viernes, 14 de octubre de 2016

El destructivo arco minero del Orinoco
Mario Valero Martínez / @mariovalerom
  

Es un río imponente, observado desde sus orillas se vislumbra un panorama de infinito horizonte, navegar por su aguas despierta una sensación indescriptible; con razón este río ha sido el atractivo permanente de viajeros y exploradores. Alejandro Von Humboldt escribió en Viajes a las Regiones Equinocciales “…estos rasgos inciertos de paisaje, ese carácter de soledad y grandeza, son peculiares del río Orinoco, uno de los ríos más majestuosos del mundo”. Es en verdad un prodigio de la naturaleza venezolana. Y junto al río Orinoco, desde su nacimiento en el cerro Delgado Chalbaud en el estado Amazonas en la frontera con Brasil, se configura un extenso paisaje de maravillosa biodiversidad, con atractivos naturales protegidos a través de las figuras de parques nacionales, reservas forestales, monumentos naturales y hábitat de ancestrales comunidades indígenas.
La importancia de ese ámbito paisajístico se ha inventariado en muchos trabajos académicos e informes técnicos que destacan y claman por su protección geocultural y ambiental; sugerimos, por ejemplo, la lectura de los trabajos publicados en Geo-Venezuela, editado por la Fundación Polar.
En contraste, como se ha denunciado desde décadas una parte de este vasto territorio, especialmente en el estado Bolívar, ha estado sometido a las constantes y crecientes amenazas del negativo impacto que se desprende de la actividad minera ilegal. Hoy la fiebre del oro y otros apetecidos minerales como el coltan se ha incrementado exponencialmente. Innumerables voces han advertido sobre el peligroso avance en el deterioro de reservas forestales, fuentes hídricas, fauna silvestre, asimismo sus efectos sobre la vida humana. Por ejemplo, se alerta sobre la nociva invasión y explotación minera en la cuenca hidrográfica del río Caura, el grave impacto ambiental en El Callao, tan solo para mencionar un par de lugares asechados por una destructiva actividad que se expande brutalmente. La muerte también ronda en estas zonas, la que genera el uso inadecuado del mercurio, pero también las originadas en los enfrentamientos de bandas criminales por el control minero; para muestra reciente, el pasado 5 de octubre se denunció otro acto terrorífico, esta vez en la mina Nuevo Callo fueron asesinadas once personas. Es el otro horror detrás de las minas.
En décadas pasadas se criticaron los desaciertos gubernamentales por las ineficaces medidas para la contención destructiva de esta actividad minera, hoy no es diferente pero con un agravante, el gobierno nacional oficializa el deterioro ambiental. Sólo hay que leer el Decreto de Creación de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco” para corroborar el exabrupto; hasta título del decreto 2.248 indigna y el artículo 2 que delimita la poligonal de una zona de 111.843,70 km2 para la explotación minera, escudados en la soberanía nacional, la sustentabilidad y la transición del “rentismo” petrolero, aterra.
Unos detalles adicionales que merecen especial comentario. Entre los postulados fundamentales que rigen el decreto y en nombre de una supuesta ética socialista se propone la protección y respeto de los pueblos y las comunidades indígenas así como la participación del poder popular; la paradoja, los indígenas no fueron consultados y se desconoce el articulado constitucional en la delimitación de sus prometidos territorios ancestrales; en cuanto a la participación del poder popular es pura y dura demagogia. Esto se evidencia en el antidemocrático artículo 25 del nefasto Decreto 2.248 al señalar que “ningún interés particular, gremial, sindical, de asociaciones o grupos, o sus normativas prevalecerá sobre el interés general en el cumplimiento del objetivo contenido en el presente decreto”. En esencia se reprime y liquida cualquier preocupación ciudadana por los efectos de esta explotación minera. Y no conforme con esto, las amenazas ante cualquier protesta también se oficializan en este artículo. El eco-socialismo asoma sus garras depredadoras.



Publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela 13/10/2016
Fotos: Archivo MVM


lunes, 3 de octubre de 2016

Revocatorio, allí estaremos
Mario Valero Martínez

      Dividieron la geografía humana de Venezuela entre apátridas y nacionalistas, patriotas y realistas, derechistas e izquierdistas; hasta en las familias penetró la fragmentación. Trazaron las zonas rojas aglutinadoras de incondicionales, impusieron como castigo la exclusión y la persecución se convirtió en eje central de unas prácticas políticas perversas. Trocearon el territorio para construir los cotos cerrados de fanatizados acólitos creando espacios impenetrables para cualquier disidente; aún retumban las pavorosas amenazas que se proyectaban desde las llamadas esquinas calientes y los colectivos armados celebrando sus cómplices fechorías en nombre de la revolución.  
           
        Hicieron de la Constitución Nacional un librillo de plastilina maleable a los deseos del Líder Supremo y sus herederos; por cierto una práctica extendida hoy en muchas instituciones donde los estatutos y las normativas internas se interpretan y adaptan a los intereses de caudillos menores. La institucionalidad, base funcionamiento del sistema democrático, se fue moldeando para garantizar por tiempo indefinido la permanencia en el poder de la casta cívico-militar bolivariana gobernante. La autocracia se fue afianzando al tiempo que extendía sus tentáculos

Y desde ese poder, avasallando, reinventando falsas simbologías históricas, desdibujando la civilidad, desvalorizando la condición ciudadana, empobreciendo cada rincón del país, impusieron otras amorfas alegorías como etiquetas adaptables para tratar de mantener el control de las enceguecidas masas. El poder, escribe Rafael López Pedraza en Hermes y sus hijos, “... es el caso más extremo de la carente imagen, en donde en lugar de imaginación lo que hay es sólo una desierta tierra baldía”. Se podría pensar en esa desierta tierra baldía como el campo ideal en el despliegue de esas amorfas alegorías para expandir y consolidar las autocracias y los totalitarismos. Es la tierra baldía que dejaron quienes anteriormente detentaron el poder, abandonando el territorio para que se cubriera con lodos de este poder bolivariano que nos hunde en la miseria.

Se aprovecharon del fervor popular, utilizaron la democracia como coartada, controlaron férreamente todas las instituciones, ganaron elecciones con grosero ventajismo. Derrocharon el inmenso ingreso petrolero, arruinaron al país, nos empobrecieron. Ahora tienen el rechazo de la mayoría de venezolanos, aunque persisten en negar la evidente realidad. El poder se les desvanece aun cuando tienen a su servicio el Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Supremo de Justicia y las ilegales cadenas de radio y televisión para difundir temores y miedos, así como el sistema nacional medios de comunicación controlados por el estado-gobierno, dedicados a las amenazas y difamaciones diarias.  

 A pesar de toda esa truculencia el país opositor se mantuvo, advirtiendo, aguantando el chaparrón populista y la indignante represión. No ha sido ni será fácil, pero hoy estamos a punto de alcanzar otro escalón para iniciar el proceso de reconfiguración de la Venezuela que merecemos. Así lo anhelamos con urgencia la mayoría de ciudadanos. Afortunadamente la Mesa de Unidad Democrática (MUD) dirige por el sendero adecuado, transita por la ruta democrática, deslastrada de los chantajistas del atajo sin salida, aun cuando en el camino encuentre obstáculos inimaginables y más represión. Con la MUD vamos a otra prueba de fuego en la conquista de referéndum revocatorio, la próxima meta es la recolección del 20% de firmas, allí como siempre, estaremos defendiendo y ejerciendo nuestro derecho ciudadano.

Este artículo fue publicado en Diario la Nación-Táchira-Venezuela el 29/09/2016

jueves, 15 de septiembre de 2016

Venezolanos a la derecha, colombianos a la izquierda
Mario Valero Martínez

Viajar por las fronteras de Venezuela en sus lindes con Colombia después de anunciada la eliminación de algunas alambradas y la apertura parcial para la movilidad binacional nos permite confrontar, una vez más, la empobrecida realidad venezolana, al tiempo que deja al descubierto la manipulada argumentación utilizada por el gobierno nacional para decretar el cierre de los pasos fronterizos.

Al llegar a San Antonio del Táchira, punto de partida del itinerario, nos asalta la percepción de haber arribado a una pequeña ciudad, otrora comercial, transformada predominantemente en un gran estacionamiento de automóviles; en cualquier calle o terreno acondicionado para tales propósitos, se encuentran los “cuidadores de carros” que cobran la módica suma de mil bolívares al día. También se visualiza la oferta del transporte público, incluso regentado por el gobierno, dispuesto para movilizar a los pasajeros desde y en retorno a San Cristóbal.
Los viajantes convergemos en la avenida Venezuela con la mirada puesta en las travesías comerciales por La Parada, Cúcuta y sus alrededores; caminar es el único medio permitido para cruzar el borde limítrofe a través el puente Internacional Simón Bolívar. Casi al final del puente se lee en una desplegada pancarta “Gracias presidentes” junto a las imágenes de los mandatarios de ambos países. Entonces salta la enfada interrogante ¿Gracias por qué?, y se rememoran los acontecimientos de agosto de 2015 en los barrios fronterizos de Venezuela. Es la burla sin caretas. También allí se exhibe una señalética vial indicando con una flecha que los ciudadanos colombianos deben pasar por la izquierda y los venezolanos deben ir a la derecha en busca de improvisado sitio donde entregarán el inútil papel que registra la entrada al vecino país. El puente Internacional, otrora emblema de la integración y del intercambio sin distinción de nacionalidades, ahora se bifurca, simbolizando la impuesta fragmentación de la geografía intercultural. Atravesamos así la “nueva frontera” prometida.

En los recorridos por las calles de Cúcuta, la gente, calculadora en mano, compara precios, revisa las diferentes marcas de los productos; una práctica comercial casi olvidada en Venezuela. En cualquier lugar afloran con desaliento los comentarios sobre el devaluado bolívar y así se comparte entre desconocidos viajeros los lamentos nacionales en encuentros fortuitos. No faltan los establecimientos donde se venden los productos regulados en Venezuela, especialmente leche y azúcar, a precios iguales que en Colombia ¿Cómo llegaron allí? Preguntamos sin malicia, la respuesta fue el silencio total. Sin embargo el trato amable, solidario y hasta lastimero brota por todos lados. Pobres venezolanos parece fluir en el ambiente.


Al retorno se muestran los rostros de satisfactorio cansancio y con el objetivo alcanzado; los cauchos para los carros y los fardos en los hombros, el aceite, el jabón y el azúcar en el bolso. Así experimentamos un significado más de la “nueva frontera”. Cerca del puente internacional una larga fila de carretilleros ofrecen sus servicios para transportar la mercancía al otro lado, este también es el nicho emergente, la novedosa posibilidad del transporte transfronterizo.

  

Pero como se repite en el coro de la popular canción de Rubén Blades conocida como Pedro Navaja, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la viva ¡ay Dios!”. Para asombro de todos, las autoridades gubernamentales del Táchira anunciaron la venta en San Cristóbal de los productos colombianos a precios internacionales utilizando como lema central: “abastecimiento soberano con productos importados”. Esta ya es la burla sin disfraz. Además, tanto alarde con la independencia alimentaria para descubrir allí la dura realidad del promocionado Táchira potencia.

En otra Insólita argumentación los voceros gubernamentales declaran que el “abastecimiento soberano con productos importados” quiebra a los “bachaqueros”. Increíble, estos estafadores que comercian pública e ilícitamente con los productos regulados y controlados, son los que marcan el precio de competencia comercial en la oferta gubernamental. Francamente la burla total, sin antifaz y el negocio redondo para las élites de cuello rojo.

En el olvido tal vez va quedando la chapuza xenófoba desplegada en agosto de 2015 y la represión desatada en el barrio La Invasión localizado al borde del río Táchira. Ahora se ha inaugurado la “nueva frontera” prometida; otra guasa sin máscara. @mariovalerom

Nota: las fotografías pertenecen al archivo MVM 09/2016
Publicado en Diario de La Nación, San Cristóbal-Táchira, Venezuela 15/09/16


sábado, 3 de septiembre de 2016


Optimismo callejero en septiembre
Mario Valero Martínez
            Como paisajes portátiles llevamos en los imaginarios esos tiempos en que callejear por cualquier ciudad venezolana o adentrase en las profundas biodiversidades andinas, llaneras, amazónicas y caribeñas sin itinerarios preestablecidos, era la enriquecedora aventura emprendida para escapar de las rutinas diarias. Un placer cultural exploratorio hacia lugares desconocidos o el goce al retorno de paisajes que una vez descubiertos, se incorporaban a los trazados de las cartografías personales. Viajeros éramos en el país de las maravillas paisajísticas físicas y humanas.
            
En esos recorridos también se observaba un horizonte de crecientes desigualdades y acelerados contrastes socio-espaciales de la pobreza que las irresponsables élites político-gubernamentales apoltronadas, prepotentes, populistas y embriagadas en el confort de la renta petrolera no quisieron abordar con seriedad. Las grietas se ensancharon y por un rojizo barrizal se deslizaron en montonera quienes habían intentado, cañones y fusiles de por medio, asaltar la debilitada institucionalidad democrática en los primeros años de la década de los 90 del siglo pasado. Desde entonces los sobresaltos impregnaron la vida ciudadana hasta alcanzar las entrañas de la convivencia cotidiana y casi de manera imperceptible se fueron ensombreciendo estos paisajes tropicales.
            
No mintieron los protagonistas de la montonera revolucionaria. Guiados por la voracidad de un aplaudido caudillo militar, prometieron en aterradoras metáforas “freír cabezas en aceite”, azotar a latigazos, destruir lo construido. Recibieron el beneplácito de otras “élites” y el plácet electoral de una enceguecida masa aglutinadora de todos los sectores sociales; ricos y pobres ovacionaron hasta las inverosímiles crueldades.
            En medio de otro festín petrolero venezolano, los nuevos administradores izquierdistas bajo la sombra del caudillo militar, cumplieron sus alegóricas amenazas, violentaron toda norma de convivencia humana al tiempo que incrementaban las arcas de la corrupción bolivariana del siglo XXI, tal como lo hicieron otros en el pasado siglo XX. Los oscuros nubarrones se fueron expandiendo por todo el territorio a pesar de las advertencias de algunos ciudadanos que fueron acusados de apátridas y otros infames calificativos.
            
Derrochada la riqueza y acabado el festín petrolero, de pronto, como al despertar de un incomprensible sueño, casi todos andamos por ahí apesadumbrados, nostálgicos, atrapados en los muros de la supervivencia, añorando volver por aquellos paisajes, anhelando la calle sin el nervioso paso del asalto malandro, sin la angustia laberíntica por el alimento básico, sin el desespero mortal del medicamento no encontrado. De pronto nos vemos por allí, en masa, cruzando las fronteras a paso presuroso, sin intercambiar miradas ni palabras para tratar de comprar algún producto que satisfaga cualquier necesidad fundamental; la manipulada e incomprendida geografía limítrofe/fronteriza una vez más es tabla de salvación a pesar de las mentiras, los abusos y exabruptos de la casta revolucionaria gobernante.   
             
Para colmo esa progenie adoptada por el desaparecido caudillo de Sabaneta, sin inmutarse por su profundo fracaso y negando el empobrecimiento nacional, se considera heredera del territorio venezolano, dueña del país arruinado, propietaria de los derechos ciudadanos y elegida para insultar, vejar y azotar sin piedad en el paisaje humano que devastaron.

Hoy casi todos estamos aquí, aferrados al optimismo, intercambiando alentadoras palabras, reclamando legítimos derechos para enrumbar al país por las sendas de la productividad, el bienestar y el disfrute del paisaje multicolor. Esta es una de las valoraciones que tiene la concentración nacional pautada para Caracas este primero de septiembre de 2016. Ojalá que los hacedores de la política alternativa no se dejen arrastrar por el verbo ofensivo y deformador; insinuar exterminar al otro es tan lamentable y peligroso como amenazar con freír la cabeza del enemigo, los resultados están a la vista, ejemplos de la crueldad revolucionaria sobran.  

Deseamos escuchar voces políticas orientadoras para alcanzar el progreso y la justicia social a partir del referendo revocatorio, no la verborrea de algún resabiado militante de la vieja guardia que, al estilo del cuestionado caudillo militar, utiliza el lenguaje soez tal vez para endulzar oídos radicales. Todos queremos el discurso contundente y el país necesita con urgencia la palabra diferenciadora, porque los modos en las palabras pronunciadas también son esenciales para reconstruir los derruidos paisajes culturales venezolanos (@mariovalerom).

Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela 01/09/2016


jueves, 18 de agosto de 2016

Tarjeta, identidad y fronteras
Mario Valero Martínez

  
Algunos escenas previas a la reapertura de las fronteras entre Venezuela y Colombia dejaron en evidencia el rotundo fracaso de las políticas gubernamentales aplicadas en el territorio limítrofe venezolano sustentadas en el conflicto bilateral, certificaron que nunca hubo un plan alterno para construir la publicitada nueva frontera bolivariana y, entretelones rojos, se observó un contrastante juego geo-geoestratégico pulverizador de la arrogante e irresponsable postura de los funcionarios venezolanos.

Alejados de las fronteras en cuestión, Puerto Ordaz fue el lugar elegido, se concertó el encuentro de los presidentes de ambos países para abordar una salida al embrollo binacional. El presidente colombiano Juan Manuel Santos anunció la (re) apertura de la frontera en forma ordenada y gradual que, unilateral, brusca y arbitrariamente decidió cerrar su homólogo venezolano en 2015. El lugar, la escena y la resolución acordada han generado múltiples lecturas y variadas interpretaciones; subrayó el desmontaje de los argumentos utilizados por las autoridades venezolanos para justificar la inesperada medida.

En la escena local, abarrotada por desesperados venezolanos deseosos de cruzar la raya para comprar productos alimenticios y medicinas, un grupo musical compuesto por militares colombianos recibió a la gente al son de popular canción la Pollera Colorá. No es un dato curioso o una anécdota más en este dislate fronterizo. Tal vez habrá que observar este acto como una complementaria simbología contrastante con las terroríficas y humillantes escenas de hace un año. La música también cumple su rol geopolítico.

Pasada la euforia, surge la pesadumbre, aparecen las restricciones y probablemente vendrán otras complicaciones.

El acuerdo binacional dejó grandes insatisfacciones y escasas certezas. Salvo el positivo restablecimiento parcial y gradual de los intercambios fronterizos no se anunciaron políticas binacionales que permitan visualizar el aprovechamiento productivo de los territorios limítrofes ni el mejoramiento del bienestar ciudadano. Los puntos suplementarios conforman una lista de ambiguas intenciones, expresados en se creará un centro binacional, se trabajará en un comité técnico, se creará una mesa técnica…, pura retórica. La confusa tarjeta de control migratorio para el tránsito en los municipios colindantes, ha generado gran malestar y una disparatada polémica al no establecerse con claridad su utilidad o momentánea pertinencia.
Este documento administrativo no es novedoso, se ha implementado en otros ámbitos fronterizos de Latinoamérica. Brasil y Argentina lo incluyeron en el Acuerdo sobre Localidades Fronterizas Vinculadas en 2009, un concertado instrumento concebido para contribuir a la integración entre las comunidades de fronteras y mejorar su calidad de vida, proponiendo entre otros aspectos,  áreas de cooperación en materia de salud, educación, con especial mención a la enseñanza de la geografía y la historia en una perspectiva regional e integradora; igualmente asumiendo planes de desarrollo urbano conjunto en localidades donde sea posible o conveniente.

En 2010 Venezuela y Brasil concertaron un acuerdo similar denominado Ley Aprobatoria entre ambos gobiernos sobre localidades fronterizas vinculadas para las localidades de Santa Elena de Uairen y Pacaraima, incorporando la Cédula Vecinal Fronteriza; sin embargo, no hay información sobre la efectividad de esta medida en el ámbito geográfico señalado. En 2015 Bolivia, en convenio bilateral, implementó la Tarjeta Vecinal fronteriza en comunidades aledañas con Brasil y un año después se aplicó en las localidades fronterizas con Argentina.

En los ámbitos fronterizos de Venezuela y Colombia el documento exigido para la movilidad local ha generado suspicacias sobre todo en el contexto acordado, sin evaluar su eficacia en espacios caracterizados por intensas movilidades e intercambios geo-culturales de emergentes identidades inter-fronterizas.

Reabierta parcialmente la frontera este y otros aspectos relacionados con la gestión territorial a escala nacional y binacional deberían abordarse en abierto debate con especial participación de los actores locales (públicos y privados)y sin los prejuicios nacionalistas y patrioteros que han dominado los escenarios binacionales sobre el complejo drama fronterizo. (@mariovalerom)


Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 18/08/2016

jueves, 4 de agosto de 2016

Las fronteras más allá de la ley (y II)
Mario Valero Martínez
            Celebramos la anunciada apertura de las fronteras con Colombia. La razón progresivamente recupera los espacios asaltados por la insensatez y en esta ocasión se debe subrayar la persistente actitud   de los actores locales, las comunidades fronterizas tachirenses, especialmente la acción vecinal del grupo de mujeres organizadas en la ciudad de Ureña que traspasó las barreras limítrofes. Posteriormente la masiva e inesperada movilización de los habitantes del entorno y otros provenientes de distintos lugares del país dejó en evidencia, tal como lo señalamos en anterior artículo publicado en esta página de opinión, que a pesar de los problemas puntuales o coyunturales, las fronteras no son esencialmente el problema. Esto no parece entenderlo la vocería gubernamental que además, en tono guasón, ha tratado de desprestigiar el desespero y las necesidades humanas.
          
               Retirar las alambradas, restablecer los intercambios y permitir las interacciones binacionales (para los contrabandistas no hubo ni hay obstáculos) es urgente aspiración de la sociedad fronteriza y lo reclaman los agentes dedicados al comercio en todas sus escalas geográficas. El cierre de fronteras fue una medida inaudita, otro fracaso de los defensores del vetusto socialismo del siglo XXI. Tal vez este este oscuro episodio sirva de incentivo para que los actores regionales y locales, la institucionalidad civil, las ONGs, los centros universitarios y la comunidad fronteriza exploren los diversos escenarios para repensar las funcionalidades de los territorios y espacios colindantes a mediano y largo plazo. El propósito apuntaría a trazar los lineamientos básicos para la configuración de la imagen fronteriza deseada.

               El punto de partida podría estar focalizado en un franco debate sobre la gestión del territorio y la organización espacial, teniendo siempre como norte la búsqueda del aprovechamiento óptimo de las oportunidades productivas, el mejoramiento de las condiciones y la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, es indispensable advertir que cualquier iniciativa en esta materia, debería abordar previamente la restitución de la institucionalidad civil disminuida en su capacidad decisoria y opacada por el desmedido control territorial otorgado a los militares, incluyendo el férreo sometimiento de los ciudadanos.  Es indispensable abordar sin prejuicios y bajo distintos parámetros, la participación del estamento militar en los territorios de fronteras de acuerdo con lo establecido en la Constitución Nacional.
            
             Se debería considerar sin pasiones patrioteras, el reconocimiento de la conformación de sociedades de fronteras compuestas por comunidades binacionales vinculadas por la historia, los intereses comunes cotidianos y los grados de parentesco familiar, que se movilizan en espacios inter-fronterizos y emergentes geografías culturales. Simultáneamente habría que plantear un intercambio de ideas orientadoras que aporten al imprescindible proceso de deconstrucción de las imágenes y simbologías identificadoras de las fronteras como espacios violentos y de predomínante riesgo y amenaza a la integridad nacional, demostrando alternativamente sus capacidades humanas y productivas. Esto no implica ocultar o negar la grave y compleja problemática generada por guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes y las redes de contrabando que se expresa de manera preocupante en el reparto y control de ámbitos espaciales fronterizos, algunos considerados como verdaderos enclaves para delinquir. Este es el verdadero peligro que amenaza la integridad en todas sus dimensiones, no los ciudadanos que en sus itinerarios cotidianos cruzan los hitos rayanos con una bolsa de mercado. Toda esta situación debería tratarse con absoluta sinceridad a pesar de lo riesgoso del tema en cuestión.

      En abiertos escenarios se deberían examinar las opciones reales y posibles para el aprovechamiento óptimo de las potencialidades manifiestas y latentes en los espacios fronterizos, teniendo en cuenta las especificidades socio-territoriales, productivas, ambientales, culturales y paisajísticas. En este ámbito merecería especial atención, y particularmente en el estado Táchira, los sistemas y subsistemas urbanos en la articulación de los espacios nacionales y transfronterizos y de manera especial las ciudades limítrofes dinamizadoras de los intercambios binacionales.
             
            Habría que exigir el retorno a la descentralización administrativa para que los municipios y las entidades estadales incorporen el hecho o las situaciones fronterizas a las políticas de gestión territorial y organización espacial y deslastrase de las estrategias e imposiciones centralizadas que en muchos casos no reflejan las realidades locales, crean dualidad en la planificación, generan disputas de competencias que distorsionan, por ejemplo, las funcionalidades productivas de los espacios fronterizos.

Como se puede observar, la situación es compleja y requiere una desprejuiciada atención, sobre todo en estos momentos en que soplan inevitables vientos de cambio en Venezuela. @mariovalerom

Publicado en Diario La Nación. San Cristóbal, Táchira-Venezuela.


jueves, 21 de julio de 2016

Las fronteras más allá de la ley (I)
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

Próximos a cumplir un año del infausto cierre de las fronteras con Colombia decretado por el gobierno de Venezuela, las contrastantes imágenes son demoledoras.  Hace once meses observábamos desde la impotencia ciudadana, la infame deportación de ciudadanos colombianos. Inolvidables aquellas panorámicas de la gente cruzando el río Táchira con sus enseres, huyendo de la tierra que una vez los acogió; las familias colombo-venezolanas fragmentadas; las casas marcadas y destruidas al estilo facha. El amargo paisaje con todas sus aristas abarrotó las redes sociales, también fue asombrosa noticia en el ámbito internacional. Los portavoces del gobierno en perversa artimaña mediática, justificaban la nefasta medida como una necesidad para controlar el contrabando y la escasez que empezaba a mostrar las enormes grietas en la cotidianidad del venezolano. La militarización desplazó a la institucionalidad civil. No faltaron quienes desde diversas posiciones aplaudieron las tenebrosas alambradas, ni los famosos analistas que en profundas recomendaciones y rocambolesca sabiduría aprobaron el cierre fronterizo.

Entonces, estos confines territoriales venezolanas se convirtieron en diabólicos espacios, ámbitos de regocijo para quienes en manipuladas investigaciones las habían calificado como fronteras calientes. Fuego e infierno del hábitat en el submundo limítrofe. A los ciudadanos fronterizos sin excepción, les estamparon el mote de “bachaqueros” y la xenofobia alcanzó simpatías inimaginables.

 De un plumazo y con vallas metálicas se pretendió borrar el paisaje geográfico de los intercambios cotidianos, la historia de las relaciones familiares, el esfuerzo del trabajo de pequeños, medianos empresarios y comerciantes. Se estigmatizó la necesidad de comprar una medicina aquí o una harina pan allá; en suma, se trastocó el modo de vida de la interculturalidad binacional para desviar la atención de lo que ya era evidente, el rotundo fracaso del modelo impuesto por la revolución bolivariana.

Con la intensidad que aumentaba la hostilidad a los habitantes en las ciudades de fronteras, se consolidaban las redes del contrabando de bienes subsidiados por el gobierno nacional y se “tecnificaba” la matraca en las trochas aparentemente clandestinas. Al mismo tiempo crecían las colas y aumentaba la escasez en todo el territorio nacional. Progresivamente se fueron reventando las costuras, aflorando verdades; la gente empezó a notar que la debacle no tenía su origen esencialmente en la frontera.

Casi un año después las mujeres en la ciudad de Ureña irrumpen en escena, transgreden una absurda medida, desafían el poder militar, lo derriban, cruzan el puente y demuestran entre muchas otras cosas, que la frontera no es el problema. Al otro lado, que también ha sido su lado, tan sólo a unos minutos, van al encuentro de anaqueles abarrotados de productos. Sólo los fanáticos, tal vez enajenados, se atreven a calificarlas de “bachaqueras” y otros lamentables epítetos y burlas que sencillamente describen a quien las utiliza.  

Once meses después del cierre fronterizo, las imágenes mediáticas en el ámbito internacional muestran las masivas movilizaciones de ciudadanos de todo el país cruzando los puentes que unen a San Antonio y Ureña con sus espacios colindantes en Colombia, Cúcuta es el emblema. Compran los productos difíciles de encontrar en Venezuela o que son muy costosos en las redes del bachaqueo nacional; adquieren lo que se necesita para tener una vida cotidiana digna. Al retornar muestran los rostros de felicidad, el agradecimiento y la satisfacción; nadie los acusa de contrabandistas. Se desdibuja la xenofobia y la civilidad impone su marca.

De pronto, muchos descubren que las fronteras entre Venezuela y Colombia son una oportunidad. Ojalá que los actores públicos y privados, las alternativas políticas democráticas, los centros de investigación de las universidades y las ONGs, no encasillen las discusiones relacionadas con la búsqueda de soluciones para estos espacios en alguna ortodoxa Ley de Fronteras. Tal vez habría que auscultar en las políticas de gestión sustentadas en el ordenamiento territorial; en próxima entrega haremos algunas consideraciones sobre este tema.

Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 21 de julio de 2016

Bufones y tartufos del siglo XXI
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

En las aventuras geográfico-literarias se encuentran atajos, parajes, lugares, sucesos y personajes que conectan con los imaginarios de las convivencias cotidianas. Las emblemáticas figuras de bufones y el Tartufo son excelentes demostraciones.

El bufón es un sujeto tragicómico polifacético, héroe, pícaro a veces, burlón, deforme, repudiado y querido. Las reseñas especializadas datan su existencia desde la antigua China a Grecia, pasando por Roma y Malasia. En el medioevo alcanzó gran notoriedad, era divertimiento de reyes, por tanto, convivía en las entrañas del poder monárquico; privilegio que le permitía ascenso social y licencia para burlarse de los “enemigos” de los soberanos. La lista de bufones es larga y hay para todos los gustos.  El Tartufo, es personaje principal en la obra teatral del mismo nombre, escrita en 1664 por el dramaturgo francés Molière. En sus escenas se describe a este sujeto como falso devoto, beato hipócrita que dispone de poder tiránico, todo lo fiscaliza, todo lo controla, criticón miserable. Es ambicioso y corrupto. Para entonces la obra fue prohibida a petición de la Compañía el Santo Sacramento, una sociedad católica fundada en 1627, argumentando que atentaba contra los valores religiosos.
           
Los bufones y tartufos no son especies en extinción, con otros atuendos aparecen en cualquier rincón del mundo. En la Venezuela del siglo XXI tienen especial protagonismo, calificándose de izquierdas cívico-militares. Al quedar fuera de escena su líder “supremo”, emergieron de las oscuras zonas del confort revolucionario para heredar el poder y las maneras de ejercerlo al peor estilo de su desaparecido protector, burlándose del ciudadano encandilado y esquilmando las fuentes de riquezas del país.
           
El bufón criollo tiene múltiple faceta y varios trajes diseñados a sus medidas. Viste de canciller y declara en escenarios internacionales que no hay crisis en Venezuela, sólo campañas difamatorias, aunque no pueden ocultar su sarcástica sonrisa frente a las cámaras. Bien trajeado de vice-presidente, previa fumata de lumpia, seguramente con encriptado iPhone7, sistema operativo iOS 10, devela que está entrando Internet y va anotando con nombre y apellido los insultos que le hace a su presidente, ese que tiene 90% de rechazo nacional. Con batola blanca y nobiliario postura la Ministra Saludable, denuncia a los venezolanos por consumir el mayor número de medicamentos per cápita en el mundo y pide el uso racional de medicamentos. Chocante desfachatez. Con indumentaria camaleónica aparece el diputado suplente salta-talanquera, mofándose de los ciudadanos que hemos validado la firma para pedir el revocatorio del mandato presidencial.  Atavío bufonesco lleva un gobernador fronterizo cuando anuncia con sorna que tiene los alimentos requeridos por la población, pero no hay como distribuirlos. La lista de estos bufones es larga y con diverso pedigrí.
           
Los tartufos nacionales cumplen variados roles. El espécimen mayor aparece a diario con el mediático mazo cavernícola en mano, amedrentando, amenazando e intimidando; lo acompaña otro diputado con impecable indumentaria de marca que insulta y miente sin pudor. Le hacen comparsa un exgobernador especialista en bolívares negros, que pide al Tribunal Supremo de  (in)Justicia la abolición de la Asamblea Nacional, electa por ciudadanos en ejercicio de sus derechos democráticos; la juez y el generalote que en truculenta tramoya prohíben la difusión de información sobre estafas alimentarias; los propietarios de empresas de maletín y el dolarizado maletín argentino de un tal Antonini; las multimillonarias estafas de los boli-burgueses petroleros; los euros desviados a la financiación del partido chavista Podemos en España.  La lista de tartufos es larga, hay para todos los gustos, colores y olores.

Bufones y tartufos se funden y conforman una camada de trúhanes revolucionarios. Tienen sus malandros actuando impunemente, como los violentos que desnudaron y humillaron a los seminaristas en la ciudad de Mérida.
En la obra teatral de Moliére, Elmira dice a su esposo Orgón, “Yo no sé qué decir. Se necesita estar muy encaprichado y ciego, dominado por Tartufo, para no admitir lo que pasa hoy en día”.  Amanecerá y veremos.

Publicado en Diario La Nación, Táchira Venezuela. 7 de julio de 2016

Indiscutibles espacios del ciudadano
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

Los derechos ciudadanos no son dádivas otorgadas por una autoridad suprema, una deidad o líder eterno. Tampoco son baratijas concebidas para adornar los marcos constitucionales. Forman parte de los permanentes logros societales que, vinculados estrechamente a los derechos humanos, implican asimismo, la búsqueda constante de la  mejor calidad de vida. Uno de los aportes significativos en los últimos tiempos se sintetiza en la propuesta que apunta a la construcción de la ciudadanía integral, entendida como el acceso armonioso, y en conjunción indisociable, de los derechos cívicos, sociales, económicos y culturales,  tal como se desprende de lo expuesto en el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), denominado La democracia en América Latina (2004).
Como bien se sabe, estas perspectivas de los derechos ciudadanos se orientan a su aplicación universal, sin embargo, también se conoce por informes bien documentados que a pesar de las conquistas y los avances mundiales, muchos países aún están en mora con su optimización, mientras que en otros se mutilan para restringir  los espacios de las libertades ciudadanas sobre todo en el campo de la acción política; en América Latina, Cuba es su máxima expresión, a partir de allí se podría elaborar una escala geográfica con la degradación progresiva de los derechos ciudadanos que ahora tiene otro destacado epicentro, la República Bolivariana de Venezuela.
La alarmante situación que padece la población venezolana en aspectos fundamentales  como la alimentación y la asistencia médico-asistencial, son muestras fehacientes del resquebrajamiento de  los derechos humanos fundamentales, aunque los voceros gubernamentales se empeñen en panfletarias disquisiciones, demostrar lo contrario. Pero los actos que atentan contra los derechos ciudadanos se amplían como manchas rojas sobre el pavimento, basta con seguir la secuencia de las decisiones “institucionales” bajo control gubernamental en torno a la petición  del referendo revocatorio presidencial, para detectar la flagrante violación de los derechos políticos.
No se trata solo de los obstáculos y mentiras que la casta gobernante ha intentado imponer como matriz de opinión en torno al proceso refrendario. Se trata de algo también muy grave que incide directamente en las libres decisiones políticas del ciudadano y tiene que ver con el chantaje de los comisarios politicastros al obligar a los funcionarios públicos a retirar la firma de la  petición del referendo, previa amenaza con destituciones de sus puestos de trabajo. Acto humillante y execrable al que se une  el uso inhumano de la bolsa de comida repartida por miembros del partido de gobierno en los nuevos muros territoriales, operando con repugnante coacción para intentar contener el apoyo mayoritario en sectores más necesitados al acto refrendario.  Y, un poco más a fondo, en los recodos de esa panorámica, hay que subrayar  el perverso desconocimiento y la exclusión de un gran número de firmantes que dieron el apoyo  al citado referéndum, sustentados en  descabellados argumentos. Sin  rubor se intenta implantar el miedo como mecanismo de inhibición y control de los habitantes en sus localidades.
Firmar, validar y revocar son decisiones personales que encajan en el ejercicio indiscutible de los derechos políticos democráticos de los ciudadanos; en lo personal las asumo también, como parte de mis deberes para tratar de contribuir a contener la destrucción y el saqueo a que ha sido sometido Venezuela por la casta revolucionaria gobernante.
Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 25 de junio de 2016


Geografía del hambre
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

En el año 1966 se publicó la tercera edición en español del libro Geografía del Hambre (The Geography of Hunger) escrita por el brasileño Josué De Castro. La obra tuvo un gran impacto mundial al abordar una cuestión que para entonces, como lo señaló el autor, era un tema tabú; de igual manera el texto fue un importante aporte a los estudios de la geografía humana en su versión posibilista, pero trascendiendo la predominante atención lineal de la relación hombre-naturaleza. En 1975 el mismo autor  publicó en dos tomos una versión revisada de esta temática bajo el título Geopolítica del Hambre; en esta ocasión utilizó como fundamentación una perspectiva geopolítica que definió como una disciplina científica, aunque aclarando que la asumía como “método de interpretación de los fenómenos políticos en su realidad espacial” Dejando de lado estas y otras disquisiciones, a veces contradictorias en su esencial planteamiento, en ambos textos con similar contenido, logró poner en el tapete la discusión sobre el hambre en la humanidad.  

He recordado estos libros, arrinconados en la sección de la geografía olvidada en la biblioteca personal, a propósito de las escenas que a diario se observan en la dura realidad venezolana y guardando las distancias imprescindibles con los planteamientos del autor y los contextos analizados, nos retrotrae de nuevo al tema tabú pero en la Venezuela contemporánea: el hambre.

Impensable años atrás la terrible situación venezolana en materia alimenticia. El reciente informe del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) publicado en su página web es revelador al documentar 52 saqueos y 32 intentos de saqueos en el mes de mayo y en la sumatoria de cinco meses de 2016 la cifra es de 254 eventos con estas características; igualmente se registran las 172 protestas rechazando la escasez y el desabastecimiento y en lo que va del año el OVCS  documentó 680 protestas por alimentos. Brutal  los asaltos cada vez más frecuentes a establecimientos donde se presumen depósitos de rubros alimenticios.

Inimaginable años atrás la gente sometida a la violencia de los redes “bachaqueras” por el control de los escasos productos alimenticios. Irritante la humillación con el reparto de las migajas en bolsas de mercado dejadas por la corrupta boli-burguesía revolucionaria a través de esos esperpentos denominados Comité Locales de Alimentación y Producción (CLAP) que además, como se ha denunciado en los barrios más pobres, excluyen a quienes no militen en sus filas rojas; la barbaridad no tiene límites. Entristecedor encontrar a la gente gritando en profundo desespero “queremos comida”. Nuestro drama alimenticio se agudiza y no sólo se trata del consumo diario, también de los problemas nutricionales que afloran, tal como lo señalan los expertos.

Pero esa terrible realidad socio-espacial no existe para los voceros gubernamentales, no se muestran en sus despliegues mediáticos y se encubren en falaces y rancios discursos geopolíticos en el escenario internacional. Se empeñan en presentar a Venezuela como el país de las maravillas. Por cierto, ¿quién  ha visto el rostro del viceministro de la Suprema Felicidad? ¿Padecerá las dificultades de la gente en su cotidianidad? ¿Tendrá Hambre?  La realidad de las calles es cruda, los desnuda; de la pobreza nos deslizamos al hambre.

Tal vez nos sirva como síntesis referencial lo escrito por el geógrafo Max Sorre en el prefacio del libro Geopolítica del Hambre en su edición francesa: “Los cuadros más sombríos, que sólo estábamos acostumbrados a ver en la literatura, tomaron en nuestra carne calor y realidad”.

Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 9 de junio de 2016

Paisajes de la emergencia
Mario Valero Martínez /
@mariovalerom

            Sin duda, cualquier afección que altere la salud genera inmediata preocupación en la persona o comunidad que la padece, aunque su intensidad es proporcional al tipo de padecimiento. El cáncer, por ejemplo, es una enfermedad que hace saltar los más oscuros imaginarios, la sombra de hades acecha; se transita por caminos pedregosos, o por las orillas de riesgosos acantilados. Afortunadamente, cada día se reciben alentadoras noticias sobre tratamientos exitosos que aumentan las vidas salvadas. Para muchos, la esperanza se ha hecho realidad y entonces podemos contar la historia. Los especialistas en estas materias insisten en la necesidad urgente de crear ambientes adecuados para el tratamiento, así como estimular la investigación sobre ese terrible trastorno, eso requiere sinceras y prioritarias políticas gubernamentales de inversión. En términos globales, se trata de prestar mayor atención a la Geografía de la Salud.
            Pero lo observado en Venezuela en estos años no es nada alentador cuando se describe la dramática situación que gira en torno a este doloroso padecimiento. Son frecuentes las protestas tanto de gremios de la salud como de diferentes sectores sociales, denunciando las graves insuficiencias en los diferentes niveles de atención sanitaria; en las redes sociales aumentan aceleradamente los mensajes enviados por familiares o amigos de los desesperados pacientes con cáncer en la búsqueda de algún fármaco indispensable en su tratamiento; también agobian las reseñas sobre los elevados costos de la medicación. Y, lo más doloroso, los testimonios desde las fragilidades personales relatando sus dramáticos casos y cuando se trata de niños, lastima el alma, ocasiona pesadumbre y gran irritación.
            Entonces, casi al instante, emergen las informaciones que hacen recordar los millones y millones de dólares desviados en las danzas de la corrupción bolivariana a las amuralladas cuevas de los pillos que se mueven en el sector salud, y rebotan las millonarias sumas de dinero dilapidadas en inútiles armamentos militares. De la tristeza pasamos a la indignación. Según el Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo El gobierno revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela invirtió en el año 2015 la cantidad de 162 millones de dólares en compra de armas (147 millones en China; 6 millones en Estados Unidos, 5 millones e Austria y 4 millones en Holanda) y entre 1999 y 2015 gastó 5.620.000.000 millones en armamento militar. El fin de semana pasado el gobierno gastó un poco más de 20 millones de dólares en inverosímiles ejercicios militares. Las cifras no merecen más comentarios.
El cáncer es una enfermedad dura, desesperante, no espera; quienes lo padecen transitan por los paisajes de la emergencia. Nada justifica el estado en que se encuentra este y todo el sector salud, aquí también se revientan las costuras, evidenciando otro enorme fracaso gubernamental.
Entre tanto, uno de los vicepresidentes del gobierno, el profesor Aristobulo Isturiz en “magistral clase se pregunta ¿No les gusta Maduros? Y se responde: no les gusta “se lo calan”. Aquí también los comentarios sobran. Apoltronados en el poder político, apelan a panfletarias consignas socialistas para justificar la ruina y el descalabro del país. Razones sobran para no calárselo. Y sobre esas ruinas emergerá la Venezuela posible, esa esperanza no la mata un ejercicio militar de fin de semana, ni un ofensivo discurso profesoral.
Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 26 de mayo de 2016
http://lanacionweb.com/columnas/opinion/paisajes-de-la-emergencia?c=32135

Posturas sin matices Mario Valero Martínez Publicado en Diario La Nación.   Táchira-Venezuela 25/05/2018 Hace unas décadas ...