y otros beneficios como los CLAP, así como los inverosímiles carnets de la patria, se crearon como los mecanismos humillantes del control político de la población vulnerable, de los más pobres. La democracia una fachada.
            Déspotas y altaneros, apoyados en un cuestionado Tribunal supremo de Justica y un perverso Consejo Nacional Electoral, hoy se mueven en los escombros revolución para impulsar un fraude e imponer un artilugio camuflado en Asamblea Nacional Constituyente de oscuros propósitos. Para alcanzar ese objetivo han desatado la brutal represión militar y han dado rienda suelta a los salvajes colectivos que actúan con saña, sin tapujos ni remordimientos.  Este es el único escenario que les queda a los falsos profetas de la revolución.
Este artículo fue publicado en Diario La Nación. Táchira, Venezuela el 29/06/2017

sábado, 17 de junio de 2017

Gochos entre mitos y realidades
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

            Hace aproximadamente tres años irrumpió en el paisaje tachirense un indignado movimiento vecinal geo-localizado básicamente en sectores urbanos y protagonizado por estratos medios que luego se extendió a unos pocos barrios de bajos recursos. La ciudad de San Cristóbal se convirtió en epicentro de la protesta colectiva que duro un par de meses. El agotamiento y la brutal represión del gobierno acabaron con la protesta. Fueron días difíciles, cierre de calles, vecinos afincados en sus extremas posiciones, el comercio paralizado y sin tránsito vehicular. ¿Tenían razón la indignación ciudadana? Sin duda tenían razón en sus legítimos reclamos, pero discrepamos de los procedimientos que, como era de esperarse, generaron la posterior frustración, ningún objetivo alcanzado.
            Aquella indignación no se comprendió en su esencia local ni estadal y creo que aún no se ha estudiado con rigurosidad. Fue una reacción crispada, nunca vista por esos lares. En medio de ese caos aparecieron los hashtags compitiendo por posesionarse no sólo en las redes sociales, también en los imaginarios locales y nacionales. Unos etiquetaron el gocho arrecho y en contraposición la autocracia cívico-militar gobernante también impuso por aquí el sello de “guarimbero”, hoy a toda protesta se califica en estos términos.
Lo cierto es que la legitima indignación ciudadana paso a segundo plano, pero el proceder de los manifestantes y sus barricadas fueron considerados por sectores extremistas (esos que sólo reclaman salidas inmediatas, proclaman el todo o nada, en fin militantes de la antipolítica) como reivindicado modelo y le encargaron a los gochos arrechos la tarea de iniciar la cruzada sin retorno para acabar con el gobierno. Menuda labor asignaron a quienes reclamaban el maltrato vecinal.
Hoy aun leemos los tuits de respetadas señoras y señores lanzando ultimatos desde sus teléfonos inteligentes en algún rincón caraqueño, invocando las fantasías bélicas de los gochos. Y en contrapartida surge otro mensaje que busca posesionarse como nueva etiqueta advirtiendo, con alguna razón, “hay que tener cuidado con los mitos gochos”.
Habrá que decir entonces, ni arrechos ni mitos gochos, inútiles etiquetas que desvían la atención de las múltiples reacciones ciudadanas para resistir la insoportable vida cotidiana. Y es que desde hace décadas la sociedad tachirense, los gochos, empezaron a sentir el acelerado deterioro de su calidad de vida, han tenido que habitar en un territorio convertido en escenario de las más inverosímiles medidas gubernamentales. Las hemos señalado varias veces en esta página de opinión. Las amenazas de guerra. La militarización fronteriza y las medidas represivas justificadas en un ambiente creado en que casi todos los habitantes eran sospechosos de contrabandistas. La escasez y el desabastecimiento que después se extendió a toda la geografía venezolana. Las colas que para entonces no se habían generalizado en el país. La inseguridad. La corrupción. Los gobiernos estadales ineficaces. En suma una vida cotidiana de pesares y humillaciones.
La verdad es que los ciudadanos tachirenses, los gochos han reaccionado desde todos los flancos, no se han doblegado ante el autoritarismo y la represión gubernamental. Esto ha ocurrido tanto en escenarios electorales donde el gobierno ha sufrido considerables derrotas (En 2012 Henrique Capriles 56,24%, Hugo Chávez, 43,24%; en 2103 Henrique Capriles 62,86%, Nicolás Maduro 36,97%; en 2015 MUD 76,60%, PSUV, 20,53%), pero también en las calles reclamando en multitudinarias marchas sus derechos y protestando contra un gobierno ineficaz y corrupto que pretende aferrarse al poder a través del fraude constituyente. Ni arrechos ni mitos gochos. Ciudadanos que reclaman vivir en un país mejor.

Este artículo de opinión fue publicado en Diario La Nación, Táchira Venezuela el 15/06/2017


domingo, 4 de junio de 2017

El territorio de la Protesta
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

           
Indignarse forma parte de la naturaleza humana que inevitablemente aflora cuando se afecta algún escenario de nuestras vidas. En el tejido social asociado a las realidades políticas, emerge como manifestación cuestionadora de fracasados gobiernos y se rebela como un poderoso acto para contener las tropelías y los desmanes del poder político institucional.   En determinadas circunstancias, cuando el progreso se convierte en una quimera, la justicia deja de ser valor esencial y se confisca la libertad, tal como viene ocurriendo en Venezuela, con un agregado de último momento, el intento de imponer el fraude presidencial disfrazado de Asamblea Constituyente para consolidar el poder dictatorial de los autócratas gobernantes, entonces la protesta es una urgencia, una necesidad manifiesta en la que convergen vastos sectores de la sociedad que perciben el riesgo y la amenaza.
            Es lo que hemos apreciado en los rostros indignados de todas las edades que se encuentran en las calles, respondiendo a las pacíficas protestas convocadas por una variada dirigencia política que ha entendido el rol que deben jugar en estos tiempos de incertidumbres. Gente que llora los 62 asesinatos del régimen, en su mayoría jóvenes estudiantes que aspiraban un futuro alejado del hambre, la miseria y el sometimiento. Ciudadanos reprimidos brutalmente por el único delito de ejercer el derecho constitucional de protestar para reclamar la inaplazable reconstrucción del país.            
            La indignación brota en cualquier ámbito de la cotidianidad, en todos los rincones de la geografía venezolana y hace lentamente publica en impensables sectores e individualidades vinculados a la revolución bolivariana, algunos son personajes conocidos que ejercieron algún cargo público, otros menos conocidos que se mantienen en sus atrincherados nichos, también se agitan las aguas en los llamados dirigentes de base; en cada caso no se duda en cuestionar la incompetencia del gobierno incluso las críticas se extienden al mandato de Chávez y todos se objetan en tono vehemente la imposición del fraude constituyente. Ojalá se escuche esta disidencia sin prejuicios y se observe como posible punto de encuentro de la protesta en la diversidad y sobre todo que no se atienda a la estigmatización y el chantaje tan frecuente en los grupos extremistas de intensa actividad tuitera que solo aceptan las peligrosas y aislacionistas barricadas.
            De las calles van quedando esas simbólicas y poderosas imágenes que han puesto en evidencia la escalada agresiva del régimen; son los venezolanos protestando desde sus individualidades perspectivas, el cuerpo desnudo frente a la tanqueta de la tiranía, el violinista frente al pelotón de militares “patriotas”, el desesperado médico tal vez suplicando respuesta humana al represor de turno o la mujer que no se intimida frente al terror desplegado por grupos o colectivos de motorizados.  Por ahí también quedan las imágenes contrapuestas, la lluvia de perdigones sobre el cuerpo, el violín roto sobre el asfalto, la bata blanca cubriendo el rostro del gas de la bomba lacrimógena.
Nadie ha escapado a la despiadada represión y sin embargo, todos continuamos ahí, en ese territorio de la protesta pacífica, rehusando a vivir en una sociedad del silencio y la precariedad, aferrados al paisaje de la esperanza.

Publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 01 /06/2017
 Nota: Las fotografías publicadas en este blog pertenecen al archivo MVM


domingo, 21 de mayo de 2017

La maldición del Dabucurí
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Han usado el tema indígena como bandera en el manoseado discurso antimperialista, no han dejado de utilizarlo en la retórica anticolonialista española cada vez que necesitan inventarse un enemigo externo y hasta se han inventado el “día de la resistencia indígena, por cierto con difusas argumentaciones históricas.  Sin embargo, toda esa retórica panfletaria ha quedado develada como una impostura en su práctica gubernamental. No es secreto que el gobierno “revolucionario” de Venezuela ha sido un importante comprador de armas a los distintos gobiernos españoles; en el primer semestre del año 2012 fue uno de sus principales clientes e incluyó hasta 2014 gas lacrimógeno tanto para la fuerza armada como la policía y en el año 2015 adquirió armamento, salvo material antidisturbios, por más de 13 millones de euros. El fariseísmo no tiene fronteras anticoloniales. 

Tampoco han disimulado sus propósitos con el nefasto decreto del Arco Minero del Orinoco en esos 111.843,70 km2 que abarca al estado Bolívar, parte de Delta Amacuro y Amazonas. Aunque los ambientalistas han denunciado con sustentada argumentación los profundos y negativos impactos medioambientales y se advierten los enormes daños que causaran a las comunidades indígenas, afectadas además desde diferentes perspectivas por la explotación ilegal de oro, diamante y coltán entre otros recursos mineros, esto no hace mella en las conciencias revolucionarias.  
Menos aún parece preocupar las deterioradas condiciones de los indígenas que están emigrando de sus territorios originarios para ocupar las calles en las ciudades de Venezuela o en el fronterizo Brasil y sobrellevar lamentables modos de vida.  Tampoco la proliferación de la malaria que por ejemplo, se ha extendido en el estado Amazonas básicamente en dos parroquias del municipio Atures, decretado en el boletín epidemiológico del año 2015 en situación de alarma. Pero en la defensa de la revolución cívico-militar no hay tiempo para estas bagatelas.

Y por si fuera poco, este estado Amazonas donde el 54% de los 143.142 habitantes son indígenas, ha sido objeto de un ensañamiento político sin escrúpulos. Aquí el abuso no tiene nombre, primero fue la burda anulación de las elecciones de los diputados de la entidad emitido por el ilegal Tribunal Supremo de Justicia, maniobra solicitada los diputados afectos al gobierno. Luego la inhabilitación injustificada y tramposa de la Contraloría General de la República al gobernador indígena de la entidad por un lapso de 15 años para ejercer cargos públicos. Sin duda que esa decisión es parte de la venganza del gobierno por haber perdido hasta el apoyo de las comunidades aborígenes. 

La reacción a tanta humillación indígena tenía que brotar más allá del ejercicio electoral y afloró desde el ancestro baniva del gobernador Liborio Guarulla al desafiar con la maldición del Dabucurí toda esta vileza. Explican los expertos que la fiesta de Dabucurí es parte de una ceremonia sagrada que los indígenas ofrecen a sus ancestros a través de danzas, comidas, frutos y bebidas con el propósito de recibir abundancia y prosperidad, pero cuando se invoca como maldición, entonces los beneficiarios de la prosperidad serán despojados de sus riquezas y sus vidas se hundirán en el dolor y la penuria. El baniva amenazó en los laberintos más oscuros de la vida, esos que tanto preocupan a quienes se creen omnipotentes y en lapidarias palabras les dijo, "les aseguro que no morirán sin tormento. Les aseguro que antes de morir comenzarán a sufrir y su alma va a vagar por los sitios más oscuros y pestilentes antes de poder cerrar los ojos". Al enterarme que otro estudiante de 17 años fue vilmente asesinado en Táchira por las fuerzas represivas del gobierno, confieso que, aunque no soy creyente ni indígena, no dejo de pensar en el conjuro del Baniwa. 

Este artículo fue publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela el 18 d mayo de 2017
http://lanacionweb.com/columnas/opinion/la-maldicion-del-dabucuri/