jueves, 24 de noviembre de 2016

La sombra de la Xenofobia y el racismo
Mario Valero Martínez / @mariovalerom

Entrado el siglo XXI con la globalización y las tecnologías de información en plenitud expansiva, recordamos que hace varias décadas se argumentaba sobre las profundas modificaciones territoriales del futuro, apuntando a la reconfiguración de un mundo sin fronteras e interconectado en todas sus escalas geográficas. En esos contextos se debatió entre interculturalidad y multiculturalidad que, a pesar de sus diferencias discursivas, preveían la reducción de la xenofobia y el racismo. Estas miradas permitieron evaluar hace ocho años como avance significativo, la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos y aunque se advirtió que quedaban muchos prejuicios por desmontar, se percibió como un aliciente ejemplificador que verificaba indetenibles cambios en las relaciones humanas.
Pero no todo ha resultado como se auguraba. En medio de las transformaciones del modelo territorial y las conquistas de derechos humanos fundamentales, han surgido inesperados eventos socio-espaciales y políticos que advierten peligrosas regresiones. En Europa por ejemplo, han proliferado la construcción de muros y vallas fronterizas como medida para contener los movimientos migratorios que por diversas causas (refugio, asilo, hambrunas, empleos) se desplazan a los países de la Comunidad Europea. Esto, en parte, ha motivado el fuerte resurgimiento de posturas racistas y xenófobas que sirven de plataforma para la expansión de agrupaciones políticas de derecha e izquierda ocultadas en rancias posiciones nacionalistas.
No sólo Europa, América también sorprende. Bastante se ha escrito a cerca de las denigrantes opiniones del nuevo presidente de los Estados Unidos sobre los mexicanos y la construcción de nuevos muros fronterizos. Fue muy expresivo el presidente electo en la campaña electoral, no disfrazó sus intenciones, ni su escaso comportamiento ético con las mujeres; con todo eso recibió el voto favorable de la mitad del electorado. Aquí las sombras xenófobas y racistas emergen, se reorientan y esperan el momento oportuno para dar otro zarpazo; por ahora muestran intensa actividad en las redes sociales y los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan de Carolina del Norte, con la consigna “la raza de Trump unió a mi gente”, anuncian la celebración del presidente electo.  El futuro no pinta color de rosas.
En América del Sur estas sombras han mostrado sus tentáculos. Venezuela y Colombia las tienen allí, ocultas en sectores sociales y políticos que de vez en cuando despliegan en sus mapas nacionales.  Ayer fueron los problemas limítrofes, hoy las situaciones fronterizas. Basta recordar el levantamiento de alambradas para cerrar los pasos fronterizos, decretado por el gobierno de Venezuela en agosto 2015 y la arremetida contra los habitantes pobres del barrio La Invasión en San Antonio del Táchira. Represión, deportaciones, marcaje y destrucción de las casas de indocumentados, con el argumento del combate al contrabando causante de la escasez en Venezuela; luego quedó demostrado que las fronteras fueron una coartada para ocultar las verdaderas causas de la crisis venezolana. No obstante, el regodeo xenófobo ganó sus espacios sociales.
En ocasiones las respuestas del gobierno colombiano estuvieron salpicadas de la misma intencionalidad. En el anuncio de la deportación de 33 mujeres venezolanas de Barrancabermeja, el presidente colombiano señaló que esa medida trataba de evitar “la invasión de nacionales de Venezuela”. La advertencia, si bien correspondió a una postura nacionalista en ese juego de la pequeña geopolítica, coincidió con su homólogo venezolano al desconocer la dinámica en la convivencia vecinal. En ambos casos el daño quedó en el ambiente y sentimiento anti-colombiano / anti-venezolano alimentó los patrones xenófobos binacionales.
Estas sombras se extienden a otros entornos. La gobernadora del estado de Roraima, Brasil, se declaró en emergencia y denunció la masiva llegada de venezolanos, acusándolos de generar problemas de seguridad pública, crímenes, tráfico de drogas y contrabando; de nuevo la criminalización del vecino. En Panamá un grupo denominado Frente Amplio protesta y criminaliza la migración venezolana y convocó una manifestación que por fortuna fue un fracaso. En ambos casos, se obvia la realidad venezolana, pero se expanden las miradas xenófobas.
                 Cómo estas, se podrían señalar innumerables situaciones globales y locales que vislumbran un sombrío panorama. Ojalá todo quede en pasajero momento. Y en el caso venezolano, esperamos pronto el rescate del país para el bienestar de todo aquel que lo necesite.

Publicado en Diario La Nación. San Cristóbal, Táchira. 24/11/16


Todas las fotos de este blog pertenecen al archivo de M. Valero M.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Salsa brava en tiempo de crisis
Mario Valero Martínez /

            Vivimos tiempos de sobresaltos y constante incertidumbre. Las alternativas democráticas emergentes para enfrentar la profunda crisis venezolana tropiezan con las más variadas artimañas aplicadas por la minoritaria cúpula cívico-militar que gobierna este desvanecido país. Algunas no sorprenden son casi de manual, otras se afincan en las amenazas y el miedo e invariablemente se acude al cinismo y la ofensa; todo parece indicar que se tiene la manifiesta intencionalidad de infundir la desesperanza. Esto se devela claramente en las malévolas maniobras dirigidas a impedir la petición del referendo revocatorio, pero también en la burda manipulación difundida por los medios de comunicación controlados por el gobierno, del diálogo aceptado por la oposición democrática a través de la mediación del Vaticano.
            En la difusión permanente de esos mensajes, que también sirven para aparentar imbatibilidad, afloran las expresiones y las acciones que agudizan las sospechas relacionadas con los crípticos propósitos de la cúpula gobernante, al tiempo que causan exasperación en la cotidianidad del ciudadano que debe enfrentar todos los días la laberíntica realidad callejera de la supervivencia.       
            “Ni con votos ni con balas entrarán a Miraflores” es una de esas expresiones utilizadas por estos días orientados a sembrar el pesimismo. Es una frase que podría calificarse como una bravuconada más de un presidente que perdió la brújula y el apoyo popular. Sin embargo, la sentencia es alarmante y tiene otras lecturas. “Ni con votos…” es, trasfondo, un deseo supremo de liquidar el derecho ciudadano a elegir sus opciones políticas y suprimir definitivamente la democracia que pesa en los hombros de la casta revolucionaria acostumbrada a manejar el poder a su antojo. Esto se evidencia en el desconocimiento de la Asamblea Nacional elegida por la mayoría de la gente y dentro de ella la invalidación ilegal de los tres diputados del estado Amazonas. También se aprecia en el burdo cercenamiento del apoyo popular a la convocatoria del referendo revocatorio del presidente de la República. “Ni con balas” apunta a la provocación de un violento conflicto social en que subyace la negación de la decisión libre de los ciudadanos a través de procesos electorales. Habrá que recordar además que las armas están bajo control de los agentes y actores gubernamentales.
            Pero hay otras insolentes acciones enardecedoras y actos provocadores que persiguen incidir en la percepción del desconcertado ciudadano que ve todo está perdido y sin cambios posibles. En un país donde los hospitales no tienen insumos para atender a los más necesitados, los enfermos de cáncer viven en doble angustia que le causa la terrible enfermedad y la que genera el desespero por conseguir los fármacos para tratamiento médico indicado, o los tortuosos periplos urbanos a la caza del medicamento requerido; en un país donde la inflación se traga en minutos el ingreso quincenal y el empobrecimiento de la sociedad venezolana se profundiza, en medio de esta grave crisis social y económica, sale al aire un esperpento llamado Radio Miraflores con un programa musical dedicado a la salsa, amenizado por el “mandatario nacional”. Al ver este cinismo con bailanta incluida, es inevitable recordar Juanito Alimaña interpretada por Héctor Lavoe, o esa otra canción popular Pedro Navaja de Rubén Blades. El sarcasmo no tiene límites.
Pero es el momento de no dejarse atrapar por estas artimañas y confiar en los actores y partidos concertados en la Mesa de la Unidad Democrática. Bien se sabe que algunas sus decisiones no serán del agrado de todos y seguramente cometan sus equivocaciones, aunque hay que reconocer que son más los aciertos, no obstante, es la única fórmula que nos ha conducido a la exitosa conquista de los espacios políticos así como el apoyo mayoritario del electorado. Y es la alternativa real para desplazar a esa camarilla de ineficaces del gobierno. Por cierto, no hay que temer a las divergencias que se presentan al interior de la unidad democrática, esto también forma parte del país que debemos reconstruir. @mariovalerom

Publicado en Diario La Nación. Táchira Venezuela el 10/11/2016


miércoles, 2 de noviembre de 2016

El chantaje y la bolsa de mercado
Mario Valero Martínez /@mariovalerom

            La búsqueda del bienestar es inherente a la condición humana, permanentemente exploramos las vías para alcanzar una mejor calidad de vida. Confiamos en nuestras capacidades individuales y configuramos organizaciones socio-espaciales y territoriales para optimizar nuestras oportunidades donde lo público y lo privado tienen definidos y complementarios ámbitos funcionales; en esencia también construimos espacios culturales de prevaleciente respeto a la pluralidad, la diversidad, la tolerancia y la solidaridad. En estos contextos los derechos humanos se han convertido en pilares fundamentales de la convivencia ciudadana y la imperfecta democracia en la adecuada forma de gobierno que posibilita dirimir nuestras diferencias sociopolíticas. 

         Lamentablemente este ideario se ha pulverizado en la Venezuela del siglo XXI. Hoy somos un país con profundas heridas, frágiles paisajes y pobreza cotidiana; este es el resultado de casi dos décadas de Revolución Bolivariana dirigida por una casta gobernante que se desplaza aceleradamente del autoritarismo hacia formas dictatoriales en el ejercicio del poder.  El desconocimiento del voto ciudadano que optó por elegir a una mayoría opositora en la Asamblea Nacional, la negación al derecho de expresarse en el constitucional referendo revocatorio convocado para este año 2016, el férreo y servil control de instituciones como el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, son expresiones contundentes del atajo asumido; no es casualidad que ahora, sin rubor, los jefes cívico-militares revolucionarios le asignen poca importancia a los procesos electorales.

Pero hay frecuentes actos paralelos y suplementarios insoportables que confirman la naturaleza de la casta gobernante. No se trata sólo de la ruina del país, la corrupción, la represión o el incremento de la pobreza en todos los ámbitos de nuestras rutinas diarias, se trata de la profunda humillación que los operadores gubernamentales ejercen sobre la gente desesperada que acude a los espacios del mercadeo seleccionados para la venta algún producto regulado. No basta con el sometimiento  a las denigrantes colas, ni el engaño ofertado en las bolsas de mercado controlado por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), total la revolución es un comprobado timo; ahora sin tapujos y en los escenarios callejeros de obligada asistencia, los voceros gubernamentales utilizan el chantaje como mecanismo intimidatorio dirigido a quienes se benefician de las maltrechas misiones gubernamentales; sin disimulo el actual Ministro de Transporte y Obras Publicas vocifera en un acto público de su partido: “Escuálido y que firme (se refiere al referendo revocatorio) que se olvide del CLAP, …, y no lo queremos en la cola, que se olvide de la Misión Vivienda, que se olvide del Barrio Tricolor”. El personaje en cuestión reincide en estas artimañas sin inmutarse al violar los derechos humanos.

No son nuevas esas actitudes, durante estos años de Revolución Bolivariana se ha impuesto el chantaje como práctica política, lo novedoso en esta ocasión es que no son insinuaciones o discursos amenazantes en reuniones cerradas para amedrentar a empleados públicos, ahora se hace a cielo abierto. Esa es parte de la menguada fortaleza que les queda a un puñado de sujetos que se consideran dueños del país. Ya ni siquiera actúan como caporales, sencillamente muestran los rostros perversos sin la mascarada democrática.
           
         Estamos urgidos de un gobierno decente que borre del territorio venezolano cualquier chantaje envuelto en las bolsas del humillante mercado. Y aunque es un lugar común señalar que “la riqueza de una nación está en su gente”, sin embargo, en este espinoso camino por el que atravesamos habría que rescatar esa trillada aseveración e incorporarla hasta en nuestro quehacer cotidiano, para que sirva como un aliciente en la revalorización de nuestras capacidades individuales y contribuya a la necesaria reconstrucción del país. 


Este artículo fue publicado en Diario La Nación, Táchira-Venezuela el 27/10/2016 http://lanacionweb.com/columnas/opinion/el-chantaje-y-la-bolsa-de-mercado/

viernes, 14 de octubre de 2016

El destructivo arco minero del Orinoco
Mario Valero Martínez / @mariovalerom
  

Es un río imponente, observado desde sus orillas se vislumbra un panorama de infinito horizonte, navegar por su aguas despierta una sensación indescriptible; con razón este río ha sido el atractivo permanente de viajeros y exploradores. Alejandro Von Humboldt escribió en Viajes a las Regiones Equinocciales “…estos rasgos inciertos de paisaje, ese carácter de soledad y grandeza, son peculiares del río Orinoco, uno de los ríos más majestuosos del mundo”. Es en verdad un prodigio de la naturaleza venezolana. Y junto al río Orinoco, desde su nacimiento en el cerro Delgado Chalbaud en el estado Amazonas en la frontera con Brasil, se configura un extenso paisaje de maravillosa biodiversidad, con atractivos naturales protegidos a través de las figuras de parques nacionales, reservas forestales, monumentos naturales y hábitat de ancestrales comunidades indígenas.
La importancia de ese ámbito paisajístico se ha inventariado en muchos trabajos académicos e informes técnicos que destacan y claman por su protección geocultural y ambiental; sugerimos, por ejemplo, la lectura de los trabajos publicados en Geo-Venezuela, editado por la Fundación Polar.
En contraste, como se ha denunciado desde décadas una parte de este vasto territorio, especialmente en el estado Bolívar, ha estado sometido a las constantes y crecientes amenazas del negativo impacto que se desprende de la actividad minera ilegal. Hoy la fiebre del oro y otros apetecidos minerales como el coltan se ha incrementado exponencialmente. Innumerables voces han advertido sobre el peligroso avance en el deterioro de reservas forestales, fuentes hídricas, fauna silvestre, asimismo sus efectos sobre la vida humana. Por ejemplo, se alerta sobre la nociva invasión y explotación minera en la cuenca hidrográfica del río Caura, el grave impacto ambiental en El Callao, tan solo para mencionar un par de lugares asechados por una destructiva actividad que se expande brutalmente. La muerte también ronda en estas zonas, la que genera el uso inadecuado del mercurio, pero también las originadas en los enfrentamientos de bandas criminales por el control minero; para muestra reciente, el pasado 5 de octubre se denunció otro acto terrorífico, esta vez en la mina Nuevo Callo fueron asesinadas once personas. Es el otro horror detrás de las minas.
En décadas pasadas se criticaron los desaciertos gubernamentales por las ineficaces medidas para la contención destructiva de esta actividad minera, hoy no es diferente pero con un agravante, el gobierno nacional oficializa el deterioro ambiental. Sólo hay que leer el Decreto de Creación de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco” para corroborar el exabrupto; hasta título del decreto 2.248 indigna y el artículo 2 que delimita la poligonal de una zona de 111.843,70 km2 para la explotación minera, escudados en la soberanía nacional, la sustentabilidad y la transición del “rentismo” petrolero, aterra.
Unos detalles adicionales que merecen especial comentario. Entre los postulados fundamentales que rigen el decreto y en nombre de una supuesta ética socialista se propone la protección y respeto de los pueblos y las comunidades indígenas así como la participación del poder popular; la paradoja, los indígenas no fueron consultados y se desconoce el articulado constitucional en la delimitación de sus prometidos territorios ancestrales; en cuanto a la participación del poder popular es pura y dura demagogia. Esto se evidencia en el antidemocrático artículo 25 del nefasto Decreto 2.248 al señalar que “ningún interés particular, gremial, sindical, de asociaciones o grupos, o sus normativas prevalecerá sobre el interés general en el cumplimiento del objetivo contenido en el presente decreto”. En esencia se reprime y liquida cualquier preocupación ciudadana por los efectos de esta explotación minera. Y no conforme con esto, las amenazas ante cualquier protesta también se oficializan en este artículo. El eco-socialismo asoma sus garras depredadoras.



Publicado en Diario La Nación Táchira-Venezuela 13/10/2016
Fotos: Archivo MVM


lunes, 3 de octubre de 2016

Revocatorio, allí estaremos
Mario Valero Martínez

      Dividieron la geografía humana de Venezuela entre apátridas y nacionalistas, patriotas y realistas, derechistas e izquierdistas; hasta en las familias penetró la fragmentación. Trazaron las zonas rojas aglutinadoras de incondicionales, impusieron como castigo la exclusión y la persecución se convirtió en eje central de unas prácticas políticas perversas. Trocearon el territorio para construir los cotos cerrados de fanatizados acólitos creando espacios impenetrables para cualquier disidente; aún retumban las pavorosas amenazas que se proyectaban desde las llamadas esquinas calientes y los colectivos armados celebrando sus cómplices fechorías en nombre de la revolución.  
           
        Hicieron de la Constitución Nacional un librillo de plastilina maleable a los deseos del Líder Supremo y sus herederos; por cierto una práctica extendida hoy en muchas instituciones donde los estatutos y las normativas internas se interpretan y adaptan a los intereses de caudillos menores. La institucionalidad, base funcionamiento del sistema democrático, se fue moldeando para garantizar por tiempo indefinido la permanencia en el poder de la casta cívico-militar bolivariana gobernante. La autocracia se fue afianzando al tiempo que extendía sus tentáculos

Y desde ese poder, avasallando, reinventando falsas simbologías históricas, desdibujando la civilidad, desvalorizando la condición ciudadana, empobreciendo cada rincón del país, impusieron otras amorfas alegorías como etiquetas adaptables para tratar de mantener el control de las enceguecidas masas. El poder, escribe Rafael López Pedraza en Hermes y sus hijos, “... es el caso más extremo de la carente imagen, en donde en lugar de imaginación lo que hay es sólo una desierta tierra baldía”. Se podría pensar en esa desierta tierra baldía como el campo ideal en el despliegue de esas amorfas alegorías para expandir y consolidar las autocracias y los totalitarismos. Es la tierra baldía que dejaron quienes anteriormente detentaron el poder, abandonando el territorio para que se cubriera con lodos de este poder bolivariano que nos hunde en la miseria.

Se aprovecharon del fervor popular, utilizaron la democracia como coartada, controlaron férreamente todas las instituciones, ganaron elecciones con grosero ventajismo. Derrocharon el inmenso ingreso petrolero, arruinaron al país, nos empobrecieron. Ahora tienen el rechazo de la mayoría de venezolanos, aunque persisten en negar la evidente realidad. El poder se les desvanece aun cuando tienen a su servicio el Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Supremo de Justicia y las ilegales cadenas de radio y televisión para difundir temores y miedos, así como el sistema nacional medios de comunicación controlados por el estado-gobierno, dedicados a las amenazas y difamaciones diarias.  

 A pesar de toda esa truculencia el país opositor se mantuvo, advirtiendo, aguantando el chaparrón populista y la indignante represión. No ha sido ni será fácil, pero hoy estamos a punto de alcanzar otro escalón para iniciar el proceso de reconfiguración de la Venezuela que merecemos. Así lo anhelamos con urgencia la mayoría de ciudadanos. Afortunadamente la Mesa de Unidad Democrática (MUD) dirige por el sendero adecuado, transita por la ruta democrática, deslastrada de los chantajistas del atajo sin salida, aun cuando en el camino encuentre obstáculos inimaginables y más represión. Con la MUD vamos a otra prueba de fuego en la conquista de referéndum revocatorio, la próxima meta es la recolección del 20% de firmas, allí como siempre, estaremos defendiendo y ejerciendo nuestro derecho ciudadano.

Este artículo fue publicado en Diario la Nación-Táchira-Venezuela el 29/09/2016

jueves, 15 de septiembre de 2016

Venezolanos a la derecha, colombianos a la izquierda
Mario Valero Martínez

Viajar por las fronteras de Venezuela en sus lindes con Colombia después de anunciada la eliminación de algunas alambradas y la apertura parcial para la movilidad binacional nos permite confrontar, una vez más, la empobrecida realidad venezolana, al tiempo que deja al descubierto la manipulada argumentación utilizada por el gobierno nacional para decretar el cierre de los pasos fronterizos.

Al llegar a San Antonio del Táchira, punto de partida del itinerario, nos asalta la percepción de haber arribado a una pequeña ciudad, otrora comercial, transformada predominantemente en un gran estacionamiento de automóviles; en cualquier calle o terreno acondicionado para tales propósitos, se encuentran los “cuidadores de carros” que cobran la módica suma de mil bolívares al día. También se visualiza la oferta del transporte público, incluso regentado por el gobierno, dispuesto para movilizar a los pasajeros desde y en retorno a San Cristóbal.
Los viajantes convergemos en la avenida Venezuela con la mirada puesta en las travesías comerciales por La Parada, Cúcuta y sus alrededores; caminar es el único medio permitido para cruzar el borde limítrofe a través el puente Internacional Simón Bolívar. Casi al final del puente se lee en una desplegada pancarta “Gracias presidentes” junto a las imágenes de los mandatarios de ambos países. Entonces salta la enfada interrogante ¿Gracias por qué?, y se rememoran los acontecimientos de agosto de 2015 en los barrios fronterizos de Venezuela. Es la burla sin caretas. También allí se exhibe una señalética vial indicando con una flecha que los ciudadanos colombianos deben pasar por la izquierda y los venezolanos deben ir a la derecha en busca de improvisado sitio donde entregarán el inútil papel que registra la entrada al vecino país. El puente Internacional, otrora emblema de la integración y del intercambio sin distinción de nacionalidades, ahora se bifurca, simbolizando la impuesta fragmentación de la geografía intercultural. Atravesamos así la “nueva frontera” prometida.

En los recorridos por las calles de Cúcuta, la gente, calculadora en mano, compara precios, revisa las diferentes marcas de los productos; una práctica comercial casi olvidada en Venezuela. En cualquier lugar afloran con desaliento los comentarios sobre el devaluado bolívar y así se comparte entre desconocidos viajeros los lamentos nacionales en encuentros fortuitos. No faltan los establecimientos donde se venden los productos regulados en Venezuela, especialmente leche y azúcar, a precios iguales que en Colombia ¿Cómo llegaron allí? Preguntamos sin malicia, la respuesta fue el silencio total. Sin embargo el trato amable, solidario y hasta lastimero brota por todos lados. Pobres venezolanos parece fluir en el ambiente.


Al retorno se muestran los rostros de satisfactorio cansancio y con el objetivo alcanzado; los cauchos para los carros y los fardos en los hombros, el aceite, el jabón y el azúcar en el bolso. Así experimentamos un significado más de la “nueva frontera”. Cerca del puente internacional una larga fila de carretilleros ofrecen sus servicios para transportar la mercancía al otro lado, este también es el nicho emergente, la novedosa posibilidad del transporte transfronterizo.

  

Pero como se repite en el coro de la popular canción de Rubén Blades conocida como Pedro Navaja, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la viva ¡ay Dios!”. Para asombro de todos, las autoridades gubernamentales del Táchira anunciaron la venta en San Cristóbal de los productos colombianos a precios internacionales utilizando como lema central: “abastecimiento soberano con productos importados”. Esta ya es la burla sin disfraz. Además, tanto alarde con la independencia alimentaria para descubrir allí la dura realidad del promocionado Táchira potencia.

En otra Insólita argumentación los voceros gubernamentales declaran que el “abastecimiento soberano con productos importados” quiebra a los “bachaqueros”. Increíble, estos estafadores que comercian pública e ilícitamente con los productos regulados y controlados, son los que marcan el precio de competencia comercial en la oferta gubernamental. Francamente la burla total, sin antifaz y el negocio redondo para las élites de cuello rojo.

En el olvido tal vez va quedando la chapuza xenófoba desplegada en agosto de 2015 y la represión desatada en el barrio La Invasión localizado al borde del río Táchira. Ahora se ha inaugurado la “nueva frontera” prometida; otra guasa sin máscara. @mariovalerom

Nota: las fotografías pertenecen al archivo MVM 09/2016
Publicado en Diario de La Nación, San Cristóbal-Táchira, Venezuela 15/09/16


sábado, 3 de septiembre de 2016


Optimismo callejero en septiembre
Mario Valero Martínez
            Como paisajes portátiles llevamos en los imaginarios esos tiempos en que callejear por cualquier ciudad venezolana o adentrase en las profundas biodiversidades andinas, llaneras, amazónicas y caribeñas sin itinerarios preestablecidos, era la enriquecedora aventura emprendida para escapar de las rutinas diarias. Un placer cultural exploratorio hacia lugares desconocidos o el goce al retorno de paisajes que una vez descubiertos, se incorporaban a los trazados de las cartografías personales. Viajeros éramos en el país de las maravillas paisajísticas físicas y humanas.
            
En esos recorridos también se observaba un horizonte de crecientes desigualdades y acelerados contrastes socio-espaciales de la pobreza que las irresponsables élites político-gubernamentales apoltronadas, prepotentes, populistas y embriagadas en el confort de la renta petrolera no quisieron abordar con seriedad. Las grietas se ensancharon y por un rojizo barrizal se deslizaron en montonera quienes habían intentado, cañones y fusiles de por medio, asaltar la debilitada institucionalidad democrática en los primeros años de la década de los 90 del siglo pasado. Desde entonces los sobresaltos impregnaron la vida ciudadana hasta alcanzar las entrañas de la convivencia cotidiana y casi de manera imperceptible se fueron ensombreciendo estos paisajes tropicales.
            
No mintieron los protagonistas de la montonera revolucionaria. Guiados por la voracidad de un aplaudido caudillo militar, prometieron en aterradoras metáforas “freír cabezas en aceite”, azotar a latigazos, destruir lo construido. Recibieron el beneplácito de otras “élites” y el plácet electoral de una enceguecida masa aglutinadora de todos los sectores sociales; ricos y pobres ovacionaron hasta las inverosímiles crueldades.
            En medio de otro festín petrolero venezolano, los nuevos administradores izquierdistas bajo la sombra del caudillo militar, cumplieron sus alegóricas amenazas, violentaron toda norma de convivencia humana al tiempo que incrementaban las arcas de la corrupción bolivariana del siglo XXI, tal como lo hicieron otros en el pasado siglo XX. Los oscuros nubarrones se fueron expandiendo por todo el territorio a pesar de las advertencias de algunos ciudadanos que fueron acusados de apátridas y otros infames calificativos.
            
Derrochada la riqueza y acabado el festín petrolero, de pronto, como al despertar de un incomprensible sueño, casi todos andamos por ahí apesadumbrados, nostálgicos, atrapados en los muros de la supervivencia, añorando volver por aquellos paisajes, anhelando la calle sin el nervioso paso del asalto malandro, sin la angustia laberíntica por el alimento básico, sin el desespero mortal del medicamento no encontrado. De pronto nos vemos por allí, en masa, cruzando las fronteras a paso presuroso, sin intercambiar miradas ni palabras para tratar de comprar algún producto que satisfaga cualquier necesidad fundamental; la manipulada e incomprendida geografía limítrofe/fronteriza una vez más es tabla de salvación a pesar de las mentiras, los abusos y exabruptos de la casta revolucionaria gobernante.   
             
Para colmo esa progenie adoptada por el desaparecido caudillo de Sabaneta, sin inmutarse por su profundo fracaso y negando el empobrecimiento nacional, se considera heredera del territorio venezolano, dueña del país arruinado, propietaria de los derechos ciudadanos y elegida para insultar, vejar y azotar sin piedad en el paisaje humano que devastaron.

Hoy casi todos estamos aquí, aferrados al optimismo, intercambiando alentadoras palabras, reclamando legítimos derechos para enrumbar al país por las sendas de la productividad, el bienestar y el disfrute del paisaje multicolor. Esta es una de las valoraciones que tiene la concentración nacional pautada para Caracas este primero de septiembre de 2016. Ojalá que los hacedores de la política alternativa no se dejen arrastrar por el verbo ofensivo y deformador; insinuar exterminar al otro es tan lamentable y peligroso como amenazar con freír la cabeza del enemigo, los resultados están a la vista, ejemplos de la crueldad revolucionaria sobran.  

Deseamos escuchar voces políticas orientadoras para alcanzar el progreso y la justicia social a partir del referendo revocatorio, no la verborrea de algún resabiado militante de la vieja guardia que, al estilo del cuestionado caudillo militar, utiliza el lenguaje soez tal vez para endulzar oídos radicales. Todos queremos el discurso contundente y el país necesita con urgencia la palabra diferenciadora, porque los modos en las palabras pronunciadas también son esenciales para reconstruir los derruidos paisajes culturales venezolanos (@mariovalerom).

Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela 01/09/2016


jueves, 18 de agosto de 2016

Tarjeta, identidad y fronteras
Mario Valero Martínez

  
Algunos escenas previas a la reapertura de las fronteras entre Venezuela y Colombia dejaron en evidencia el rotundo fracaso de las políticas gubernamentales aplicadas en el territorio limítrofe venezolano sustentadas en el conflicto bilateral, certificaron que nunca hubo un plan alterno para construir la publicitada nueva frontera bolivariana y, entretelones rojos, se observó un contrastante juego geo-geoestratégico pulverizador de la arrogante e irresponsable postura de los funcionarios venezolanos.

Alejados de las fronteras en cuestión, Puerto Ordaz fue el lugar elegido, se concertó el encuentro de los presidentes de ambos países para abordar una salida al embrollo binacional. El presidente colombiano Juan Manuel Santos anunció la (re) apertura de la frontera en forma ordenada y gradual que, unilateral, brusca y arbitrariamente decidió cerrar su homólogo venezolano en 2015. El lugar, la escena y la resolución acordada han generado múltiples lecturas y variadas interpretaciones; subrayó el desmontaje de los argumentos utilizados por las autoridades venezolanos para justificar la inesperada medida.

En la escena local, abarrotada por desesperados venezolanos deseosos de cruzar la raya para comprar productos alimenticios y medicinas, un grupo musical compuesto por militares colombianos recibió a la gente al son de popular canción la Pollera Colorá. No es un dato curioso o una anécdota más en este dislate fronterizo. Tal vez habrá que observar este acto como una complementaria simbología contrastante con las terroríficas y humillantes escenas de hace un año. La música también cumple su rol geopolítico.

Pasada la euforia, surge la pesadumbre, aparecen las restricciones y probablemente vendrán otras complicaciones.

El acuerdo binacional dejó grandes insatisfacciones y escasas certezas. Salvo el positivo restablecimiento parcial y gradual de los intercambios fronterizos no se anunciaron políticas binacionales que permitan visualizar el aprovechamiento productivo de los territorios limítrofes ni el mejoramiento del bienestar ciudadano. Los puntos suplementarios conforman una lista de ambiguas intenciones, expresados en se creará un centro binacional, se trabajará en un comité técnico, se creará una mesa técnica…, pura retórica. La confusa tarjeta de control migratorio para el tránsito en los municipios colindantes, ha generado gran malestar y una disparatada polémica al no establecerse con claridad su utilidad o momentánea pertinencia.
Este documento administrativo no es novedoso, se ha implementado en otros ámbitos fronterizos de Latinoamérica. Brasil y Argentina lo incluyeron en el Acuerdo sobre Localidades Fronterizas Vinculadas en 2009, un concertado instrumento concebido para contribuir a la integración entre las comunidades de fronteras y mejorar su calidad de vida, proponiendo entre otros aspectos,  áreas de cooperación en materia de salud, educación, con especial mención a la enseñanza de la geografía y la historia en una perspectiva regional e integradora; igualmente asumiendo planes de desarrollo urbano conjunto en localidades donde sea posible o conveniente.

En 2010 Venezuela y Brasil concertaron un acuerdo similar denominado Ley Aprobatoria entre ambos gobiernos sobre localidades fronterizas vinculadas para las localidades de Santa Elena de Uairen y Pacaraima, incorporando la Cédula Vecinal Fronteriza; sin embargo, no hay información sobre la efectividad de esta medida en el ámbito geográfico señalado. En 2015 Bolivia, en convenio bilateral, implementó la Tarjeta Vecinal fronteriza en comunidades aledañas con Brasil y un año después se aplicó en las localidades fronterizas con Argentina.

En los ámbitos fronterizos de Venezuela y Colombia el documento exigido para la movilidad local ha generado suspicacias sobre todo en el contexto acordado, sin evaluar su eficacia en espacios caracterizados por intensas movilidades e intercambios geo-culturales de emergentes identidades inter-fronterizas.

Reabierta parcialmente la frontera este y otros aspectos relacionados con la gestión territorial a escala nacional y binacional deberían abordarse en abierto debate con especial participación de los actores locales (públicos y privados)y sin los prejuicios nacionalistas y patrioteros que han dominado los escenarios binacionales sobre el complejo drama fronterizo. (@mariovalerom)


Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 18/08/2016

jueves, 4 de agosto de 2016

Las fronteras más allá de la ley (y II)
Mario Valero Martínez
            Celebramos la anunciada apertura de las fronteras con Colombia. La razón progresivamente recupera los espacios asaltados por la insensatez y en esta ocasión se debe subrayar la persistente actitud   de los actores locales, las comunidades fronterizas tachirenses, especialmente la acción vecinal del grupo de mujeres organizadas en la ciudad de Ureña que traspasó las barreras limítrofes. Posteriormente la masiva e inesperada movilización de los habitantes del entorno y otros provenientes de distintos lugares del país dejó en evidencia, tal como lo señalamos en anterior artículo publicado en esta página de opinión, que a pesar de los problemas puntuales o coyunturales, las fronteras no son esencialmente el problema. Esto no parece entenderlo la vocería gubernamental que además, en tono guasón, ha tratado de desprestigiar el desespero y las necesidades humanas.
          
               Retirar las alambradas, restablecer los intercambios y permitir las interacciones binacionales (para los contrabandistas no hubo ni hay obstáculos) es urgente aspiración de la sociedad fronteriza y lo reclaman los agentes dedicados al comercio en todas sus escalas geográficas. El cierre de fronteras fue una medida inaudita, otro fracaso de los defensores del vetusto socialismo del siglo XXI. Tal vez este este oscuro episodio sirva de incentivo para que los actores regionales y locales, la institucionalidad civil, las ONGs, los centros universitarios y la comunidad fronteriza exploren los diversos escenarios para repensar las funcionalidades de los territorios y espacios colindantes a mediano y largo plazo. El propósito apuntaría a trazar los lineamientos básicos para la configuración de la imagen fronteriza deseada.

               El punto de partida podría estar focalizado en un franco debate sobre la gestión del territorio y la organización espacial, teniendo siempre como norte la búsqueda del aprovechamiento óptimo de las oportunidades productivas, el mejoramiento de las condiciones y la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, es indispensable advertir que cualquier iniciativa en esta materia, debería abordar previamente la restitución de la institucionalidad civil disminuida en su capacidad decisoria y opacada por el desmedido control territorial otorgado a los militares, incluyendo el férreo sometimiento de los ciudadanos.  Es indispensable abordar sin prejuicios y bajo distintos parámetros, la participación del estamento militar en los territorios de fronteras de acuerdo con lo establecido en la Constitución Nacional.
            
             Se debería considerar sin pasiones patrioteras, el reconocimiento de la conformación de sociedades de fronteras compuestas por comunidades binacionales vinculadas por la historia, los intereses comunes cotidianos y los grados de parentesco familiar, que se movilizan en espacios inter-fronterizos y emergentes geografías culturales. Simultáneamente habría que plantear un intercambio de ideas orientadoras que aporten al imprescindible proceso de deconstrucción de las imágenes y simbologías identificadoras de las fronteras como espacios violentos y de predomínante riesgo y amenaza a la integridad nacional, demostrando alternativamente sus capacidades humanas y productivas. Esto no implica ocultar o negar la grave y compleja problemática generada por guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes y las redes de contrabando que se expresa de manera preocupante en el reparto y control de ámbitos espaciales fronterizos, algunos considerados como verdaderos enclaves para delinquir. Este es el verdadero peligro que amenaza la integridad en todas sus dimensiones, no los ciudadanos que en sus itinerarios cotidianos cruzan los hitos rayanos con una bolsa de mercado. Toda esta situación debería tratarse con absoluta sinceridad a pesar de lo riesgoso del tema en cuestión.

      En abiertos escenarios se deberían examinar las opciones reales y posibles para el aprovechamiento óptimo de las potencialidades manifiestas y latentes en los espacios fronterizos, teniendo en cuenta las especificidades socio-territoriales, productivas, ambientales, culturales y paisajísticas. En este ámbito merecería especial atención, y particularmente en el estado Táchira, los sistemas y subsistemas urbanos en la articulación de los espacios nacionales y transfronterizos y de manera especial las ciudades limítrofes dinamizadoras de los intercambios binacionales.
             
            Habría que exigir el retorno a la descentralización administrativa para que los municipios y las entidades estadales incorporen el hecho o las situaciones fronterizas a las políticas de gestión territorial y organización espacial y deslastrase de las estrategias e imposiciones centralizadas que en muchos casos no reflejan las realidades locales, crean dualidad en la planificación, generan disputas de competencias que distorsionan, por ejemplo, las funcionalidades productivas de los espacios fronterizos.

Como se puede observar, la situación es compleja y requiere una desprejuiciada atención, sobre todo en estos momentos en que soplan inevitables vientos de cambio en Venezuela. @mariovalerom

Publicado en Diario La Nación. San Cristóbal, Táchira-Venezuela.


jueves, 21 de julio de 2016

Las fronteras más allá de la ley (I)
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

Próximos a cumplir un año del infausto cierre de las fronteras con Colombia decretado por el gobierno de Venezuela, las contrastantes imágenes son demoledoras.  Hace once meses observábamos desde la impotencia ciudadana, la infame deportación de ciudadanos colombianos. Inolvidables aquellas panorámicas de la gente cruzando el río Táchira con sus enseres, huyendo de la tierra que una vez los acogió; las familias colombo-venezolanas fragmentadas; las casas marcadas y destruidas al estilo facha. El amargo paisaje con todas sus aristas abarrotó las redes sociales, también fue asombrosa noticia en el ámbito internacional. Los portavoces del gobierno en perversa artimaña mediática, justificaban la nefasta medida como una necesidad para controlar el contrabando y la escasez que empezaba a mostrar las enormes grietas en la cotidianidad del venezolano. La militarización desplazó a la institucionalidad civil. No faltaron quienes desde diversas posiciones aplaudieron las tenebrosas alambradas, ni los famosos analistas que en profundas recomendaciones y rocambolesca sabiduría aprobaron el cierre fronterizo.

Entonces, estos confines territoriales venezolanas se convirtieron en diabólicos espacios, ámbitos de regocijo para quienes en manipuladas investigaciones las habían calificado como fronteras calientes. Fuego e infierno del hábitat en el submundo limítrofe. A los ciudadanos fronterizos sin excepción, les estamparon el mote de “bachaqueros” y la xenofobia alcanzó simpatías inimaginables.

 De un plumazo y con vallas metálicas se pretendió borrar el paisaje geográfico de los intercambios cotidianos, la historia de las relaciones familiares, el esfuerzo del trabajo de pequeños, medianos empresarios y comerciantes. Se estigmatizó la necesidad de comprar una medicina aquí o una harina pan allá; en suma, se trastocó el modo de vida de la interculturalidad binacional para desviar la atención de lo que ya era evidente, el rotundo fracaso del modelo impuesto por la revolución bolivariana.

Con la intensidad que aumentaba la hostilidad a los habitantes en las ciudades de fronteras, se consolidaban las redes del contrabando de bienes subsidiados por el gobierno nacional y se “tecnificaba” la matraca en las trochas aparentemente clandestinas. Al mismo tiempo crecían las colas y aumentaba la escasez en todo el territorio nacional. Progresivamente se fueron reventando las costuras, aflorando verdades; la gente empezó a notar que la debacle no tenía su origen esencialmente en la frontera.

Casi un año después las mujeres en la ciudad de Ureña irrumpen en escena, transgreden una absurda medida, desafían el poder militar, lo derriban, cruzan el puente y demuestran entre muchas otras cosas, que la frontera no es el problema. Al otro lado, que también ha sido su lado, tan sólo a unos minutos, van al encuentro de anaqueles abarrotados de productos. Sólo los fanáticos, tal vez enajenados, se atreven a calificarlas de “bachaqueras” y otros lamentables epítetos y burlas que sencillamente describen a quien las utiliza.  

Once meses después del cierre fronterizo, las imágenes mediáticas en el ámbito internacional muestran las masivas movilizaciones de ciudadanos de todo el país cruzando los puentes que unen a San Antonio y Ureña con sus espacios colindantes en Colombia, Cúcuta es el emblema. Compran los productos difíciles de encontrar en Venezuela o que son muy costosos en las redes del bachaqueo nacional; adquieren lo que se necesita para tener una vida cotidiana digna. Al retornar muestran los rostros de felicidad, el agradecimiento y la satisfacción; nadie los acusa de contrabandistas. Se desdibuja la xenofobia y la civilidad impone su marca.

De pronto, muchos descubren que las fronteras entre Venezuela y Colombia son una oportunidad. Ojalá que los actores públicos y privados, las alternativas políticas democráticas, los centros de investigación de las universidades y las ONGs, no encasillen las discusiones relacionadas con la búsqueda de soluciones para estos espacios en alguna ortodoxa Ley de Fronteras. Tal vez habría que auscultar en las políticas de gestión sustentadas en el ordenamiento territorial; en próxima entrega haremos algunas consideraciones sobre este tema.

Publicado en Diario La Nación. Táchira-Venezuela. 21 de julio de 2016

Bufones y tartufos del siglo XXI
Mario Valero Martínez
@mariovalerom

En las aventuras geográfico-literarias se encuentran atajos, parajes, lugares, sucesos y personajes que conectan con los imaginarios de las convivencias cotidianas. Las emblemáticas figuras de bufones y el Tartufo son excelentes demostraciones.

El bufón es un sujeto tragicómico polifacético, héroe, pícaro a veces, burlón, deforme, repudiado y querido. Las reseñas especializadas datan su existencia desde la antigua China a Grecia, pasando por Roma y Malasia. En el medioevo alcanzó gran notoriedad, era divertimiento de reyes, por tanto, convivía en las entrañas del poder monárquico; privilegio que le permitía ascenso social y licencia para burlarse de los “enemigos” de los soberanos. La lista de bufones es larga y hay para todos los gustos.  El Tartufo, es personaje principal en la obra teatral del mismo nombre, escrita en 1664 por el dramaturgo francés Molière. En sus escenas se describe a este sujeto como falso devoto, beato hipócrita que dispone de poder tiránico, todo lo fiscaliza, todo lo controla, criticón miserable. Es ambicioso y corrupto. Para entonces la obra fue prohibida a petición de la Compañía el Santo Sacramento, una sociedad católica fundada en 1627, argumentando que atentaba contra los valores religiosos.
           
Los bufones y tartufos no son especies en extinción, con otros atuendos aparecen en cualquier rincón del mundo. En la Venezuela del siglo XXI tienen especial protagonismo, calificándose de izquierdas cívico-militares. Al quedar fuera de escena su líder “supremo”, emergieron de las oscuras zonas del confort revolucionario para heredar el poder y las maneras de ejercerlo al peor estilo de su desaparecido protector, burlándose del ciudadano encandilado y esquilmando las fuentes de riquezas del país.
           
El bufón criollo tiene múltiple faceta y varios trajes diseñados a sus medidas. Viste de canciller y declara en escenarios internacionales que no hay crisis en Venezuela, sólo campañas difamatorias, aunque no pueden ocultar su sarcástica sonrisa frente a las cámaras. Bien trajeado de vice-presidente, previa fumata de lumpia, seguramente con encriptado iPhone7, sistema operativo iOS 10, devela que está entrando Internet y va anotando con nombre y apellido los insultos que le hace a su presidente, ese que tiene 90% de rechazo nacional. Con batola blanca y nobiliario postura la Ministra Saludable, denuncia a los venezolanos por consumir el mayor número de medicamentos per cápita en el mundo y pide el uso racional de medicamentos. Chocante desfachatez. Con indumentaria camaleónica aparece el diputado suplente salta-talanquera, mofándose de los ciudadanos que hemos validado la firma para pedir el revocatorio del mandato presidencial.  Atavío bufonesco lleva un gobernador fronterizo cuando anuncia con sorna que tiene los alimentos requeridos por la población, pero no hay como distribuirlos. La lista de estos bufones es larga y con diverso pedigrí.
           
Los tartufos nacionales cumplen variados roles. El espécimen mayor aparece a diario con el mediático mazo cavernícola en mano, amedrentando, amenazando e intimidando; lo acompaña otro diputado con impecable indumentaria de marca que insulta y miente sin pudor. Le hacen comparsa un exgobernador especialista en bolívares negros, que pide al Tribunal Supremo de  (in)Justicia la abolición de la Asamblea Nacional, electa por ciudadanos en ejercicio de sus derechos democráticos; la juez y el generalote que en truculenta tramoya prohíben la difusión de información sobre estafas alimentarias; los propietarios de empresas de maletín y el dolarizado maletín argentino de un tal Antonini; las multimillonarias estafas de los boli-burgueses petroleros; los euros desviados a la financiación del partido chavista Podemos en España.  La lista de tartufos es larga, hay para todos los gustos, colores y olores.

Bufones y tartufos se funden y conforman una camada de trúhanes revolucionarios. Tienen sus malandros actuando impunemente, como los violentos que desnudaron y humillaron a los seminaristas en la ciudad de Mérida.
En la obra teatral de Moliére, Elmira dice a su esposo Orgón, “Yo no sé qué decir. Se necesita estar muy encaprichado y ciego, dominado por Tartufo, para no admitir lo que pasa hoy en día”.  Amanecerá y veremos.

Publicado en Diario La Nación, Táchira Venezuela. 7 de julio de 2016

Posturas sin matices Mario Valero Martínez Publicado en Diario La Nación.   Táchira-Venezuela 25/05/2018 Hace unas décadas ...