sábado, 25 de marzo de 2017

Brasil como destino
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

                            
Todos los días se leen frases similares en las infelices declaraciones de los dirigentes gubernamentales venezolanos. La diplomacia dejó de ser virtud y necesidad democrática; no hay límites, lo significativo es soltar algo retumbante para acaparar titulares en noticieros, demostrar radicalidad y sobre todo ocultar lo sustancial. Así son los modos y las modulaciones de la Canciller de Venezuela en sus encadenados insultos; recién ha dicho que “Brasil es una vergüenza mundial”. El desatino no deja de causar asombro puesto que, dejando de lado las agrias relaciones que ahora existen entre ambos gobiernos, la generalización es odiosa, impertinente. Ese despreciativo término no lo merece el territorio del autor de La desaparición de la Santa, Jorge Amado, o del creador del poema Muerte y vida severina, João Cabral de Melo Neto, tan sólo por citar a dos figuras literarias del vecino país. Es injusto calificativo para las gentes en las calles de Belem, Río de Janeiro, Belo Horizonte ciudad de los afectos personales, o cualquier otro rincón de su enorme y diversa geografía.
                
Sí es injusta la injuria de la Canciller al referirse a Brasil, también es inaceptable agravios semejantes para Venezuela y los venezolanos, aunque tengamos un gobierno ruin que empobreció al país a tal extremo que empujó a muchas familias al desesperado rebusque de los desperdicios de comida en la basura y en otros casos a tomar la decisión de arriesgarse a probar suerte en otros lugares explorando alguna oportunidad para un vivir un poco mejor, tal como ocurre al elegir al fronterizo Brasil  como destino. 
                
La delimitación entre ambos territorios es de 2.199 kilómetros de longitud, del lado venezolano se encuentran los estados Bolívar y Amazonas colindantes al otro lado con Roraima y Amazonas. La principal movilidad transfronteriza se establece ente los municipios Gran Sabana y Pacaraima, concretamente entre las localidades de Santa Elena de Uairen y Pacaraima, capitales municipales; es igualmente un paso fronterizo para las rutas de servicios de transporte público y privado que abarca el eje Puerto Ordaz-Ciudad Bolívar y Boa vista-Manaos, asimismo tiene destacada importancia en el intercambio del comercio binacional. Y, ahora, es ruta seleccionada por los emigrantes venezolanos que intentan adentrarse en el vecino país.

Aunque con escasa difusión en Venezuela, la creciente presencia de venezolanos fundamentalmente en los estados Roraima y Amazonas ha causado intensas polémicas entre detractores y defensores, gente solidaria. Los datos suministrados por el Comité Nacional para los Refugiados del Ministerio de Justicia de Brasil indican que para el año 2015 se registraron 341 venezolanos solicitando el estatus de refugiado, un año después la cifra se incrementó a 3.375 peticiones; se informa que para el 2016 los venezolanos ocuparon el primer lugar en demandas de refugio, seguidos por cubanos y angoleños; igualmente se señala que ese año se contabilizaron un total de 10.300 solicitudes de refugio para el vecino país, tres de cada diez peticiones las hicieron ciudadanos venezolanos. 

             
Hay aspectos singulares detectados en esta movilidad transfronteriza y es que un porcentaje significativo de los migrantes viven en improvisados refugios de los entornos urbanos y en precarias condiciones; de igual manera las informaciones recabadas señalan que de los 177 venezolanos registrados en condiciones ilegales en Manaos, 95% pertenecen al grupo indígena Waraoo, muchos deambulan por las calles de la ciudad pidiendo limosna; nada distinto a lo visto en las calles de Puerto Ordaz, San Félix, Ciudad Bolívar o cualquier ciudad cercana a los asentamientos indígenas.
                
La dura decisión de marcharse y optar por morar aunque sea en un refugio, es la demostración palmaria de profunda crisis y de las penurias padecidas en el lugar de origen. Pero la Canciller y en general el gobierno venezolano desvían la mirada del espeso drama que cruza las fronteras. Sí espeso. Como escribió João Cabral de Melo Neto en su poesía titulada Can sin plumas: Espeso / como una manzana es espesa. / Como una manzana / es mucho más espesa / si un hombre la come / que si un hombre la ve. / Como es aún mucho más espesa / si el hambre la come. / Como es aún mucho más espesa / si no la puede comer / el hambre que la ve.

Este artículo de opinión fue publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 23/03/2017
Las fotos de estas publicaciones pertenecen al archivo fotográfico MVM

           

domingo, 12 de marzo de 2017

Migraciones transfronterizas
Mario Valero Martínez @mariovalerom

                Abandonar un país, emigrar, no es una decisión fácil y salvo que se tenga garantizado alguna estabilidad laboral, familiar o relacional en el lugar de destino, pero aun así, es un viaje entre incertidumbres. Las razones para tal atrevimiento tiene diversos orígenes, las guerras, la violencia en diversas partes del mundo, el hambre y por supuesto el desempleo. También hay, y cada vez en crecimiento, los que se migran por opciones en sus especializados campos de trabajo. En cualquier caso, emigrar implica la búsqueda de otra calidad de vida o sencillamente se suma a la esperanza personal o familiar de encontrar una oportunidad para vivir en mejores condiciones.
Son movimientos muy complejos y a la vez, objeto de muchas especulaciones, usos y abusos interpretativos, unos con débiles fundamentaciones esgrimen que son producto de la globalización y hasta de la modernidad, otros los utilizan para culpabilizar a los emigrantes de sus problemas nacionales, ocurre en Estados Unidos, en Europa y también en América Latina. Y hasta el significado positivo, la potencialidad de los movimientos migratorios internacionales se opaca por el fuerte discurso de movimientos políticos nacionalistas que ven en los extranjeros peligrosos enemigos, una fórmula exitosa que alimenta la xenofobia.
                Y esto tristemente también lo estamos observando en Venezuela y Colombia, ahora que los venezolanos de todos los estratos y profesiones, forzados por las actuales precarias condiciones de vida, han emprendido la búsqueda de alternativas en otros destinos cercanos o lejanos. La utilización burda y manipulada de los datos demográficos sobre las migraciones, la exacerbación de cualquier hecho delictivo y hasta la ignorancia histórica y geográfica de las fronteras han formado parte de inverosímiles discursos gubernamentales en ambos países. Pronto se olvida lo que hemos sido, lo que somos.
                Y lo que somos, Venezuela y Colombia, países vecinos de intensas movilidades e intercambios. Y lo que hemos sido, territorios alternos de salvación en la precariedad humana vecinal. Cuando se leen las declaraciones de nacionalistas colombianos sobre Venezuela, saltan en la memoria los datos censales que registraron las crecientes corrientes migratorias entre 1950 y 1981 (55% entre 1950 y 1961, 42,6 a 1971, 64,9% a 1981) que por supuesto, no incluía una masa importantes de emigrantes colombianos no registrados.
La búsqueda de empleos mejor remunerados y la ventaja cambiara bolívar/peso, entre otros factores, se cruzaban como estímulo de los flujos migratorios provenientes del vecino país, unos en dirección a zonas rurales para emplearse en las actividades agrícolas y ganaderas, otros hacia los espacios industriales del centro-norte y por supuesto a las zonas de producción petrolera. Como ejemplo señalaremos que hacia finales de la década de los 70 el salario mínimo urbano era de 900 bolívares (209 dólares) que convertidos en pesos representaba 2.4 veces más que los 5.700 pesos del salario mínimo en el vecino país (71 dólares).  Esta importante diferencia, aun recibiendo un salario menor al decretado, era una poderosa razón para cruzar las fronteras, a lo que se agregaba la crisis económica y política colombiana reflejada en el incremento de la pobreza, el desempleo y la violencia.
                Ahora los flujos se han invertido casi con las mismas argumentaciones y cuando leemos las manipuladas declaraciones del gobierno de Venezuela sobre esta materia, entonces pensamos en ese contingente de venezolanos de todas las condiciones sociales y profesionales que han tomado como destino Colombia, impulsados por la profunda crisis social y económica en nuestro país. Los boletines de migración colombiana indican que entre 2013 y 2016 ingresaron a este país 1.260.957 venezolanos y salieron 907. 642, no retronaron 353.315; al desglosar las cifras por año, se observa que en 2013 no regresaron 31.424 personas y en 2016 no lo hicieron 160.243 ciudadanos. Aunque estos datos se han utilizado en estos días para reforzar la idea del crecimiento de flujos de venezolanos al vecino país, en algunos casos acompañados de noticias que cuestionan su presencia en el mercado laboral, aún quedan muchos cabos por atar para determinar la magnitud migratoria, tanto a este como a otros destinos internacionales; lo cierto es que una inocultable realidad venezolana.
                Lo lamentable en todo caso, es el uso y abuso que se hace de los datos sobre flujos migratorios; nótese que Venezuela sigue siendo el segundo destino preferido de los colombianos aunque en proceso de disminución (en 2012 entraron 475.007 procedentes de diferentes lugares del vecino país, cifra que disminuyó en 2015 a 371.521 y 109.864 en 2016) efecto del cierre de frontera.
                Hay quienes se empeñan en ver toda esta realidad desde sus fanatismos geopolíticos gubernamentales. Tal vez deberían apreciar estas migraciones transfronterizas como potencialidades binacionales que, además, contribuiría a borrar la horrorosa tendencia xenofóbica que irresponsablemente alientan.

Este artículo fue publicado en Diario la Nación, Táchira-Venezuela el 09/03/2017.

Las imágenes que se publican en este blog pertenecen al archivo fotográfico de MVM

martes, 28 de febrero de 2017

La sombra avanza ¿vencerá?
Mario Valero Martínez @mariovalerom

                La visual de esa ancha calle en la mañana es deplorable. Los residuos de objetos quemados, las piedras de cualquier tamaño y la basura esparcida a largo de la vía generan la sensación de estar transitando por un campo de batalla desolado, un amanecer sin rumbo; en realidad, lo sabemos, es una infructuosa guerrita que se intenta imponer en nuestras cotidianidades. El paisaje es avasallante. En la tarde esa calle es intransitable, campeadores y gendarmes retoman sus posiciones y la cruzada se vuelca sobre el asfalto. Piedras, perdigones, gasolina y bombas lacrimógenas forman parte del arsenal en la refriega. Al atardecer los combatientes dejan sus trincheras, retirada estratégica para el reposo de contendores que se enfrentarán de nuevo en la soleada tarde del siguiente día. En la noche, ya sin faena guerrera, la oscura calle se convierte en peligroso atajo vehicular; el acceso por ejemplo, a importantes centros de salud pública y privada del entorno se torna insufrible. Eso poco importa, en la infructuosa guerrita este es un detalle nimio.
                Luego, otra tarde más de encendido combate callejero. En esta ocasión nos invade la tristeza y la impotencia al ver una pequeña parte de la fachada del recinto univertitario localizado frente al epicentro de la batalla, ardiendo en llamas; las imágenes también se muestran en las redes sociales, héroes y villanos, villanos y héroes, guerreros todos, se atribuyen culpabilidades y hazañas; pero la única verdad es que la violencia ha extendido sus tentáculos. Unas horas después la gravedad del terrorífico acto ha pasado a segundo plano, pronto será olvido; entonces nos ronda el pesimismo y sospechamos que la sombra avanza ¿Vencerá en la Casa? Por ahora ha mostrado sus intencionalidades.
                Alguna certeza hay en todo este deprimente paisaje universitario, lo que sucede en esa calle es escenario predilecto de gobiernos totalitarios y neo-dictatoriales como el existente en Venezuela, el juego violento es su fortaleza. Esto les permite desviar la mirada sobre la profunda crisis que pacemos los venezolanos y dejar de lado aspectos sustanciales como la dramática situación por las que atraviesan las instituciones universitarias, especialmente las universidades autónomas. Las injustas e insuficientes asignaciones presupuestarias que afectan su funcionamiento integral. La considerable reducción de la matrícula. Los alumnos que aún quedan en los pasillos estudiando ya no sólo con el sacrificado apoyo de sus padres, sino compartiendo esta actividad con precarios empleos. Y qué se puede agregar al maltrato en el ejercicio docente, la investigación y la extensión. Así podríamos añadir una larga lista de problemas que desnudan la actual situación; unas comunidades universitarias alejadas de los avances científicos y técnicos en la sociedad del conocimiento. La involución es enorme.
Para colmo, cada vez son más escasas las discusiones y acciones sobre estos tópicos. La creatividad y la iniciativa, el estímulo por las conquistas reivindicativas, las exigencias por un mejor presupuesto, en general la defensa de la Universidad en debate a cielo abierto se desvanecen en oscuros pasillos. Para algunos lo alternativo es decir, me voy. El abandono y el desinterés provinciano han ganado considerable terreno, tal vez se piensa en colectivo que es mejor mirar a los lados, callar, dejar hacer, dejar pasar el estéril enfrentamiento violento que por cierto está a espaldas de la atropellada vida en la ciudad.
                Pero como suele ocurrir en tiempos de crisis, siempre emerge la luz esperanzadora. Los estudiantes lo han sido en todos estos años enfrentando, sin misteriosos atuendos pero con la fuerza de sus acciones y la palabra, a un régimen depredador que ve en las universidades peligrosos enemigos. El pasado viernes 18 de febrero el estudiantado de la Universidad Central de Venezuela dio otra magnifica lección de firmeza y sabiduría al elegir contra toda amenaza judicial y política a sus representantes estudiantiles; sin antifaces desafiaron el poder establecido, confrontaron a los grupos violentos e hicieron respetar la autonomía universitaria reivindicando sus derechos y el poder del vot0.   Anhelamos que este ejemplo se extienda a todas las comunidades universitarias, y deseamos que nunca tengamos frente a nuestras miradas aulas ni bibliotecas ardiendo en llamas. Estamos a tiempo. 

Este artículo fue publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 23/02/2017

viernes, 10 de febrero de 2017

El maltrato binacional
Mario Valero Martínez @mariovalerom

                La fotografía publicada en medios de comunicación digital no tiene desperdicio, en la imagen capturada no hay espontaneidad, es un encuadre preciso. En el fondo de la foto predomina un aviso anunciando la construcción de 240 viviendas gratis en Tibú, ciudad colombiana del fronterizo departamento Norte de Santander; en el plano principal se observa una pequeña pared en construcción sin columnas que la sostengan, sobre los bloques en obra limpia hay un recipiente que se supone contiene mezclilla de cemento; detrás de la pared posan cinco personajes vestidos con impecables camisas blancas de variado estilo, el que está en el centro es vicepresidente y candidato presidencial de Colombia, Germán Vargas Lleras, que con palustre en mano,  simula estar pegando bloques cual obrero de la construcción. La imagen sirve como claro ejemplo del malsano populismo que camina por la cordillera andina.
                La nota de prensa redactada debajo de la fotografía informa lo destacado del acto donde el vicepresidente/candidato anunció los pormenores del plan de viviendas gubernamental. Para reforzar la veracidad de la noticia se adjunta un archivo de audio que reproduce la vehemente arenga en la que se escucha al citado personaje decir que las casas son para los desplazados, “…pero que viva el Tibú, no vaya a dejar meter aquí a los venecos, no, por nada del mundo, esto no es para venecos…”. La imagen, la nota escrita y el audio con el inaceptable insulto xenófobo convergen en sospechosa intencionalidad electorera y se suma a la larga lista de maltratos binacionales especialmente dirigidos a los habitantes en sus vecindades fronterizas.
                No es secreto que en Venezuela y Colombia hay prácticas xenófobas, individuos y pequeños colectivos que idolatran sus banderas patrias y se sienten incontaminados nacionalistas, puros de sangre y territorio. Aunque esos grupos no son mayoría, en las fronteras tienen sus cofradías y de la cofradía colombiana surgió el insultante “veneco” utilizado con virulencia por el vicepresidente/candidato en Tibú; él conoce el significado del injurioso término, “venezolano coñ… madre”, también lo sabe la canciller del vecino país, no es un gentilicio como lo han señalado ambos personajes después de desatada la tormenta. Hasta esa justificación es una afrenta.
                Todo esto forma parte de las dramáticas relaciones colombo-venezolanas en las últimas décadas. Las palabras solidaridad, desarrollo humano, derechos humanos universales, cooperación, e integración se han suprimido de los glosarios gubernamentales, sustituyéndose por insultos, descalificaciones y expresiones xenofóbicas. Se impuso la geopolítica de la agresión y cada parte la utiliza en sus demenciales propósitos, unos para tratar de ocultar la quiebra de un país, otros intentando catapultar candidaturas presidenciales. En ese perverso escenario las fronteras dan rédito y los habitantes fronterizos, culpabilizados por todos los males nacionales y binacionales, son rentables. En estos contextos se inscriben las acusaciones de la casta gubernamental venezolana que sólo ve en las fronteras colombianas contrabando, narcotráfico y guerra económica, pero también la desvergonzada postura del vicepresidente de Colombia al agredir a venezolanos y colombo-venezolanos con el despectivo término.
                Qué pensará una madre que tiene dos hijos colombianos y tres venezolanos, o los que desde Bucaramanga o Bogotá se comunican con sus familiares en San Cristóbal, Valencia y Caracas o en sentido contrario.  Qué pensará María Gutiérrez, quien nos relató su travesía para una investigación sobre vendedores ambulantes, un periplo de incertidumbre migratoria, un viaje de huida: “… yo me vine viajando por Colombia, por Puerto López, llegué a Puerto Carreño, allí trabajé unos días y me dijeron que Guasdualito era muy bonito, me vine pa’ Arauca y así fui escalando, trabajando, llegué a Guasdualito, trabajé tres años y pa’que le voy a decir, trabajé vendiendo empanadas, cafecito, en una parte que llaman La Manga..., después me conseguí unas amistades y me dijeron que San Cristóbal es mejor y como puede me vine pa’ca, pa’ San Cristóbal y aquí estoy… aquí me moriré… tengo 8 hijos…ahí vivimos”
Los populistas en estos espacios binacionales también están de moda, a veces disfrazados de presidentes, vicepresidentes o candidatos presidenciales; sin escrúpulos utilizan lo que tengan a su alcance para lograr el objetivo, asaltar y mantener a toda costa el poder político. No les importa la condición humana, la inmoralidad los arropa. Aprendieron las lecciones del desaparecido Nuevo Mejor Amigo del presidente vecino. Uno los imagina sonriendo y mirando de reojo a Donald Trump con su muro fronterizo y cultivando el “intelecto” con su patético discurso. O con sus oxidados catalejos de guerra inexistente, siguiendo los pasos populistas del izquierdista Pablo Iglesias del Podemos español, o las truculentas y xenófobas hazañas del egocéntrico holandés Geert Wilders, o las chauvinistas proclamas de Marine Le Pen a quien le gusta “Alemania porque es alemana y Francia porque es francesa”. Total, todo vale en su falseada causa patriótica, pero sobre todo despreciar al otro, insultar al vecino.

Nota: este artículo fue publicado en Diario La Nación, San Cristóbal-Venezuela, el día 09/02/2017


viernes, 20 de enero de 2017

El  devastado  Táchira  fronterizo 
Mario Valero Martínez  

                Probablemente piensan que individuos y colectividades son torpes de memoria. Tal vez tengan escrito en sus guiones revolucionarios que lo prometido hoy, se olvida mañana. Lo cierto es que ofrecen e improvisan, cada semana decretan una medida peor que la anterior. Pero como las repercusiones son nefastas y la cotidianidad callejera los pone en evidencia, entonces inventan culpables externos que buscan hasta en desgastadas rayas fronterizas. Mienten, manipulan, marginan y amenazan constantemente.
                En ese libreto nacional se subrayan los calificativos ofensivos y denigrantes que tienen sus especificidades locales. En el recuerdo reciente emerge la “bolivariana” afirmación dirigida a los habitantes del Táchira “ser gochos es ser brutos, cochino, asqueroso, pecueco”; del oscuro rincón afloran palabras e imágenes reprimidas que expresan los deseos alojados en sombríos laberintos de quien los proyecta. Seguramente todo esto forma parte del legado que les dejó su Comandante Supremo quien al parecer tenía inquina por esas tierras andinas; como olvidar el menosprecio territorial cuando señaló que a monseñor Tal, afecto a sus planes, “por allá lo tienen en San Cristóbal, la conferencia episcopal lo mando casi al exilio”. La lectura es simple, la ciudad interiorana y la provincia es castigo terrenal.
                Pero no sólo han sido o son frases para el público de sus graderías, también se trata de acciones que manchan el paisaje, lo devastan. Algunas obedecen a la desastrosa gestión gubernamental a escala nacional, otras en cambio son desatinadas políticas regionales o locales.
                Ambas vertientes mantienen su hilo de complicidad y son responsables del profundo deterioro del estado Táchira. No es nueva esta situación, pero la verdad es que en esta última década se ha acelerado considerablemente. La productividad tachirense se encuentra en veloz caída; ya en el año 2014 mostraba alarmantes síntomas al registrarse en 56% el descenso de la producción y 65% en las ventas, según la información recabada por el gremio de comerciantes e industriales. Los factores principales apuntaban a la escasez de materia prima, la mala situación económica e incremento de costos, agregándose las políticas de regulación y control cambiario.
                 Nada distinto a lo ocurrido en el resto de Venezuela, pero en el caso del Táchira se agudizó en años sucesivos con la irresponsable política de las fronteras que afectó a medianos y pequeños empresarios y comerciantes en los municipios limítrofes. Esto fue parte de la coartada para tratar de ocultar los estrepitosos fracasos gubernamentales.
                Militarizaron la frontera, la convirtieron en escenario de guerras ficticia. Implementaron múltiples controles, incluso un dispositivo electrónico (chip o tag) para evitar el tráfico de gasolina; con todo, el contrabando se incrementó en todas sus dimensiones. En enero del 2015 prometieron la activación de la Zona Económica Especial de la frontera y desde el gobierno estatal se anunció que en seis meses unos 32 rubros serían exportados a Estados Unidos, Europa, Colombia, Centroamérica e Islas del Caribe, pero en agosto del mismo año decretaron abrupta y represivamente el cierre de las fronteras con Colombia; las negativas consecuencias se sintieron de inmediato.
                Prometieron nueva frontera y los municipios fronterizos hoy están en ruina. En el año 2016 anunciaron la apertura de la frontera, pero solo fue un parcial tránsito regulado para peatones, aunque ¡sorpresa! el gobierno estatal apareció ofertando productos importados de Colombia ¿Cómo pasaron al Táchira? Todo un misterio. Crearon estaciones de gasolina con precios internacionales en San Cristóbal cuando la frontera estaba cerrada para el libre tránsito vehicular. Luego anunciaron la apertura de estaciones de servicio para la venta de gasolina en pesos, así como la reapertura de casas de cambio insinuando acuerdos con Colombia, pero la cancillería del vecino país los desmintió, agregando que el gobierno y los gremios empresariales no están interesados en abrir estos espacios.  Ahora pretenden imponer en la opinión pública que el cierre fronterizo es culpa del vecino.
Se entramparon con las fronteras, obviaron la importancia de las relaciones transfronterizas, también su geografía cultural. Deterioran así, otra de las potencialidades básicas del estado Táchira. Arruinaron las fronteras más dinámicas de América Latina. Entretanto los tachirenses siguen la ruta del empobrecimiento generalizado. Ahora anuncian que para los estados fronterizos no se circulará, por ahora, el nuevo cono monetario; el país dividido hasta en el uso de sus monedas. Complejo panorama el que se vislumbra.


NOTA: Este artículo fue publicado en el Diario La Nación, Táchira-Venezuela. El 19/01/2017  http://lanacionweb.com/columnas/opinion/el-devastado-tachira-fronterizo/



viernes, 16 de diciembre de 2016


La ciudad cuatricentenaria de Ramón J. Velásquez
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

                Distorsionar la historia y desvalorizar los actores civiles con la intencionalidad de imponer la sesgada y autoritaria visión militarista ha sido el persistente empeño de quienes se han aferrado al poder político gobernante en la Venezuela del siglo XXI. La celebración de golpes de estado y la idolatría a fracasados caudillos populistas son expresiones de esas manipulaciones que tratan de por todos los medios posibles, incluyendo el currículo escolar, de borrar la civilidad y trastocar hasta la geografía cultural, desplegando esbozos panfletarios contentivos de acomodaticias consignas del poder dominante.
                Se podría afirmar sin embargo que esa intencionalidad no ha tenido el éxito deseado, la resistencia para no caer en esa trampa ideológica crece y se fortalece; no obstante, se deben seguir ampliando los espacios para rescatar la memoria histórica y reivindicar las personalidades civiles que desde sus talentosas miradas han dejado vastos aportes en la compresión de Venezuela. En este contexto celebramos los actos organizados en diferentes instituciones en torno al centenario del nacimiento del historiador tachirense Ramón J. Velásquez.
                 Su obra, extensa y fructífera se ha reseñado en estos días. En el ámbito local se ha subrayado la creación de la Biblioteca de Temas y Autores Tachirenses, reflejó del permanente vínculo con su territorio natal; pero vale la pena evocar el discurso que pronunciara con motivo de la celebración cuatricentenaria de la ciudad de San Cristóbal en 1961, valiosa disertación en la que Velásquez no sólo abordó las singulares circunstancias que dieron origen a la ciudad, también trazó un perfil histórico en diversas escalas geográficas, entretejiendo acontecimientos políticos y económicos, locales y nacionales, paisajes y lugares, afectos y cotidianidades que influyeron en la configuración del territorio y del modo de ser tachirense.
                Desde las referencias a las primeras exploraciones hispánicas en tierras andinas hasta el mandato otorgado a Juan Maldonado para “ubicar un puesto de recurso,…, un alto en el camino del Nuevo Reino de Mérida” se incluyen en una narrativa que reivindica el significado geográfico de la fundación de San Cristóbal. La ciudad señala Velásquez, “aparece desde el primer día como lo que es y ha sido siempre: un muro de comprensión para la tregua”, agregando la importancia de su marcada extensión como base territorial asociada a la conformación del Táchira. Esta perspectiva se podría interpretar como una valoración geoestratégica del acto fundacional.
                Pero no se detiene allí, extiende su perspectiva al lento y pobre crecimiento colonial para recrearse en los rasgos pobladores del territorio asignado a la ciudad y la cotidianidad emergente como sustento incipiente de la futura identidad tachirense al especular que “… por el valle hasta su límite comienza el laboreo que se extiende más tarde hacia el tobogán de las montañas, va surgiendo el hombre rural. En las calles comienza el diálogo entre caballeros de traje cuidadoso y el ejemplar rudimentario, aindiado que baja de la sierra”. En el imaginario discursivo se describe el encuentro sosegado y dicotómico de la naciente espacialidad rural y el detalle estético de la ciudad embrionaria en un paisaje donde se fusiona la naturaleza y la condición humana en la construcción de la identidad local. Dice Velásquez “los movimientos telúricos, la influencia del ambiente, trazan nuestras costumbres, definen nuestros hábitos, perfilan nuestra fisonomía y hasta nos dan el modo particular de pronunciar nuestra lengua”. Es esa mixtura que dejó profundas huellas en la configuración de una geografía cultural que define lo tachirense.
                En el discurso se hilvanan la relevancia de hechos políticos como el movimiento comunero (1781) o la presencia de Simón Bolívar en dos ocasiones por estos lares (1813 y 1820), reivindicando la participación local en esos eventos. Así se adentra en la historia y la geografía describiendo detalles cotidianos en los que no faltan las disputas locales “…que afloran como rústicas rosas de montañas en las estribaciones del alma regional”.
                Y luego, la prosperidad cafetalera tachirense y el avance cultural en las últimas décadas del siglo XIX. Las disputas provincianas, los anhelos ciudadanos en su fe por la Revolución Restauradora y las traiciones de las alianzas capitalinas; el Táchira en proceso de decadencia, reprimido y abandonado por su coterráneos que se alternan en el poder político y el inicio de un indetenible movimiento migratorio acentuado en las primeras décadas del siglo XX.  “Juan Vicente Gómez fue el epígono funeral de nuestros lares” señala Velásquez.
                Tienen espacial atención las constantes referencias al Táchira fronterizo. El relato de las familias cruzando la raya, huyendo del miedo y la represión. Pero también advierte sobre el alma fronteriza de la gente tachirense como constructora de la venezolanidad.
                En estos tiempos en que el Táchira padece la crueldad gubernamental y San Cristóbal se observa en la penumbra, bien vale releer el discurso de Ramón J. Velásquez. Aquí solo hemos apuntado algunas notas sueltas. Y como señaló el ilustre historiador: “Si alegre es el paisaje muy dura ha sido la odisea de cultivarlo, de poblarlo con el rumor del huso y el arado, de levantar la casa, de rastrear el suelo, sembrar el grano y cosechar la espiga: En tamaño ejercicio de trajines, de afanes, de esperanzas se ha conformado la escultura del pueblo tachirense: hecho a la sencillez para el afecto, tallado en el dolor para la vida”.

Nota: Este artículo fue publicado en Diario La Nación- Táchira. Venezuela el 15/12/2016



jueves, 8 de diciembre de 2016

Geografía y Literatura
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

                El tema no es banal aunque tampoco novedoso. En los relatos relacionados con  la historia del saber geográfico son frecuentes los señalamientos que vinculan a sus originarios propósitos descriptivos con las narrativas literarias de la antigüedad griega. La poesía épica, en particular la Ilíada y la Odisea atribuidas con razonables dudas y dispares criterios a Homero, se presentan como las obras pioneras en el registro de reseñas y atributos geográficos, provenientes de los detallados periplos de los viajeros navegantes que trasmitían oralmente o posteriormente apuntaban en sus bitácoras, agregando mitos, leyendas y las contempladas panorámicas de la naturaleza. Con esta referencia simplemente queremos subrayar, el legendario entretejimiento que ha existido entre la geografía y la literatura.
                Al observar la contemporánea ampliación temática de los estudios geográficos se detectan los crecientes intereses por abordar las miradas que tienen los novelistas, cuentistas y poetas sobre los territorios reales o imaginados. Al mismo tiempo, varias tendencias abocadas a las investigaciones literarias han puesto los focos de atención en el análisis de los espacios geográficos y sus configuraciones paisajísticas. Esta interacción geográfico-literaria ha adquirido una vasta importancia académica y especialmente se explora como soporte orientador de las prácticas pedagógicas; pero también está generando fructíferos resultados más allá de los escolarizados muros, al incorporarse progresivamente en los lineamientos culturales de las gestiones territoriales.
                En ambos escenarios hoy es posible encontrar diversas instituciones que apoyan decididamente las investigaciones interdisciplinarias en dichas áreas y cada vez son más las administraciones locales o regionales que incluyen la literatura y sus derivaciones en turismo literario como parte de las estrategias para tratar de ampliar y aprovechar al máximo los espacios culturales. Quizá los ejemplos más evidentes se perciban en las crecientes ofertas que invitan a realizar los recorridos urbanos, trazando como itinerarios referenciales las visuales sobre la ciudad aportadas por los escritores en sus textos literarios. En muchos casos, esas propuestas se apoyan también en las digitalizadas cartografías elaboradas a través los sistemas de información geográfica con el propósito de proyectar, nítidamente, estos recorridos en los espacios virtuales.
                En español, con sus puntos, comas, interrogantes y puntos suspensivos, existe un fantástico abanico de obras en las que los literatos recrean los diversos escenarios geográficos, ofreciendo otras perspectivas para descifrar, comprender y explicar, por ejemplo, los paisajes, las ciudades o las cotidianidades de sus calles. Pero no ha de extrañar que en esas andanzas geográfico-literarias, tropecemos en este siglo XXI con individualidades atrapadas en alguna huella decimonónica del parroquiano ruralismo latinoamericano que, en correspondencia con la defensa de la rígida parcela disciplinar, dictamine, sentencie: eso no procede. Entonces habrá que rebelarse y continuar por los senderos exploratorios de los territorios culturales.

Publicado en Diario La Nación-Táchira-Venezuela 05/06/2015
http://www.lanacion.com.ve/columnas/opinion/geografia-y-literatura/

jueves, 24 de noviembre de 2016

La sombra de la Xenofobia y el racismo
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Entrado el siglo XXI con la globalización y las tecnologías de información en plenitud expansiva, recordamos que hace varias décadas se argumentaba sobre las profundas modificaciones territoriales del futuro, apuntando a la reconfiguración de un mundo sin fronteras e interconectado en todas sus escalas geográficas. En esos contextos se debatió entre interculturalidad y multiculturalidad que, a pesar de sus diferencias discursivas, preveían la reducción de la xenofobia y el racismo. Estas miradas permitieron evaluar hace ocho años como avance significativo, la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos y aunque se advirtió que quedaban muchos prejuicios por desmontar, se percibió como un aliciente ejemplificador que verificaba indetenibles cambios en las relaciones humanas.
Pero no todo ha resultado como se auguraba. En medio de las transformaciones del modelo territorial y las conquistas de derechos humanos fundamentales, han surgido inesperados eventos socio-espaciales y políticos que advierten peligrosas regresiones. En Europa por ejemplo, han proliferado la construcción de muros y vallas fronterizas como medida para contener los movimientos migratorios que por diversas causas (refugio, asilo, hambrunas, empleos) se desplazan a los países de la Comunidad Europea. Esto, en parte, ha motivado el fuerte resurgimiento de posturas racistas y xenófobas que sirven de plataforma para la expansión de agrupaciones políticas de derecha e izquierda ocultadas en rancias posiciones nacionalistas.
No sólo Europa, América también sorprende. Bastante se ha escrito a cerca de las denigrantes opiniones del nuevo presidente de los Estados Unidos sobre los mexicanos y la construcción de nuevos muros fronterizos. Fue muy expresivo el presidente electo en la campaña electoral, no disfrazó sus intenciones, ni su escaso comportamiento ético con las mujeres; con todo eso recibió el voto favorable de la mitad del electorado. Aquí las sombras xenófobas y racistas emergen, se reorientan y esperan el momento oportuno para dar otro zarpazo; por ahora muestran intensa actividad en las redes sociales y los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan de Carolina del Norte, con la consigna “la raza de Trump unió a mi gente”, anuncian la celebración del presidente electo.  El futuro no pinta color de rosas.
En América del Sur estas sombras han mostrado sus tentáculos. Venezuela y Colombia las tienen allí, ocultas en sectores sociales y políticos que de vez en cuando despliegan en sus mapas nacionales.  Ayer fueron los problemas limítrofes, hoy las situaciones fronterizas. Basta recordar el levantamiento de alambradas para cerrar los pasos fronterizos, decretado por el gobierno de Venezuela en agosto 2015 y la arremetida contra los habitantes pobres del barrio La Invasión en San Antonio del Táchira. Represión, deportaciones, marcaje y destrucción de las casas de indocumentados, con el argumento del combate al contrabando causante de la escasez en Venezuela; luego quedó demostrado que las fronteras fueron una coartada para ocultar las verdaderas causas de la crisis venezolana. No obstante, el regodeo xenófobo ganó sus espacios sociales.
En ocasiones las respuestas del gobierno colombiano estuvieron salpicadas de la misma intencionalidad. En el anuncio de la deportación de 33 mujeres venezolanas de Barrancabermeja, el presidente colombiano señaló que esa medida trataba de evitar “la invasión de nacionales de Venezuela”. La advertencia, si bien correspondió a una postura nacionalista en ese juego de la pequeña geopolítica, coincidió con su homólogo venezolano al desconocer la dinámica en la convivencia vecinal. En ambos casos el daño quedó en el ambiente y sentimiento anti-colombiano / anti-venezolano alimentó los patrones xenófobos binacionales.
Estas sombras se extienden a otros entornos. La gobernadora del estado de Roraima, Brasil, se declaró en emergencia y denunció la masiva llegada de venezolanos, acusándolos de generar problemas de seguridad pública, crímenes, tráfico de drogas y contrabando; de nuevo la criminalización del vecino. En Panamá un grupo denominado Frente Amplio protesta y criminaliza la migración venezolana y convocó una manifestación que por fortuna fue un fracaso. En ambos casos, se obvia la realidad venezolana, pero se expanden las miradas xenófobas.
                 Cómo estas, se podrían señalar innumerables situaciones globales y locales que vislumbran un sombrío panorama. Ojalá todo quede en pasajero momento. Y en el caso venezolano, esperamos pronto el rescate del país para el bienestar de todo aquel que lo necesite.

Publicado en Diario La Nación. San Cristóbal, Táchira. 24/11/16


Todas las fotos de este blog pertenecen al archivo de M. Valero M.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Salsa brava en tiempo de crisis
Mario Valero Martínez /

            Vivimos tiempos de sobresaltos y constante incertidumbre. Las alternativas democráticas emergentes para enfrentar la profunda crisis venezolana tropiezan con las más variadas artimañas aplicadas por la minoritaria cúpula cívico-militar que gobierna este desvanecido país. Algunas no sorprenden son casi de manual, otras se afincan en las amenazas y el miedo e invariablemente se acude al cinismo y la ofensa; todo parece indicar que se tiene la manifiesta intencionalidad de infundir la desesperanza. Esto se devela claramente en las malévolas maniobras dirigidas a impedir la petición del referendo revocatorio, pero también en la burda manipulación difundida por los medios de comunicación controlados por el gobierno, del diálogo aceptado por la oposición democrática a través de la mediación del Vaticano.
            En la difusión permanente de esos mensajes, que también sirven para aparentar imbatibilidad, afloran las expresiones y las acciones que agudizan las sospechas relacionadas con los crípticos propósitos de la cúpula gobernante, al tiempo que causan exasperación en la cotidianidad del ciudadano que debe enfrentar todos los días la laberíntica realidad callejera de la supervivencia.       
            “Ni con votos ni con balas entrarán a Miraflores” es una de esas expresiones utilizadas por estos días orientados a sembrar el pesimismo. Es una frase que podría calificarse como una bravuconada más de un presidente que perdió la brújula y el apoyo popular. Sin embargo, la sentencia es alarmante y tiene otras lecturas. “Ni con votos…” es, trasfondo, un deseo supremo de liquidar el derecho ciudadano a elegir sus opciones políticas y suprimir definitivamente la democracia que pesa en los hombros de la casta revolucionaria acostumbrada a manejar el poder a su antojo. Esto se evidencia en el desconocimiento de la Asamblea Nacional elegida por la mayoría de la gente y dentro de ella la invalidación ilegal de los tres diputados del estado Amazonas. También se aprecia en el burdo cercenamiento del apoyo popular a la convocatoria del referendo revocatorio del presidente de la República. “Ni con balas” apunta a la provocación de un violento conflicto social en que subyace la negación de la decisión libre de los ciudadanos a través de procesos electorales. Habrá que recordar además que las armas están bajo control de los agentes y actores gubernamentales.
            Pero hay otras insolentes acciones enardecedoras y actos provocadores que persiguen incidir en la percepción del desconcertado ciudadano que ve todo está perdido y sin cambios posibles. En un país donde los hospitales no tienen insumos para atender a los más necesitados, los enfermos de cáncer viven en doble angustia que le causa la terrible enfermedad y la que genera el desespero por conseguir los fármacos para tratamiento médico indicado, o los tortuosos periplos urbanos a la caza del medicamento requerido; en un país donde la inflación se traga en minutos el ingreso quincenal y el empobrecimiento de la sociedad venezolana se profundiza, en medio de esta grave crisis social y económica, sale al aire un esperpento llamado Radio Miraflores con un programa musical dedicado a la salsa, amenizado por el “mandatario nacional”. Al ver este cinismo con bailanta incluida, es inevitable recordar Juanito Alimaña interpretada por Héctor Lavoe, o esa otra canción popular Pedro Navaja de Rubén Blades. El sarcasmo no tiene límites.
Pero es el momento de no dejarse atrapar por estas artimañas y confiar en los actores y partidos concertados en la Mesa de la Unidad Democrática. Bien se sabe que algunas sus decisiones no serán del agrado de todos y seguramente cometan sus equivocaciones, aunque hay que reconocer que son más los aciertos, no obstante, es la única fórmula que nos ha conducido a la exitosa conquista de los espacios políticos así como el apoyo mayoritario del electorado. Y es la alternativa real para desplazar a esa camarilla de ineficaces del gobierno. Por cierto, no hay que temer a las divergencias que se presentan al interior de la unidad democrática, esto también forma parte del país que debemos reconstruir. @mariovalerom

Publicado en Diario La Nación. Táchira Venezuela el 10/11/2016


miércoles, 2 de noviembre de 2016

El chantaje y la bolsa de mercado
Mario Valero Martínez /@mariovalerom

            La búsqueda del bienestar es inherente a la condición humana, permanentemente exploramos las vías para alcanzar una mejor calidad de vida. Confiamos en nuestras capacidades individuales y configuramos organizaciones socio-espaciales y territoriales para optimizar nuestras oportunidades donde lo público y lo privado tienen definidos y complementarios ámbitos funcionales; en esencia también construimos espacios culturales de prevaleciente respeto a la pluralidad, la diversidad, la tolerancia y la solidaridad. En estos contextos los derechos humanos se han convertido en pilares fundamentales de la convivencia ciudadana y la imperfecta democracia en la adecuada forma de gobierno que posibilita dirimir nuestras diferencias sociopolíticas. 

         Lamentablemente este ideario se ha pulverizado en la Venezuela del siglo XXI. Hoy somos un país con profundas heridas, frágiles paisajes y pobreza cotidiana; este es el resultado de casi dos décadas de Revolución Bolivariana dirigida por una casta gobernante que se desplaza aceleradamente del autoritarismo hacia formas dictatoriales en el ejercicio del poder.  El desconocimiento del voto ciudadano que optó por elegir a una mayoría opositora en la Asamblea Nacional, la negación al derecho de expresarse en el constitucional referendo revocatorio convocado para este año 2016, el férreo y servil control de instituciones como el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, son expresiones contundentes del atajo asumido; no es casualidad que ahora, sin rubor, los jefes cívico-militares revolucionarios le asignen poca importancia a los procesos electorales.

Pero hay frecuentes actos paralelos y suplementarios insoportables que confirman la naturaleza de la casta gobernante. No se trata sólo de la ruina del país, la corrupción, la represión o el incremento de la pobreza en todos los ámbitos de nuestras rutinas diarias, se trata de la profunda humillación que los operadores gubernamentales ejercen sobre la gente desesperada que acude a los espacios del mercadeo seleccionados para la venta algún producto regulado. No basta con el sometimiento  a las denigrantes colas, ni el engaño ofertado en las bolsas de mercado controlado por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), total la revolución es un comprobado timo; ahora sin tapujos y en los escenarios callejeros de obligada asistencia, los voceros gubernamentales utilizan el chantaje como mecanismo intimidatorio dirigido a quienes se benefician de las maltrechas misiones gubernamentales; sin disimulo el actual Ministro de Transporte y Obras Publicas vocifera en un acto público de su partido: “Escuálido y que firme (se refiere al referendo revocatorio) que se olvide del CLAP, …, y no lo queremos en la cola, que se olvide de la Misión Vivienda, que se olvide del Barrio Tricolor”. El personaje en cuestión reincide en estas artimañas sin inmutarse al violar los derechos humanos.

No son nuevas esas actitudes, durante estos años de Revolución Bolivariana se ha impuesto el chantaje como práctica política, lo novedoso en esta ocasión es que no son insinuaciones o discursos amenazantes en reuniones cerradas para amedrentar a empleados públicos, ahora se hace a cielo abierto. Esa es parte de la menguada fortaleza que les queda a un puñado de sujetos que se consideran dueños del país. Ya ni siquiera actúan como caporales, sencillamente muestran los rostros perversos sin la mascarada democrática.
           
         Estamos urgidos de un gobierno decente que borre del territorio venezolano cualquier chantaje envuelto en las bolsas del humillante mercado. Y aunque es un lugar común señalar que “la riqueza de una nación está en su gente”, sin embargo, en este espinoso camino por el que atravesamos habría que rescatar esa trillada aseveración e incorporarla hasta en nuestro quehacer cotidiano, para que sirva como un aliciente en la revalorización de nuestras capacidades individuales y contribuya a la necesaria reconstrucción del país. 


Este artículo fue publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 27/10/2016 http://lanacionweb.com/columnas/opinion/el-chantaje-y-la-bolsa-de-mercado/

viernes, 14 de octubre de 2016

El destructivo arco minero del Orinoco
Mario Valero Martínez / @mariovalerom
  

Es un río imponente, observado desde sus orillas se vislumbra un panorama de infinito horizonte, navegar por su aguas despierta una sensación indescriptible; con razón este río ha sido el atractivo permanente de viajeros y exploradores. Alejandro Von Humboldt escribió en Viajes a las Regiones Equinocciales “…estos rasgos inciertos de paisaje, ese carácter de soledad y grandeza, son peculiares del río Orinoco, uno de los ríos más majestuosos del mundo”. Es en verdad un prodigio de la naturaleza venezolana. Y junto al río Orinoco, desde su nacimiento en el cerro Delgado Chalbaud en el estado Amazonas en la frontera con Brasil, se configura un extenso paisaje de maravillosa biodiversidad, con atractivos naturales protegidos a través de las figuras de parques nacionales, reservas forestales, monumentos naturales y hábitat de ancestrales comunidades indígenas.
La importancia de ese ámbito paisajístico se ha inventariado en muchos trabajos académicos e informes técnicos que destacan y claman por su protección geocultural y ambiental; sugerimos, por ejemplo, la lectura de los trabajos publicados en Geo-Venezuela, editado por la Fundación Polar.
En contraste, como se ha denunciado desde décadas una parte de este vasto territorio, especialmente en el estado Bolívar, ha estado sometido a las constantes y crecientes amenazas del negativo impacto que se desprende de la actividad minera ilegal. Hoy la fiebre del oro y otros apetecidos minerales como el coltan se ha incrementado exponencialmente. Innumerables voces han advertido sobre el peligroso avance en el deterioro de reservas forestales, fuentes hídricas, fauna silvestre, asimismo sus efectos sobre la vida humana. Por ejemplo, se alerta sobre la nociva invasión y explotación minera en la cuenca hidrográfica del río Caura, el grave impacto ambiental en El Callao, tan solo para mencionar un par de lugares asechados por una destructiva actividad que se expande brutalmente. La muerte también ronda en estas zonas, la que genera el uso inadecuado del mercurio, pero también las originadas en los enfrentamientos de bandas criminales por el control minero; para muestra reciente, el pasado 5 de octubre se denunció otro acto terrorífico, esta vez en la mina Nuevo Callo fueron asesinadas once personas. Es el otro horror detrás de las minas.
En décadas pasadas se criticaron los desaciertos gubernamentales por las ineficaces medidas para la contención destructiva de esta actividad minera, hoy no es diferente pero con un agravante, el gobierno nacional oficializa el deterioro ambiental. Sólo hay que leer el Decreto de Creación de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco” para corroborar el exabrupto; hasta título del decreto 2.248 indigna y el artículo 2 que delimita la poligonal de una zona de 111.843,70 km2 para la explotación minera, escudados en la soberanía nacional, la sustentabilidad y la transición del “rentismo” petrolero, aterra.
Unos detalles adicionales que merecen especial comentario. Entre los postulados fundamentales que rigen el decreto y en nombre de una supuesta ética socialista se propone la protección y respeto de los pueblos y las comunidades indígenas así como la participación del poder popular; la paradoja, los indígenas no fueron consultados y se desconoce el articulado constitucional en la delimitación de sus prometidos territorios ancestrales; en cuanto a la participación del poder popular es pura y dura demagogia. Esto se evidencia en el antidemocrático artículo 25 del nefasto Decreto 2.248 al señalar que “ningún interés particular, gremial, sindical, de asociaciones o grupos, o sus normativas prevalecerá sobre el interés general en el cumplimiento del objetivo contenido en el presente decreto”. En esencia se reprime y liquida cualquier preocupación ciudadana por los efectos de esta explotación minera. Y no conforme con esto, las amenazas ante cualquier protesta también se oficializan en este artículo. El eco-socialismo asoma sus garras depredadoras.



Publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela 13/10/2016
Fotos: Archivo MVM


Posturas sin matices Mario Valero Martínez Publicado en Diario La Nación.   Táchira-Venezuela 25/05/2018 Hace unas décadas ...